Cambio de rumbo en los mercados, pero con matices y precaución

La inversión tendrá que estar dispuesta a una rotación moderada de las carteras hacia las tendencias estructurales de la economía, sin descuidar las coyunturales

Las Bolsas de todo el mundo se han apuntado a un vertiginoso rally en la última semana al calor del anuncio de una vacuna con elevada efectividad contra el Covid-19, porque los inversores han considerado que puede tratarse del principio del fin de la pandemia y de su dramático perjuicio a la actividad económica, al empleo y a los niveles de riqueza. El mercado español, más dañado en la contracción por la intensidad económica en sectores vulnerables como el turismo, una composición de los índices con mucho sesgo bancario y el cierre de posiciones cortas bajistas, ha recuperado más de un 20% en las últimas diez sesiones. La cuestión ahora es qué desempeño tendrán los mercados durante 2021. ¿Seguirá la escalada bursátil, aunque sea a un ritmo más moderado? ¿Llegará la vacuna, la de Pfizer y otras que se podrían anunciar las próximas semanas, a resolver la crisis sanitaria en marzo, en junio o a final del año próximo? ¿Cuál será el calendario cierto de recomposición de las ventas, los márgenes y los beneficios de las empresas? Veamos.

Tras un descenso medio del 20% en el beneficio por acción registrado este año por las cotizadas, la estimación para 2021 es de una subida superior al 30%, con un avance más acelerado en EE UU y Asia que en Europa, donde solo se lograrán las cotas de resultado por acción en 2022; la rentabilidad de la renta variable en el viejo continente podría estar en torno al 16% el próximo año, teniendo en cuenta revalorización y retribución a los accionistas. Pero como siempre, este escenario que puede ser aceptable para la gestión pasiva en índices puede dejar frío a quien busca la simple seguridad o un retorno mayor asumiendo riesgo.

Los analistas discrepan sobre la conveniencia de retornar a los valores cíclicos por las incógnitas inherentes a la solución sanitaria. Pero también en parte por la transformación estructural de la economía, que puede dejar fuera de los ganadores a empresas y sectores que, pese a soportar con comodidad la etiqueta de cíclicos, no tienen garantizada la restauración de su cuota de mercado. Es el caso de las viejas energéticas que tengan proporciones elevadas de negocio en fuentes sucias, dado que el futuro es claramente renovable y verde; y puede ser el caso de la banca, un negocio que siempre ha sintetizado el rumbo de la actividad económica, pero que podría seguir atrapado en la necesidad de reducir capacidad por la intensa penetración tecnológica y la persistencia de tipos planos durante todo un lustro.

Por tanto, la inversión tendrá que estar dispuesta a una rotación moderada de las carteras hacia las tendencias estructurales de la economía, sin descuidar las coyunturales. El año próximo pinta mejor que este, pero con matices que aconsejan precaución.