Japón: el futuro de Abenomics y la influencia china

El crecimiento del gigante vecino ha cambiado el peso de la inversión de la renta variable nipona en muchas carteras

A menudo, la economía de Japón sirve de guía para otras economías avanzadas, aunque rara vez capta la atención de inversores extranjeros. La dimisión del primer ministro Shinzo Abe y la inversión de Warren Buffett en empresas comerciales de Tokio han cambiado esta idea.

Siete meses después de la pandemia, la tercera economía más grande del mundo logró contener los contagios del virus con el uso estricto de mascarillas y distancia de seguridad. Aunque la economía japonesa se desaceleró bruscamente en el segundo trimestre, las caídas del 7,8% cada trimestre fueron menos dramáticas que en EE UU o Europa. El sector empresarial parece sólido, con un mercado laboral resistente y un fuerte apoyo político.

No obstante, los niveles de deuda pública del país asiático, equivalentes al 237% del PIB en 2019, significan que el apoyo del Gobierno a la economía para hacer frente a la pandemia podría necesitar reiniciarse más rápidamente que en otros lugares. Japón, conocida como la nación más endeudada del mundo, se ha comprometido a realizar un gasto discrecional durante los próximos trimestres de hasta un 8% del PIB. Sin embargo, gran parte de este endeudamiento se mantiene a nivel nacional por el banco central.

El sucesor de Abe

La dimisión por motivos de salud el 28 de agosto del primer ministro de Japón que más tiempo llevaba en el cargo llega casi un año antes de que termine su actual mandato. Sin embargo, es poco probable que este hecho conduzca a un cambio en las políticas económicas de Shinzo Abe, conocidas como Abenomics.

Abenomics está basado en tres vías de expansión monetaria agresiva para hacer frente a la deflación, el estímulo fiscal y las reformas estructurales con el fin de promover el crecimiento. Esta política se ha centrado en abordar los desafíos a largo plazo del país, como el envejecimiento de la población, el bloqueo del desarrollo y la deuda pública.

El éxito del legado del primer ministro es objeto de un debate muy intenso. Abenomics ha sorteado las crisis mundiales de los últimos años mientras luchaba por llevar a cabo reformas estructurales: la economía sigue dependiendo de los estímulos monetarios del Banco de Japón para evitar que vuelva a caer en deflación.

Abe deja el Gobierno ante algunos de los desafíos más difíciles después de la primera ola del Covid-19. El sucesor, tal y como ha anunciado el Partido Liberal Democrático (PLD), será Yoshihide Suga, secretario jefe del Gabinete, que apoya la continuación de la política económica de Abe así como un yen más débil, las reformas del Banco de Japón, las políticas comerciales y los impuestos al consumo.
China y Asia

Mientras que Japón lidia con los desafíos de las reformas de varias décadas, el crecimiento exponencial de China ha cambiado el peso de la inversión de la renta variable japonesa en muchas carteras. Dado que las acciones chinas que figuran en el índice CSI 300 de Shanghái han superado a uno de los índices bursátiles más importantes de Tokio, Topi (Tokyo stock Price IndeX), en más de 21,2 puntos porcentuales en lo que va de año, las primas de riesgo para los inversores en el mercado chino han disminuido.

Esto responde en parte a un impacto limitado de la crisis del Covid-19 en las empresas chinas, así como a las atractivas perspectivas de crecimiento interno y a las razonables valoraciones iniciales. En consecuencia, han disminuido las asignaciones de cartera al resto de Asia y a Japón en particular.

La pregunta para los inversores es si todavía hay valor en las acciones japonesas. Con dos decenios de experiencia en un entorno deflacionario, las empresas japonesas han reajustado sus balances, se han desendeudado y están generando corrientes de efectivo, lo que constituye una fuente de ingresos en concepto de dividendos. El índice Topix, por ejemplo, ha ofrecido rentabilidades brutas de dividendos del 2,4% los últimos 12 meses.

Las acciones japonesas también cotizan a valores más baratos que las acciones estadounidenses, con una relación precio/beneficio fiscal de 15,4 veces en el año 2021, en comparación con las 21,4 veces de EE UU. No obstante, las valoraciones atractivas y los balances sólidos se ven contrarrestados por una rentabilidad estructuralmente baja y una alta sensibilidad al contexto macroeconómico mundial.
Buffet, el comercio y la inflación

En un contexto en el que la política monetaria de Japón sigue siendo agresivamente inflacionaria, los activos value deberían beneficiarse a medio y largo plazo. Con estas previsiones, no es sorprendente que Warren Buffett se haya diversificado fuera de Estados Unidos invirtiendo 6.000 millones de dólares sin cobertura en empresas comerciales japonesas.

Hoy por hoy, la sociedad Berkshire Hathaway cuenta con una participación del 5% en cada una de las cinco mayores empresas comerciales integradas de Japón (conocidas como sogo shosha): Itochu, Marubeni., Mitsubishi, Mitsui & Co. y Sumitomo. Estas compañías prestan servicios en todos los ámbitos, desde la importación de productos básicos hasta acuerdos de capital riesgo. Sus acciones cotizan a valores 10 veces las ganancias de 2021 tras la guerra comercial de EE UU y China. La inversión de Buffett se beneficiaría a corto plazo de cualquier recuperación económica rápida impulsada por una vacuna para el virus ampliamente accesible y de un aumento de la inflación japonesa.

En cambio, es probable que vivamos una recuperación económica mundial bastante lenta. La mayor exposición de los mercados bursátiles chinos y estadounidenses a los sectores de la tecnología y la atención sanitaria generará un rendimiento superior al de las acciones japonesas a corto plazo. El riesgo para este escenario sería un auge económico repentino e ines­perado, aunque es evidente que algunos inversores value como Buffett se están posicionando para beneficiarse de una mejora en el comercio mundial que llegará.

Stéphane Monier es CIO de Lombard Odier