El petróleo, sin rumbo, pero seguirá siendo fundamental

Los miembros de la OPEP están ante una encrucijada: subir la producción para recuperar ingresos podría provocar una nueva caída de precios

Refinería de petróleo en Lemont (Illinois, EE UU).
Refinería de petróleo en Lemont (Illinois, EE UU). REUTERS

El petróleo ha sido uno de los activos más sensibles a esta crisis, ya que la paralización económica que llevaron a cabo los principales países desarrollados, con el objetivo de frenar la propagación del coronavirus, desencadenó en una disminución de la demanda sin precedentes. Durante los momentos más álgidos, el precio del Brent llegó a caer un 70%, hasta los 15,98 dólares por barril. A principios de año el consumo de barriles era aproximadamente de 100 millones diarios, y llegó a caer un 40%.

El fuerte desplome de la demanda derivó en graves problemas de almacenamiento para los principales productores de petróleo, llevando los inventarios a máximos de las últimas décadas. Durante el mes de abril los precios llegaron a cotizar en negativo por primera vez en la historia.

Los productores norteamericanos pagaron a los compradores para que se llevaran su producto, ante el temor a que la capacidad de almacenamiento se les agotara en el mes de mayo.

Los más perjudicados por esta caída fueron los países productores de petróleo, ya que basan la mayor parte de su gasto público en los ingresos derivados del mismo. También sufrieron las empresas petroleras, ya que los inversores temieron por la posibilidad de impago de gran parte de su deuda. Muchas de ellas habían emitido bonos para realizar nuevas explotaciones, que a ese nivel de precios no eran rentables.

El actual nivel de precios sigue siendo demasiado bajo para la mayoría de los países productores, que se han tenido que enfrentar durante los últimos meses a graves desequilibrios presupuestarios, Gobiernos inestables y la posibilidad de que se acelere la transición energética. El renovado compromiso de las principales economías por la energía limpia, unido a una estabilización de la demanda a un nivel inferior al del inicio de esta crisis, podría mantener los precios bajos durante un periodo prolongado. Lo que obligaría a los países ricos en petróleo a cambiar la manera de gestionar sus economías.

Con todo, esto es muy complicado que el petróleo pierda relevancia como fuente de energía. Durante las últimas décadas se ha discutido mucho sobre el pico de la demanda, y no parece que lo vayamos a ver hasta por lo menos las dos próximas décadas. Para que el petróleo sea desplazado, se necesitan millones de euros en inversiones para la electrificación de vehículos e infraestructuras para potenciar la energía renovable.

Los ingresos de la OPEP han bajado un 50% respecto al año anterior, lo que está golpeando a muchos de sus principales socios. La producción de petróleo de Venezuela se ha hundido a mínimos de los últimos 75 años, Nigeria se ha visto obligada a devaluar su moneda debido a la escasez de divisas, Angola e Irak han pedido ayuda en forma de préstamos al Fondo Monetario Internacional. Incluso Arabia Saudí ha aplicado una serie de medidas de austeridad tras triplicar su déficit presupuestario hasta los 29.000 millones de dólares.

Aramco, que es la compañía estatal saudí de petróleo, empezó a cotizar en Bolsa a finales del año pasado, convirtiéndose en la mayor empresa cotizada a nivel mundial, con una valoración superior a los 2.000 billones de dólares. Este año ha publicado que sus ingresos cayeron un 75% durante el segundo trimestre, ofreciendo muestras del impacto negativo de la caída en los precios. Aun así pretende pagar un dividendo de 18,75 billones para este año, aunque hay que destacar que el 98% de las acciones pertenecen al Gobierno.

Los miembros de la OPEP se encuentran ante una encrucijada, ya que la caída de los precios ha limitado sus ingresos, y, además, se han visto obligados a recortar su producción para equilibrar los precios; por lo tanto, venden menos y más barato. Incrementar su producción podría volver a inundar la oferta de petróleo, provocando una nueva caída en los precios.

Por otro lado, mantener los recortes a medida que se recupera la demanda debería generar una subida en los precios, pero podría despertar a los productores de fracking norteamericanos, a quienes a este nivel de precios todavía no les es rentable extraer petróleo. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y sus aliados aliviarán sus históricas restricciones a la producción este mes en una prueba para un mercado ya devastado por la pandemia.

La demanda de crudo debería avanzar en una trayectoria ascendente durante el último tramo del año, apoyándose en los extraordinarios estímulos de billones de dólares y las perspectivas de una vacuna para el Covid-19 que ayudaría a recuperar progresivamente la demanda. El transporte aéreo y por carretera ha quedado muy dañado por esta pandemia, y a medida que se controle debería aumentar exponencialmente.

La evolución de los precios seguirá muy ligada a las perspectivas económicas, y a pesar de que las inversiones continúan apostando ciegamente por una sólida y rápida recuperación, siguen existiendo diversas amenazas sin resolver que podrían impactar negativamente en el mercado. El mayor temor seguirá siendo el no saber hasta cuando seguiremos conviviendo con la propagación del virus, y en qué estado dejará la economía.

Desde los mínimos anuales, los precios del Brent se han apreciado un 130%, y desde principios del mes de junio cotizan dentro de un estrecho rango lateral entre los 40 y los 45 dólares por barril. El mercado del petróleo se enfrentará a un nuevo escenario durante las próximas décadas, pero lo que está claro es que en el corto plazo seguirá siendo determinante para el desarrollo industrial y para el transporte.

Joaquín Robles es analista de XTB