La magia de La Mamounia reabre sus puertas

La reforma ha supuesto una inversión que oscila entre los 17 y los 20 millones de euros

La Mamounia
La gran lámpara de vidrio a la entrada del salón de té.

Cambiar las cosas pero mantener la esencia para que parezca que nada ha cambiado. Esa ha sido la máxima de Patrick Jouin y Sanjit Manku, los diseñadores de la última reforma de La Mamounia, apodada la Gran Dama de Marrakech, a lo largo de todo el proceso. Así lo explicaron esta semana durante la reapertura, tras una inversión que ha oscilado entre los 17 y los 20 millones de euros, del que está considerado uno de los hoteles más lujosos del mundo.

Uno de los sellos del alojamiento es contar con una clientela fiel –el 20% de los huéspedes repite– así que el reto es poder ofrecerles algo diferente cada vez que visitan el espacio. Por eso, procuran hacer una reforma cada diez años, para mantener los más altos niveles de calidad y seguir siendo, más que un hotel, un destino con nombre propio. La mayor parte de las novedades en esta ocasión se centran en la restauración, donde han contado con la colaboración del chef Jean-Georges Vongerichten para introducir dos nuevos conceptos: una trattoria italiana de lujo y un restaurante asiático inspirado en la cultura gastronómica del sureste de Asia.

Una monumental lámpara de vidrio, uno de los iconos del nuevo La Mamounia, decora la galería del hotel y da la bienvenida a los clientes al salón de té, un agradable espacio en el que se servirán desayunos y aperitivos creados por el reconocido pastelero Pierre Hermé, que se ocupará también de la dirección artística del conocido como bar italiano, donde servirá platos de la gastronomía francesa. Junto al salón de té, también se ha reformado el bar Churchill, que toma su nombre de uno de los huéspedes más célebres que han pasado por el hotel. Este se ha transformado en una elegante e íntima barra en la que degustar el caviar maison, elaborado en exclusiva para el hotel por una de las fábricas de caviar más antiguas de París: Kaviari.

Bajo tierra destaca L’Oenothèque, una proeza arquitectónica que albergará 2.000 botellas de vino y se concibe como un espacio para descubrir la enología, organizar catas y disfrutar de cenas privadas. Cada detalle ha sido cuidado meticulosamente, un ejemplo es la franja de arena que rodea la estancia para que si una de las botellas se precipitase, cayese contra una superficie blanda y, por tanto, el riesgo de rotura fuera menor. Otra de las novedades más curiosas es una distinguida sala de cine multifuncional de 21 butacas, que contará con un programa de proyecciones propio para los huéspedes del hotel y también podrá albergar presentaciones corporativas o lanzamientos de nuevos productos.

L’Asiatique, el nuevo espacio destinado a la gastronomía del sur de Asia.
L’Asiatique, el nuevo espacio destinado a la gastronomía del sur de Asia.

El rediseño se anunció en noviembre, antes de que estallara la pandemia de Covid-19, aunque no comenzó hasta mayo. No pudo llegar en un mejor momento, en un año en el que el hotel, como muchos de los establecimientos turísticos, tuvo que cerrar varios meses para frenar la expansión del virus y ha podido aprovechar este tiempo para volver a acercarse a sus clientes con una imagen renovada a través de la que crear recuerdos inolvidables.

Está inspirado en Marruecos y en el estilo de vida local. Es un templo a la historia y un centro social, pero no es un museo, sino un sitio vivo”, describió Manku durante la presentación de sus creaciones. Por su parte, el director de La Mamounia, Pierre Jochem, insistió en que, a pesar de los cambios, el alma del hotel se mantiene: su personal, que conforma un equipo integrado por 600 personas.

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