Los acreedores de Argentina capitularon demasiado pronto

Podrían haber condicionado la reestructuración a un nuevo plan del FMI o haber esperado a uno creíble del Gobierno

El presidente argentino, Alberto Fernández (derecha), este martes.
El presidente argentino, Alberto Fernández (derecha), este martes. AFP

Los tenedores de bonos argentinos gritan contra un muro. Hace menos de tres meses, celebraban la reestructuración de deuda del país nueve veces quebrado. Ahora algunos, como VR Capital y Monarch Alternative Capital, dicen que Alberto Fernández ha creado un “terreno baldío” para el crédito. Tienen razón, pero la culpa es en parte suya.

Los bonos se han hundido desde la operación. Por ejemplo, un nuevo bono con vencimiento en 2030 empezó cotizando por encima de los 50 centavos el dólar; ahora está en 37. El ministro de Economía, Martín Guzmán, no ha presentado ningún plan específico para arreglar el PIB, que bajará el 12% este año, según el FMI. Además, ha reforzado los controles de capital, ha controlado algunos precios y está imprimiendo pesos con entusiasmo. Ello ha hecho que el valor informal del peso en dólares baje a solo la mitad del tipo de cambio oficial.

Las 48 instituciones cuyos grupos de acreedores han publicado un comunicado protestando no pueden hacer mucho al respecto, o no directamente. Sus quejas parecen más bien dirigidas al FMI, que estudia un nuevo programa de apoyo para un país que ya le debe 44.000 millones de dólares. Puede que les preocupe que Kristalina Georgieva se haya ablandado: últimamente está poniendo menos énfasis en la austeridad fiscal que los responsables anteriores.

Los inversores confiaron en las promesas de Guzmán de una agenda económica razonable, que no se pudieron cumplir. Podrían haber condicionado la reestructuración a un nuevo plan del FMI (como ocurrió hace poco en Ecuador) o haber esperado hasta que hubiera uno creíble. Los bonos reestructurados de Ecuador no han caído tanto, pese a que depende del petróleo y puede elegir un presidente poco promercado en 2021. Los bonistas renunciaron a su apalancamiento demasiado rápido. Puede que les preocupara que esperar significara dar más concesiones, o querían cambiar sus bonos por algo que pudieran vender más fácilmente. Se han convertido en poco más que un coro griego: dicen la verdad, pero sin poder real.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías