Coordinación, unidad y reformas ante un escenario de alta incertidumbre

El control de los rebrotes y los esfuerzos para evitar una segunda oleada de la epidemia deben compatibilizarse con el estímulo de la actividad productiva

El temor a que una segunda ola de la pandemia de Covid-19 frene en seco la incipiente recuperación de la actividad en Europa y propine el golpe de gracia a las economías de la zona euro provocó ayer pérdidas en buena parte de las Bolsas europeas, incluida la española, que sufrió su mayor caída desde junio y marcó el registro mínimo en casi cinco meses. El miedo de los inversores pasa por la posibilidad de que la extensión de los brotes epidémicos pueda hacer necesarios nuevos confinamientos estrictos de la población, lo que sumiría a Europa ya no en un invierno económico, sino en una glaciación. Un temor que resulta razonable en un escenario como el actual, en el que los rebrotes se multiplican en algunos países y regiones y la vacuna o la cura sigue sin estar disponible. La incertidumbre es un factor muy nocivo para la vida de las personas y el desarrollo de las sociedades, pero también para la actividad de las empresas.

Aunque desde el BCE el mensaje es que, una vez más, se hará lo que sea necesario hacer para mantener el barco a flote y que la política monetaria europea seguirá siendo la muleta de acero que sostenga el euro y garantice el acceso de las economías a la financiación, la tarea que afronta Europa exige esfuerzo y responsabilidad por parte de todos, instituciones europeas, gobiernos, ciudadanos y empresas. A día de hoy el reto inmediato es lograr el control sanitario de los rebrotes con el fin de evitar otra hibernación de la actividad, pero también aplicar cuanto antes una agenda de reformas estructurales que permita aprovechar al máximo el sustancioso paquete de las ayudas europeas e impulsar con mayores garantías la recuperación. Se trata, en cualquier caso, de un escenario distinto al de los últimos meses. El control de los rebrotes y los esfuerzos para evitar una segunda oleada de la epidemia deben compatibilizarse con el estímulo de la actividad productiva y sin recurrir en la medida de lo posible a una nueva paralización que hoy por hoy Europa no puede permitirse.

La situación de España, por las características de su modelo económico, por las deficiencias en términos de consolidación fiscal con las que llegó a la crisis y por los errores que ha cometido en la gestión de la pandemia, es especialmente grave y exige de forma urgente una respuesta acorde a la magnitud del problema. El Gobierno debe recabar con hechos concretos y no solo con palabras la unidad política, abordar de forma coordinada el control de los rebrotes y poner en marcha cuanto antes una política económica capaz de reanimar la economía.