Un plan para una oportunidad histórica que no se puede desperdiciar

Llama la atención que el Gobierno haya condensado en tres años la estrategia cuando dispone de seis ejercicios para llevar a cabo esa tarea

El presidente del Gobierno presentó ayer el denominado Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía Española, un complicado enunciado para aludir a la estrategia diseñada por el Ejecutivo para sacar a España de la crisis con la ayuda de los fondos aprobados por la UE, así como para acometer una “segunda modernización” de la economía del país. El plan, que se enviará a Bruselas el próximo 15 de octubre, se estructura en cuatro ejes transversales: medioambiente, cohesión social y territorial, digitalización e igualdad entre hombres y mujeres. Los cálculos del Gobierno estiman que su puesta en marcha puede aumentar 2,6 puntos el crecimiento este año y situarlo en un 9,8% del PIB, tras el hundimiento del 11,2% con el que previsiblemente se cerrará 2020. En términos de empleo, el objetivo es crear 800.000 nuevos puestos de trabajo en tres años, lo que situaría a la economía todavía por debajo de las cifras de ocupación con las que inició la crisis.

La presentación del plan en medio de una debacle de una intensidad sin precedentes constituye en sí una buena noticia y envía un mensaje de confianza sobre la disposición y voluntad del Gobierno actual para pilotar la recuperación económica de España, aunque haya llegado bastante más tarde de lo deseable. La apuesta por modernizar el modelo de crecimiento aborda una ambiciosa y vieja asignatura pendiente y lo hace siguiendo las coordenadas fijadas por Bruselas para el acceso a las ayudas, lo que constituye una garantía para obtener el respaldo de las autoridades comunitarias. Llama la atención el hecho de que el Gobierno haya condensado en tres años el plan cuando dispone de seis ejercicios para llevar a cabo esa tarea, como también que el montante se reduzca a 72.000 millones frente a los 140.000 asignados a España, el grueso del total en subvenciones no reembolsables. Pese a que la justificación de Sánchez para adoptar esa estrategia es el afán por acelerar cuanto antes la recuperación, es difícil no relacionar también ese apretado calendario con el de una legislatura que finaliza en 2023.

Una vez diseñado el plan, el reto que afronta el Gobierno es implentarlo de forma técnicamente efectiva mediante una selección adecuada de los proyectos que se beneficiarán de las ayudas, un diálogo leal y directo con las administraciones territoriales y especialmente con las empresas y una fiscalización al milímetro de los recursos asignados a los proyectos. Se trata de una oportunidad histórica de recuperación y transformación económica que España no puede permitirse de ningún modo desperdiciar.