Barnier, el hombre ‘peligroso’ que ha logrado el acuerdo del Brexit

A los 17 años fue elegido el diputado más joven de Francia; fue ministro con el conservador moderado Raffarin

Michel Barnier, negociado de la UE para el Brexit.
Michel Barnier, negociado de la UE para el Brexit.

El 23 de junio de 2016, los británicos decidieron abandonar la Unión Europea. Ese mismo julio, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, eligió a Michel Barnier, su antiguo rival en la lucha por liderar la UE, para dirigir las negociaciones e intentar conseguir el mejor trato posible para Europa. El Acuerdo de Retirada fue aprobado, tras tres prórrogas, el 1 de febrero de 2020. Ese día, Reino Unido abandonó automáticamente el bloque, aunque, en virtud de dicho acuerdo, se concedió un periodo transitorio por el que el país anglosajón podría mantenerse en el mercado europeo y los ciudadanos y las empresas no notarían la diferencia. Comenzó entonces un nuevo periodo decisivo y en el que, nuevamente, Barnier ha llevado la batuta del lado europeo hasta lograr el convenio definitivo. Ahora, al borde de los 70 años, teórica edad máxima de trabajo para los empleados de la Comisión Europea, está por ver si Bruselas buscará acomodo a esta circunstancia para que continúe representando a los Veintisiete en eventuales negociaciones con Londres.

Barnier nació en 1951, año en el que afloró el proyecto europeo, en La Tronche (departamento de Isère, Francia). Su primera votación fue en un referéndum francés, en 1972, para llevar a Reino Unido al club de la UE. Criado en las tierras altas alpinas de Saboya, su padre era artesano y su madre, activista social. Inspirado por la reconciliación franco-alemana, pronunció su primer discurso político a los 14 años y a los 17 fue elegido el diputado más joven de Francia. Europeísta y ecologista convencido, su primer éxito fue lograr los Juegos Olímpicos de Invierno de 1992 para la localidad alpina de Albertville.

Después ha recorrido casi todas las capas de la política nacional y comunitaria: diputado, senador, ministro de hasta tres áreas distintas (Medio Ambiente, Exteriores y Agricultura y Pesca), eurodiputado y eurocomisario. Como titular de Exteriores en el Gobierno del conservador moderado Jean-Pierre Raffarin, amigo y compañero de estudios en la parisina escuela de negocios ESCP, cometió su único traspiés. Francia votó no al referéndum francés sobre la Constitución Europea de 2005, lo que terminó en su despido y puso fin a su ascenso en la política nacional. Raffarin contó al FT que cuando conoció a Barnier con 22 años aparentaba la seriedad de uno de 35: “No es alguien superficial, es una persona fundamentalmente seria. Sus amigos, como yo, tienen que empujarlo de vez en cuando para que sea un poco más caprichoso”.

Antes de convertirse en negociador del Brexit, Reino Unido le conocía por sus acciones como eurocomisario de Mercado Interior, cargo que sustentó entre 2010 y 2014. En esos años sacó adelante la nueva regulación del sistema financiero de la UE. Él fue el responsable de poner coto a los excesos que llevaron a la crisis financiera de 2007-08. En total, un paquete legislativo de 41 piezas que puso en vereda a bancos, auditoras, agencias de calificación de riesgos y seguros. Un torrente normativo que muchos analistas y políticos británicos vieron como un intento de asfixiar a la City de Londres en beneficio de París o Fráncfort y que le valió el calificativo de “el hombre más peligroso de Europa” por parte de The Telegraph.

Cuenta la prensa británica que Barnier hizo perder los nervios durante una reunión al por entonces gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, que acabó dando un puñetazo en la mesa. Pero demostró ser capaz de transigir y Londres solo acabó votando en contra de dos de sus normas: el tope a los bonus de los banqueros, que en realidad no fue iniciativa de Barnier sino de la Eurocámara, y las restricciones a las ventas en corto.

No le faltan detractores. Paul Myners, exministro del Tesoro del Reino Unido, molesto con las reformas propuestas por Barnier a las agencias de calificación crediticia, dijo a la Cámara de los Lores en 2011: “Me impresionó bastante que se detuviera [en un pasillo del Tesoro] para mirar cada pintura... Hasta que me di cuenta de que en realidad estaba mirando su reflejo en el cristal de cada pintura y ajustando su cabello o su tupé”.

Barnier está acostumbrado a ser subes­timado, especialmente por los británicos. Sin embargo, según el FT, sus viejos amigos dicen que no guarda rencor al Reino Unido. “Los británicos no deberían tener miedo”, dijo Jean-Claude Killy, un campeón de esquí que diseñó los Juegos Olímpicos con Barnier, cuando se conoció la noticia de que sería el negociador de la UE; y agregó que su viejo amigo siempre fue un anglófilo. Dicen que sabe escuchar y busca el consenso, pero tampoco se puede dudar de su determinación. “Como un montagnard (montañés) típico, Barnier es tenaz. Los montagnards siempre avanzamos, nunca nos retiramos”, añadía Killy. El nombre viene del grupo político de la Asamblea Legislativa y de la Convención Nacional de Francia durante la Revolución francesa. Los diputados miembros de este grupo se sentaban en los bancos más altos de la Asamblea: eran próximos a la pequeña burguesía, frente a los girondinos, más cercanos a la alta y media.

Está casado con Isabelle Altmayer, con quien ha tenido tres hijos, dos chicos y una chica, que ya le han hecho abuelo. Es un hombre católico, sobrio y madrugador al que le gusta correr, la bicicleta, la natación y pasear por las montañas de su Saboya natal, donde disfruta cocinando para sus amigos pescado con espinacas. Mide 1,84 y viste siempre de forma impecable.

En estas últimas semanas ha debido demostrar su capacidad para el consenso. El acuerdo comercial entre ambas potencias se firmó el miércoles, y entra en vigor el 1 de enero, de forma provisional a falta del voto del Parlamento Europeo. La Eurocámara no podrá introducir enmiendas, solo votar a favor o en contra de todo el acuerdo. Barnier, en cualquier caso, ha cumplido.

España

Una de las pocas fricciones con los 27 durante el acuerdo de salida la protagonizó Gibraltar. Barnier no había aprobado previamente con Madrid las directrices en torno al peñón, pero finalmente se solucionó con una declaración anexa al documento.

La ministra de Exteriores del Gobierno de España, Arancha González Laya, lanzó un últimatum a Reino Unido el día 29. Si no había acuerdo antes del 31 se produciría una frontera dura con Gibraltar, con todo lo que ello conllevaría.