No perdamos el impulso digital

La transformación de las compañías se ha acelerado con la pandemia, y es indispensable mantener la tendencia

Hace años que el discurso de la digitalización es firme y decidido, pero nadie se hubiera imaginado que en cuestión de pocos meses todos nos hubiésemos visto obligados a asumirlo como una necesidad inmediata. La transformación hacia lo digital siempre ha sido importante, pero nunca se había considerado tan esencial. La digitalización de las pequeñas y medianas empresas se ha acelerado, y es indispensable que se mantenga esta tendencia para crear un tejido empresarial sostenible en la etapa pos-Covid.

La crisis sanitaria nos alejó de los comercios y es difícil afirmar con certeza que no vuelva a ocurrir. Durante estos meses, ha sido visible el esfuerzo y la dedicación de los pequeños negocios por reinventarse para continuar generando ingresos, mantener la actividad y el servicio a clientes e, incluso, emprender iniciativas solidarias que ayudaran en la gestión de la pandemia. Internet ha sido el canal principal que ha acogido la mayor parte de estas acciones. Muchos pequeños comercios saltaron hacia un escenario que para ellos era desconocido. Se atrevieron y se adentraron en el entorno digital, en algunos casos limitados por la falta de infraestructuras o de habilidades técnicas. Es el momento de transformar este cambio de actitud en una ventaja competitiva, que les permita crecer en el nuevo mundo.

El observatorio de digitalización de Vodafone resalta que apenas el 34% de las pymes tiene planes de digitalización y, de estas, solo el 48% cuenta con un presupuesto asignado para ello. Ahora la digitalización ha dejado de ser solo una opción para los negocios con planes de crecimiento más ambiciosos, para volverse una necesidad imperante para todas las empresas (independientemente de su tamaño y objetivos de mercado), por lo que más que nunca es importante acrecentar estas cifras.

Los hábitos de consumo de los españoles han cambiado en la nueva normalidad. El cliente actual está más preocupado por su situación financiera y por su seguridad, de modo que es más selectivo con sus gastos y tiende hacia los servicios online. Las empresas tienen que adaptarse con rapidez y flexibilidad para ganarse la confianza del nuevo consumidor, algo que requiere repensar los modelos de comunicación y venta. Solo así conseguirán satisfacer sus necesidades de compra, y estar preparadas para un futuro incierto.

Sin embargo, tan solo un 19% de las pymes incluye el canal ecommerce en su estrategia comercial, de acuerdo con el Índice de la Economía y la Sociedad Digitales de la Comisión Europea. Es fundamental que las pymes refuercen este aspecto, pues el 43% de los consumidores ya compraba a través de internet antes de la emergencia sanitaria y un 7% adicional espera hacerlo en el futuro, según datos de McKinsey & Company. Este crecimiento debe incorporarse a la forma en que las pequeñas empresas diseñan y desarrollan sus acciones de marketing y comunicación.

Al igual que en el entorno offline, en internet no se trata de apostarlo todo a un solo canal. Las pymes deben analizar dónde están sus públicos objetivos, y definir una estrategia de posicionamiento y visibilidad digital que integre varios elementos que permitan, sinérgicamente, acercarse a ellos. Existen múltiples herramientas digitales para que las pymes puedan seguir operando incluso a puerta cerrada o con escasa afluencia, como páginas web, redes sociales o campañas de tráfico para atraer clientes.

Las posibilidades son enormes. Con la incorporación de estos nuevos canales, las pequeñas y medianas empresas pueden mantener una comunicación con el usuario y crear un vínculo que beneficie al negocio. En ese sentido, no se trata únicamente de tener presencia, sino de hacerlo de una manera estratégica y coherente con la imagen y los objetivos de la pyme. Además, se debe cuidar que las acciones emprendidas y los perfiles abiertos en la red se mantienen actualizados, pues cada vez con más fuerza las redes sociales y los sites de reseñas influyen en la decisión de compra de los usuarios.

Paralelamente, la digitalización permite nutrirse de los datos que ofrecen los clientes cuando consumen un servicio. Registrar, analizar y utilizarlos da la oportunidad de mejorar la calidad de aquello que se ofrece, y hacerlo de un modo mucho más personalizado y adaptado a las preferencias de cada usuario. Así, las pymes pueden amoldar su oferta según la información disponible sobre los patrones de consumo, fidelidad y actividad en redes sociales.

Aunque para pymes sin experiencia digital todo esto puede parecer un proceso complicado y lento, los primeros resultados pueden percibirse a corto plazo. El consumidor ya está demandando servicios por el canal online, y está tendencia mantendrá una evolución al alza. Por ello, me reitero en la necesidad de apostar por la adopción de herramientas digitales que acerquen el negocio al cliente y le aporten valor. Del mismo modo, en las empresas hace falta formación y talento con mentalidad digital, capaz de asumir dichas soluciones para que el servicio ofrecido sea óptimo.

Además, durante los últimos años la incorporación de herramientas digitales ha reducido notablemente su complejidad. Los avances en tecnología han favorecido la creación de soluciones sencillas adaptadas a las características de las pymes que, junto al asesoramiento de partners especializados en el sector, permiten la digitalización de los pequeños negocios de una manera simple y eficaz. De esta manera, los negocios pueden dar el salto a lo digital de una manera económica y acorde a sus necesidades.

No hay duda de que la digitalización tiene el poder de ayudar a las pequeñas empresas a continuar siendo competitivas. El confinamiento por la pandemia puso en jaque a muchas compañías y, a la vez, abrió las puertas a un ecosistema más digital. En meses hemos avanzado lo que estaba previsto que sucediera en años. Nuevos modelos laborales, de consumo y de negocio entraron a la realidad de las pymes. Y es el momento de seguir avanzando por este camino.

Javier Castro es CEO de BeeDigital