El caos de Trump en el debate fue un regalo para Biden

El demócrata se ahorró explicar cómo apaciguará a moderados y progresistas a la vez

Donald Trump y Joe Biden, el martes en el debate presidencial.
Donald Trump y Joe Biden, el martes en el debate presidencial. REUTERS

Donald Trump acaba de hacerle un regalo a Joe Biden. El primer debate televisado de las elecciones de 2020 podría haber obligado al candidato demócrata a la presidencia a explicar cómo puede apaciguar tanto a los moderados en lo económico como a los progresistas. El comportamiento anárquico del presidente en ejercicio lo hizo innecesario.

El debate del martes fue un desastre desde el principio. El moderador, el presentador de Fox News Sunday, Chris Wallace, perdió rápidamente el control, a medida que el presidente se negaba a dejar de interrumpir. El debate incluyó preguntas sobre temas que iban desde el Tribunal Supremo hasta la integridad de las elecciones, pero los 90 minutos incluyeron poco diálogo sustantivo, y las casi constantes interrupciones a Biden por parte de Trump.

El exvicepresidente tiene que apelar a una parroquia muy amplia. Aunque sigue siendo esencialmente centrista, como su partido se ha desplazado a la izquierda, también él lo ha hecho. Biden propugna un salario mínimo de 15 dólares por hora, una expansión de la asistencia sanitaria respaldada por el Gobierno y matrícula gratuita en las universidades públicas para las familias que ganan menos de 125.000 dólares.

Eso está lejos de ser un giro radical, pero sí que lo vuelve vulnerable. Trump ha centrado la atención en los aliados más progresistas de Biden, a los que llama la “izquierda radical”. En realidad, Biden está caminando por una fina línea. No ha apoyado personalmente la propuesta de la congresista por Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez de fijar una tasa impositiva marginal del 70%, por ejemplo. O la petición de los senadores Elizabeth Warren y Bernie Sanders de un impuesto sobre la riqueza.

Trump podría haber intentado acorralar a Biden en un rincón ideológico, especialmente en temas económicos. Más de la mitad de los americanos siguen aprobando la gestión de la economía por parte del presidente a pesar de una tasa de desempleo de más del 8%. Pero sus débiles intentos de hacerlo (incluyendo referencias al socialismo en los primeros 15 minutos del debate) fueron caricaturescos.

El moderador presionó a Biden sobre las subidas de impuestos y las prioridades de gasto, como la lucha contra el cambio climático. Pero el candidato fue en general capaz de reenfocar las preguntas, en un caso centrándose en las empresas que pagan poco en impuestos.

Cuando fue necesario, fue capaz de separarse de las ideas progresistas más audaces, como el multimillonario Green New Deal o la campaña para desfinanciar a la policía, sin parecer desacreditar a sus partidarios.

Aunque el debate podría haber profundizado en los conflictos ideológicos de Biden, finalmente presentó a los votantes una elección entre algo parecido a la normalidad o el caos. El contendiente demócrata debería estar agradecido de que el martes por la noche el protagonista absoluto, al final, fuera Trump.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías