Transporte por carretera: esfuerzo y recompensa

Para aprovechar al máximo el papel del sector en la recuperación económica es necesario reforzar el apoyo al tejido productivo y a las grandes empresas

Transporte por carretera: esfuerzo y recompensa

En primer lugar, como presidente de la patronal decana de las empresas de transporte por carretera en España, me gustaría hacer un reconocimiento expreso a todas las personas que han fallecido a lo largo a de estos meses de pandemia, a sus familiares y por supuesto para los más de 48.000 empleados en nuestro sector se han visto afectadas por la enfermedad.

En pocos meses, la crisis sanitaria ha supuesto que el transporte de mercancías por carretera haya tenido una visibilidad sin precedentes en la sociedad; el confinamiento y el parón económico han puesto de relieve que gracias a la labor especialmente meritoria en estas circunstancias, de las empresas que representamos y de sus empleados, los suministros esenciales para la población, la industria o el sistema sanitario han permanecido asegurados a pesar de las enormes variaciones que han experimentado la demanda y la producción. Baste señalar que en las dos semanas previas a la declaración del estado de alarma atendimos incrementos de la actividad de más del 40% para soportar a continuación hundimiento+s por debajo de la mitad de la actividad normal; pero ahora, con reducciones aún del -30%, muchas de estas empresas afrontan un asfixiante estrangulamiento financiero que amenaza, si no se actúa con celeridad, con dar al traste con gran parte del know-how y el prestigio acumulados durante décadas y que han hecho del transporte español uno de los líderes en la Unión Europea, especialmente en el ámbito internacional.

El coste para la sociedad y para el sector ha sido demasiado alto, sin duda, pero según la encuesta realizada por GAD3 para la Fundación Corell a inicios de julio, no ha pasado desapercibido, ya que el 97% de los españoles ha declarado como fundamental el papel del sector durante la pandemia y el 75% declaró que su servicio ininterrumpido mejoró la imagen y su conocimiento de este. Por el contrario, un 55% ha percibido que el Gobierno no ha estado a la altura de las necesidades del sector durante las pasadas semanas.

Afrontamos ahora un punto y seguido en nuestra actividad para el refuerzo de esta imagen de trabajo sin descanso que hemos venido realizando junto a nuestros conductores y empleados, pero hará falta comprobar si, además de proclamar que la nuestra es una actividad esencial y estratégica para la economía nacional, nuestros gobernantes ponen en práctica medidas de impulso acordes con esas características.

Creo que arrastramos un gran hándicap, la enorme fragmentación de nuestro tejido empresarial nos pone en serias dificultades de cara al futuro inmediato que nos exige afrontar la globalización, la digitalización y la descarbonización. Este sector en España tiene el doble de empresas que Alemania, a pesar de que dicho país nos dobla en población y casi nos triplica en PIB. En nuestro país se realizan unos 200 millones de operaciones de transporte de mercancías por carretera y aunque la inmensa mayoría se basan en recorridos de menos de 300 kilómetros, la eficacia y precisión de nuestro transporte internacional de media y larga distancia han sido y son un elemento esencial a la hora de potenciar nuestras exportaciones y convertir a España en el segundo país de la UE por peso del sector exterior en su PIB. Son hechos que no hacen sino subrayar que en lugar de olvidarla o incluso combatirla, la Administración haría bien en cuidar y potenciar la carretera como un elemento esencial en la actividad económica y en la vertebración geográfica y social, tanto doméstica como europea. Por si esto no fuese suficiente, cabe señalar que en términos de empleo directo e indirecto sumamos cerca de 800.000 personas.

En mi opinión, para aprovechar al máximo el papel del transporte en la recuperación de la economía y de cara a fortalecerla como generador de riqueza y creador de empleo son numerosas las medidas a adoptar pero, en resumidas cuentas, serán válidas todas que apoyen un marco normativo que fomente, en lugar de desincentivar como ocurre ahora, el crecimiento empresarial y la protección de las pocas grandes empresas actuales.

Tenemos, además, que extremar la protección de nuestros empleados y acometer, entre otras medidas, la creación de áreas de descanso seguras cuya carencia ha sido más patente que nunca en estos tiempos y que es una de las principales razones de la escasez de nuevas vocaciones, especialmente entre las mujeres. España bate récords de desempleo juvenil y femenino y, sin embargo, necesita más de 10.000 nuevos conductores profesionales.

En cuanto a la transición ecológica de la que todo el mundo habla, debo recalcar que para el transporte de mercancías de larga distancia no existe (ni parece que vaya a existir a corto plazo) una alternativa al combustible fósil y, por tanto, esta especial circunstancia debe ser tenida en cuenta para que perseguir los loables objetivos europeos de descarbonización no sea razón de dar al traste con una actividad vital para sostener nuestras economías.

En resumen, estamos ante una oportunidad histórica de cambiar el paradigma, dejemos de ver al transporte por carretera como un servicio externo para verlo como una parte integrante de la propia industria y el comercio a los que otorga una vital flexibilidad geográfica y temporal. El esfuerzo ya lo hemos hecho ¿vendrá ahora la recompensa?

España está localizada en una de las mejores ubicaciones del mapa global para ser un punto de conexión internacional multimodal; sin duda ello constituiría un elemento de impulso clave para la economía española. Para que sea realidad hace falta un sector empresarial del transporte fuerte capaz de extraer todo el potencial que está a nuestra disposición.

Marcos Basante es presidente de ASTIC