La burbuja de las SPAC: la otra forma de salir a Bolsa

Todo apunta a que las empresas con un propósito especial de compra serán cada vez más populares, al menos durante la primera mitad del año

Tras el pánico en la Bolsa durante el pasado mes de marzo, las empresas tecnológicas han experimentado una gran revalorización y el índice estadounidense Nasdaq 100 subió durante 2020 casi el 50%. Sin embargo, esta rentabilidad no es uniforme y la media ponderada de las Bolsas mundiales recogida en el MSCI World se anotó el 14% durante el año en dólares y tan solo el 5% en euros. Con estos datos no se puede hablar de burbuja bursátil, pero sí de un mercado alcista con sobrevaloración reciente en algunos sectores de moda. Contribuyendo a la buena marcha de estos sectores se encuentran las SPAC, compañías con un propósito especial de compra por sus siglas en inglés, que se han convertido en la forma más importante de salir a Bolsa en Estados Unidos.

Durante 2020 las ofertas públicas de venta, el método tradicional de salida a Bolsa, han conseguido alrededor de 54.000 millones de euros, mientras las SPAC atrajeron 80.000 millones de euros a Wall Street. Como estos instrumentos son compañías con el solo cometido de encontrar una empresa existente y fusionarse con ella para introducirla en el mercado de valores, constituir este tipo de empresas es tan fácil como contar con algo de capital disponible y conseguir que el organismo supervisor apruebe la idea, recogida en un documento breve estandarizado llamado S1. El día de salida a Bolsa los inversores compran las acciones como si se tratase de una compañía más. Habitualmente las acciones de una SPAC empiezan a intercambiarse en 10 dólares, aunque hay excepciones, y cuando hay rumores de fusión con una empresa de moda la cotización se dispara por la especulación y el miedo a quedarse fuera de la nueva empresa disruptiva.

Recientemente hay voces que apuntan que la creación de nuevas SPAC ha alcanzado un número insostenible e incluso se han presentado algunas con nombres peculiares, como el de la serie de Netflix Gambito de Dama. Esta empresa nace con el propósito de recaudar casi 260 millones de dólares que se usarán para adquirir una participación de una empresa de alguno de los sectores de moda, sin importar cuál. En este caso los sectores elegidos son las energías renovables, inteligencia artificial, blockchain, vehículos eléctricos, fintech, telemedicina y desarrollo de nuevos fármacos. Basta con ver la lista de sectores a los que aspiran las SPAC para encontrar las actividades con sobrevaloración bursátil en la actualidad.

Gambito de Dama está gestionada por ocho mujeres de entre 44 y 60 años al mando de Victoria Grace. El nombre es sin duda un intento de publicidad viral más que un alegato feminista, y a la espera del resultado final todo indica que de momento les ha salido bien. Una vez que consigan el capital en su operación pública de venta tendrán unos meses para buscar la empresa a la que sacarán a cotizar. Si no lo consiguen el instrumento cesaría su existencia y devolverían la mayor parte del dinero a los accionistas.

Eso no suele ser lo común, ya que los incentivos conducen a que siempre se llegue a un mejor o peor acuerdo con una empresa razonablemente prometedora. Sin embargo, con tantas SPAC buscando empresas que sacar a Bolsa cada vez será más común a lo largo de 2021 que acaben liquidadas sin haber cumplido su propósito.

Mientras muchos de estos instrumentos surgen de la nada y sin un propósito claro otros están liderados por profesionales de reconocido prestigio, como es el caso de Thoma Bravo Advantage cuyo equipo especializado en venture capital suele adquirir participaciones en unas cien empresas de software cada año. Nada garantiza que tengan éxito en su tarea de encontrar una empresa, pero sin duda las posibilidades aumentan. Una vez que la SPAC se une con la empresa a la que saca a Bolsa cambia su nombre y los accionistas de ese instrumento pasan a serlo de la empresa elegida. La mayor parte de las veces la cotización cae porque estaba alimentada por la especulación más que por una valoración realista de la empresa en la que se integran.

Muchos de estos instrumentos son de un tamaño pequeño, pero hay algunas como PSTH, liderada por el famoso inversor Bill Ackman, que alcanzan los 5.000 millones de euros, convirtiéndose por el momento en la mayor SPAC. La combinación del gran tamaño, la fama de Ackman y el deseo de triunfar de su equipo formado por seis jóvenes han propiciado infinidad de rumores en las últimas semanas sobre la empresa con la que acordarán su inyección de capital y salida a Bolsa. Se apunta a Stripe, el servicio de pagos en línea que aspira a sustituir a PayPal, o a Starlink, la red de satélites de Elon Musk que aspira a proporcionar internet a todo el planeta a un precio competitivo. Aunque todavía no hay ningún acuerdo, el precio de cotización de la empresa instrumental de Ackman ha subido el 40% desde el pasado septiembre.

Otros inversores famosos, como el controvertido Peter Thiel, también están involucrados en una SPAC. Bridgetown nació para facilitar la inclusión en Wall Street de una empresa tecnológica del sureste asiático. Cuando empezó a haber rumores que apuntaban a Tokopedia, la empresa de comercio electrónico más exitosa en Indonesia, el precio de las acciones llegó a aumentar el 70%.

Es difícil saber cuándo acabará esta burbuja que ya cuenta con casi 300 SPAC activas y otras muchas a la espera de estarlo en los próximos meses, pero todo apunta a que al menos durante la primera mitad de 2021 cada vez serán más populares. Los profesores Klausner y Ohlrogge de las universidades de Stanford y Nueva York claman por un nuevo marco legal que acabe con la burbuja, pero hasta que lleguen los cambios regulatorios el interés en estos instrumentos seguirá creciendo.

Juan Luis Santos es Profesor en la Universidad CEU San Pablo