En busca del euro digital

El proyecto impulsado por el BCE supone una transformación radical del sistema social, económico y financiero europeo

En busca del euro digital
DPA vía Europa Press

La Reserva Federal Estadounidense (FED) está preparada para inyectar dinero digital directamente en los bolsillos de los ciudadanos americanos si aumenta el desempleo o los tipos de interés llegan a cero. Internet lo ha cambiado todo, y a golpe de pandemia tenemos que asumir la nueva realidad en la que hay necesariamente que aprender a vivir.

El dinero tradicional es ineficiente, y los bancos centrales tienen la obligación de cambiar el sistema. Lo saben y están en ello. Esta realidad, tan sencilla de relatar, es la punta de un iceberg con el que ya hemos chocado, y la orquesta sigue tocando. El mundo ya ha cambiado.

Internet necesita dinero que sea divisible más allá de los céntimos, que funcione con la misma rapidez, agilidad y liquidez con la que se mueve la información, y que de soporte a los miles de millones de transacciones que se realizan a diario en el nuevo mundo digital. En el tradicional mundo industrial un céntimo de euro no tenía apenas valor, y el tiempo se media en horas. En internet un influencer puede acumular cientos de miles de likes en apenas minutos, y cualquier dispositivo conectado puede realizar innumerables intercambios de información y valor en apenas segundos con un sinfín de dispositivos. Esto es una realidad.

Aun así, cómo funcione la tecnología le resulta bastante irrelevante al usuario final. Le da igual que los euros sean digitales o no, mientras la tecnología funcione, satisfaga sus necesidades y no le genere demasiado estrés. En cambio, tanto para las empresas tecnológicas como para el propio sistema financiero todo esto supone una verdadera revolución. Para el funcionamiento de nuestra sociedad el impacto es trascendental.

Tanto WeChat (competencia de WhatsApp) como Alipay (propiedad de Alibaba, competencia de Amazon) operan con dinero digital sin grandes limitaciones regulatorias en China desde antes del 2017. Surgida la necesidad, durante este año 2020 el Banco Central de China está probando su criptomoneda digital oficial, denominada DC/EP, y sus cuatro principales bancos la han estado probando en perfecta armonía con las empresas tecnológicas. Todo esto en paralelo con los confinamientos y el Covid-19, que lejos de suponer un obstáculo ha resultado ser un estímulo para el proceso. Un ejemplo de colaboración público-privada.

En paralelo, en Occidente, Facebook tratando de competir propuso en 2019 la emisión de la criptomoneda Libra. Se dio de bruces con el mismo muro regulatorio y negacionista con el que previamente se habían dado tanto el bitcoin como el resto de criptomonedas. En España, de manera análoga al resto de Europa, tenemos desde 2011 la figura jurídica de Entidad de Dinero Electrónico que, si bien da un marco regulatorio teórico razonable, deja en la práctica la última palabra al Banco Central, negacionista hasta hace bien poco.

En China, el Banco Central lo único que ha hecho es respaldar las necesidades de las empresas tecnológicas, que en definitiva son las necesidades de la sociedad. Lo ha estado haciendo en silencio. Con ello ha obtenido una ventaja competitiva que puede ser determinante. Pues en este contexto parece que Occidente está despertando. Tanto el Banco Central Europeo como la Reserva Federal están en ello.

Jerome Powell en su discurso del pasado 27 de agosto lo expuso claramente: da igual la inflación, importa más el largo plazo, la creciente desigualdad social y la efectiva realización de las reformas necesarias para asegurar el futuro del sistema. Este manifiesto por la innovación, dicho por el gobernador de un banco central tiene un significado todavía más radical. En la misma línea se está moviendo el BCE con su proyecto de euro digital. Tras haber sido testado en Francia e Italia, los 5 principales bancos españoles iniciarán próximamente las pruebas para operar con el euro digital.

Surgen preguntas inevitables: ¿tiene Europa base tecnológica suficiente para transformar el proyecto de euro digital en una ventaja competitiva a la altura de China? ¿Está preparada la banca para el proceso de transformación que supone el euro digital? ¿Podrá nuestro ya maltrecho sistema financiero soportar las tensiones generadas por la mayor eficiencia de la nueva tecnología? ¿Ayudará la transformación de la política monetaria en la convergencia de la política fiscal de los países miembros?

En cualquier caso, la respuesta a las anteriores preguntas supone una transformación radical para nuestro sistema social, económico y financiero. Tanto la banca como la creación del dinero no volverán a ser iguales. Las entidades financieras pasarán a ser proveedores de servicios tecnológicos, una parte más de la industria IT, en lugar de dedicarse a multiplicar la masa monetaria.

Casi cualquier escenario es posible, incluida la posibilidad de grandes fusiones primero entre los principales bancos, que terminen absorbiendo a los operadores móviles. También el escenario contrario, como ya ha sucedido en Francia, donde Orange Telecom ha adquirido una licencia bancaria. Es posible hasta que las telecos terminen reemplazando a los bancos como proveedores de servicios financieros. ¿Tiene sentido el calvario regulatorio de la licencia bancaria, cuando puedes ofrecer el resto de servicios financieros obviando la captación de depósitos? El nuevo sistema financiero terminará convergiendo con las grandes empresas tecnológicas, y si no resulta finalmente asimilado por el estado, terminará realizando el servicio público que otrora realizaba la administración. Colaboración público-privada lo llaman ahora. Si no, habrá que aprender chino.

 Luis Garvía es Profesor de Finanzas de ICADE Business School