Un modelo de gobernanza para unos tiempos nuevos

España necesita una agencia especializada que gestione las misiones y los proyectos con fondos europeos que permitan tranformar la economía

Un modelo de gobernanza para unos tiempos nuevos

Estábamos en el mes de abril, en pleno estado de alarma, y desde el Foro de Empresas Innovadoras y la comunidad IND+I elaboramos nuestras propuestas para el tiempo de después, que resumimos en el documento Los pilares de un futuro más próspero y sostenible. Desde entonces se han producido algunos sucesos relevantes. De entrada, Europa ha dado un paso de gigante en su proceso de crecimiento, maduración. Las decisiones de los 27 son históricas, equiparables a las de su creación en los lejanos cincuenta del siglo pasado y a los de la creación de la moneda única. Ahora podemos decir que Europa se ha decidido a jugar en la disputa mundial por el liderazgo en las ideas transformadoras.

Si seguimos por el qué hacer –los programas transformadores, que deben de sustentarse en Innovación, I+D e Industrias avanzadas con empleos dignos y de calidad– las exigencias que Europa ha puesto sobre la mesa para financiar ese periodo de recuperación son claras, precisas y convergentes con lo que de forma humilde nos atrevimos a proponer en mayo: las misiones estratégicas de país y los macroproyectos tractores. Las misiones estratégicas apuntan a la dirección que acordamos mayoritariamente como país, sea la nueva alimentación sostenible, saludable y segura o la nueva movilidad verde. Los macroproyectos tractores materializan las misiones a través de consorcios público-privados multisectoriales, que inventan, desarrollan y producen los productos y servicios inherentes al nuevo estilo de vida al que las misiones apuntan.

Podemos decir que en estos momentos España dispone de esas propuestas para ir al examen que los socios europeos vamos a exigir a los proyectos en los que se van a invertir esos fondos de todos. De esa renovación industrial en los sectores emergentes, pero también en los tradicionales que dan empleo mayoritario en nuestro país, se deberán obtener empleos cualificados capaces de sostener unas sociedades donde todas las personas puedan vivir dignamente de su trabajo. Para ello, habrá que hacer un esfuerzo coordinado en la definición de un Plan Nacional de Formación en Habilidades Digitales y la financiación de planes locales de transición ecológica y justa, que alcancen a todas las organizaciones y personas, sea cual sea su edad y formación, para prepararlas para el nuevo mundo digitalizado y protegerlas del desempleo, sea cual sea su actual nivel de formación.

Estamos por lo tanto con las dos premisas de partida: el qué hacer y desde qué principios básicos acometer esas acciones. Ahora nos toca a los países la apasionante tarea de hacerlos realidad, de trasladar los fondos a resultados en nuestra productividad y a impactos positivos y tangibles que afecten a la ciudadanía y, con todo ello, a la consolidación de la democracia como método para resolver los problemas reales de nuestras sociedades. Y para eso hay que hablar de gobernanza eficaz y de adecuación de nuestra regulación y fiscalidad. Son estos tres temas en los que en España debe hacer pasos de gigante en la próxima década.

Nuestra regulación, que no es poca, se basa a menudo mucho más en cubrir riesgos basados en la desconfianza en el ciudadano, persona física o jurídica, que en el empuje para el desarrollo máximo de sus potencialidades. Nuestra gobernanza, fuertemente influida por la regulación, se apoya en fundamentos demasiado burocratizados, pero con unas deficiencias en los términos de flexibilidad y adaptación a los tiempos actuales que dificultan en exceso su eficiencia.

Finalmente, la fiscalidad debe revisarse de manera seria para que, por un lado, asegure la sostenibilidad de nuestras cuentas a medio y a largo plazo y, por el otro, sea un instrumento de la estrategia de país, incentivando y desincentivando aquello que queremos promocionar o reducir.

Para dar un salto y superar esta realidad, convencidos de que con las viejas reglas y los viejos instrumentos no se pueden encarar los nuevos retos, desde nuestras organizaciones se ha apostado por la creación de una nueva agencia para la transformación industrial y la transición ecológica de la industria. Esa nueva entidad, que dependería de la Presidencia del Gobierno, sería la responsable de la gestión de esas misiones estratégicas y esos macroproyectos tractores para realizar la gran transformación del tejido empresarial español. Lanzada la idea al contraste con los otros enfoques, las principales objeciones han venido de dos partes: la primera de la no conveniencia de crear cosas nuevas cuando ya tenemos muchas, bien es verdad que a veces poco operativas. La segunda tiene que ver con los plazos que lleva lanzar cosas nuevas y por lo tanto la incompatibilidad con los plazos cortos 2021-2023 que tienen los proyectos europeos.

Respondiendo a ambas no será posible conseguir que los instrumentos existentes con sus actuales gobernanzas den respuesta en los plazos y las formas que debemos exigir a los nuevos proyectos. Por lo tanto, creemos que es imprescindible situar, al frente de las misiones y los macroproyectos, mecanismos de gobernanza de nuevo cuño.

Para lo segundo, los promotores de esta idea tenemos en nuestro poder dictámenes jurídicos que aseguran que, con mecanismos idénticos a los usados en los últimos acuerdos de Gobierno, podríamos disponer, de forma rápida y orientada a los logros perseguidos, de nuevos instrumentos de gobierno que colaborasen en la modernización de nuestros mecanismos de gestión.

Por todo ello, sólo quedaría la firma voluntad de seguir avanzando en la creación de estos nuevos agentes de gobernanza. En esto, estamos convencidos, estará basado el éxito de tantos fondos a disposición.

Francisco Marín/ Jordi García Brustenga son Miembro del Foro de Empresas Innovadoras/ Secretaría del Consejo IND+I