Socio fundador de Cervezas La Virgen

César Pascual: “Con la cerveza artesana la gente pilló la ola tarde”

La cervecera forma parte del gigante belga ABInbev, aunque los socios mantienen la gestión de la empresa, que factura 8,3 millones y da empleo a 120 personas

César Pascual, socio funadora de Cervezas La Virgen.
César Pascual, socio funadora de Cervezas La Virgen.

Ante la falta de perspectivas profesionales en España, César Pascual (San Sebastián, 1982) decidió marcharse con sus estudios de Administración de Empresas y de Marketing a San Francisco, donde comenzó a trabajar en la agencia de publicidad y comunicación Wikreate, en la que conoció a los que más tarde serían sus socios. Junto a ellos ­–Ana Coello, Jaime Riesgo y Javier Cerezo (este último se unió más tarde)– empezó a desarrollar la idea de elaborar cerveza artesana. A pesar de que confiesa que su llegada a la ciudad estadounidense fue un poco al estilo de Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí, pronto le llamó la atención que una de las capitales más tecnológicas del mundo prestara atención y rescatara oficios tradicionales, algunos de ellos en la industria de la destilería. Este fue el germen de Cervezas La Virgen, que cerró 2019 con unos ingresos de 8,3 millones de euros, un 67% más que el ejercicio anterior, y despachó casi dos millones de litros. Da empleo a 120 personas y está presente en países como Francia, Inglaterra, Holanda y Rusia.

¿La inspiración les llegó estando fuera?

Nos sorprendió mucho el auge de la cerveza artesana y fue ahí cuando se nos encendió la luz. La primera idea era abrir un brewery bar para hacer y consumir cerveza. España es un país cervecero, pero con poca cultura de cerveza. En 2010, dejamos la agencia en la que trabajábamos, volvimos a España y creamos La Virgen, en un callejón de Europolis y con una idea clara.

¿Cuál era?

Madrid se merecía tener una cerveza mejor que las que había. Queríamos ofertar más cerveza, y que fuera madrileña. Lo hacíamos todo, lanzamos nuestra propia distribuidora, elaborábamos nuestra cerveza rubia, la embotellábamos y la vendíamos. Nos enfocamos al canal horeca, que es el que te daba a conocer de verdad, y empezamos a crecer a un ritmo del 70%.

¿Con qué capital montaron la empresa?

Con 340.000 euros entre ahorros, créditos y préstamos de nuestros familiares. El proyecto era ambicioso. No queríamos una brewery house pequeña, sino algo interesante. Empezamos a duplicar la producción y enseguida la fábrica se quedó pequeña. Comenzamos también con los foodtrucks, que hasta entonces no estaban desarrollados en España, y tuvimos que ampliar capital, en 1,2 millones de euros dando entrada a socios minoritarios, de manera que en 2015 aumentamos la producción y la plantilla.

¿Recibirían ofertas por parte de los cerveceros?

Sí, pero veíamos que las cerveceras no entendían el mercado, y llegó un momento en el que el capital se acabó, teníamos una facturación de dos millones de euros, con 30 nóminas qye pagar y eso era una gran responsabilidad. Fue entonces, cuando en 2017 entramos a formar parte de ZX Ventures, una escisión del grupo de cervezas ABInbev, que decidió crear un club de cervezas artesanas. Les dijimos que queríamos tener el control y nos dijeron que sí. Nos compraron la compañía, nosotros llevamos la gestión y ellos administran el capital. Tenemos una relación que no es invasiva.

¿Cómo les está afectando la crisis?

Nuestro plan era crecer al 40%, pero todavía es pronto para ver la repercusión. Vamos a intentar facturar lo mismo que el año anterior, aunque la previsión era llegar a los 12 millones de euros. Esta crisis nos ha hecho el doble de daño porque también tenemos bares propios.

Pero España es un país cervecero.

Sí que lo es, y lo primero que hemos hecho cuando nos han permitido salir es ir a tomar una cerveza, pero para los cerveceros ha sido muy duro el golpe. Ahora hay que apoyar a la hostelería, lanzar campañas de apoyo a los hosteleros.

¿Cómo se compite en un mercado tan atomizado?

Con la cerveza artesana la gente pilló la ola tarde. Ha habido una criba y los que se mantienen son los que tienen una calidad buena. La Virgen está entre artesana e industrial. No somos una cerveza local porque se vende a nivel nacional. Somos un player importante, pero no podemos mirar de tú a tú a las industriales. Hubo un momento en el que surgieron muchos fabricantes de cervezas artesanas y nos hemos quedado las que mejor lo hemos hecho. Porque el producto ante todo debe ser bueno, además de tener buena imagen.

¿Por qué es importante la imagen?

Es importantísimo, por eso buscamos una imagen que conectara con la gente, la de una chica medio sevillana, con un logo que le quita la connotación religiosa, porque lo que transmitimos es que es una cerveza pura. El 10% de la producción se vende fuera de España y creo que nos representa. Hemos trabajado mucho la imagen. Somos cerveceros, marketinianos y empresarios. En España es tabú hablar de dinero, decir que ganas dinero y que tienes mentalidad ganadora. Parece que solo los fracasos te dan galones, pero la suerte se busca y nosotros hemos trabajado mucho, cargando y descargando, montando grifos y haciendo de todo. Tenemos el mejor trabajo, que es hacer feliz a la gente haciendo cerveza. Tenemos repartidas las funciones, pero sabemos hacer de todo, y esa es la clave, ya que todos los trabajadores saben que entendemos cada puesto de trabajo.

¿Cuál será el siguiente paso?

Que nos conozca más gente, y que sepa lo que hay detrás. El otro reto es que nos prueben, además de estar en más bares de barrio, aunque mi sueño es tener un grifo en la cervercería El Doble, en Madrid.

Normas
Entra en El País para participar