Innovación, un proyecto para escalar, ahora o nunca

Las inversiones que se acometan deben proyectarse en un plan realista, a salvo de coyunturas

Los tiempos difíciles son los que nos obligan a dar lo mejor de nosotros. Estamos inmersos en el reto de superar una crisis sanitaria sin precedentes en los últimos 100 años y, sin solución de continuidad, afrontamos otro gran desafío: la reactivación económica y social. Pero tampoco debemos perder la perspectiva. Las nuevas tesituras que se nos presentan se suman a las que ya teníamos pendientes, y precisamente por ello, estas adquieren ahora mayor relevancia y urgencia.

La crisis nos ha dejado importantes lecciones. De un lado, ha quedado patente la fortaleza de nuestras redes de telecomunicaciones, pero al mismo tiempo ha hecho aflorar aún más esa España vacía. Niños que no pudieron asistir a las clases online, trabajadores sin posibilidad de conectarse en remoto, personas que difícilmente se comunicaban con sus seres queridos… Una situación que afecta al 5% de la población y a un 20% de la geografía española.

El escenario creado por el coronavirus ha puesto aún más de manifiesto que nuestro país precisa de una cobertura que atienda al 100% de la población. Nadie puede ser excluido. Y del mismo modo que hemos aprendido que la conectividad deber ser un derecho fundamental al alcance de todos, también debemos tener claro que la innovación en esas redes es esencial para afrontar el futuro, porque ellas marcarán el devenir de nuestra economía.

Por otra parte, hemos visto cómo entidades investigadoras y empresas se han volcado en la búsqueda de soluciones y respuestas para afrontar la pandemia. La colaboración público-privada se ha convertido en el motor de ambiciosos proyectos innovadores. Y hemos asistido a un interés sin precedentes por las aportaciones que la ciencia, la tecnología y la industria pueden traer a nuestro sistema sanitario y a nuestra sociedad.

Debemos aprovechar estas lecciones. Son una oportunidad para hacer ver que la innovación, por fin, debe formar parte de nuestro plan estratégico de país. Porque nuestra inversión en I+D sigue en cuarentena, con un 1,24% con respecto al PIB, por debajo de la media europea y alejada de los países más avanzados. Pero también es el momento de entender que la innovación no es un mero indicador, sino el fundamento de las sociedades modernas, el sustento de un sistema sanitario envidiable, de una educación de excelencia y de una economía fuerte y sostenible. Innovación significa generación de empleo y progreso. En definitiva, futuro.

La sociedad concienciada poscoronavirus demanda un mayor esfuerzo por parte de todos. Del sector público, como impulsor y catalizador de proyectos, y del sector privado, como generador de riqueza, empleo y transferencia de conocimiento. A pesar de que la inversión de nuestras empresas ha ganado peso y ya supone el 57% del total en I+D, en los países de referencia supone más de dos tercios. En España contamos con recursos, infraestructuras y talento para que ese porcentaje siga creciendo y podemos acometer grandes proyectos, pero es necesario crear entornos favorables a la inversión, seguridad jurídica y regulatoria, así como un marco efectivo de aplicación de los incentivos a la I+D, fijándonos en los modelos que mejor funcionan en Europa.

Asimismo, debemos mejorar la eficiencia de la innovación y su transferencia a la sociedad. Somos el decimosegundo país del mundo en producción científica, pero solo el 5,5% de las empresas españolas que hacen I+D se nutren de esos trabajos. Necesitamos conectar mejor el mundo docente e investigador con la empresa, propiciando ecosistemas que aúnen emprendimiento, universidades, instituciones y músculo empresarial, a fin de que generen patrimonio industrial y contribuyan a vertebrar economías, territorios y sociedades.

También hemos de ver el efecto que esta crisis va a tener sobre el empleo y la formación. Los cambios que ya observábamos en el mercado laboral se van a precipitar y será más necesario que nunca adaptar la formación a las nuevas competencias que van a demandar las empresas. Debemos ser más intensivos a la hora de promover el interés por las materias STEM, fomentar el desarrollo de competencias para los nuevos empleos e inculcar el concepto de formación durante toda la vida.

El mes pasado hemos conocido el Plan de Choque del Gobierno para relanzar la ciencia y la innovación en España, que ha contado con la participación de diversos actores. La colaboración público-privada es esencial, por lo que es de agradecer que el Ejecutivo haya escuchado al sector empresarial, cuyo compromiso es permanente. Su éxito será el de todos nosotros. Además de medidas de contingencia, necesarias a corto plazo, necesitamos visión estratégica a largo.

Que las inversiones que van a acometerse para la reconstrucción se proyecten en un plan realista, a salvo de coyunturas, que mueva España en la próxima década hacia las posiciones que le corresponden por su potencial económico, su capacidad investigadora y su talento creativo y emprendedor. Porque, ahora o nunca, nuestro reto es escalar, como sociedad y como país. Requiere la determinación de todos, y por nuestra parte, la tenemos.

José Antonio López es presidente de Ericsson España y vicepresidente de la Fundación I+E