Señales de esperanza en Europa

Además de la descarbonización de la economía, los líderes deberían replantearse el marco regulador de la competencia

Terminada la primera mitad de 2020, no podemos sino asombrarnos por los acontecimientos que han ocurrido en cuestión de solo seis meses. Se han roto las fronteras en el frente monetario a ambos lados del Atlántico, se han puesto en marcha gigantescas políticas fiscales que todavía están en proceso, el proyecto europeo ha sido puesto a prueba, la mitad de los habitantes del mundo han sido confinados en sus casas en algún momento durante los últimos meses... pero, sobre todo, el número de fallecidos causados por la Covid-19 sigue aumentando.

El comportamiento del mercado de valores rara vez ha sido tan errático. De hecho, a una de las mayores caídas del mercado durante el primer trimestre de 2020, le siguió el mayor avance del mercado en solo 50 días. Los mercados bajistas y alcistas se redujeron en un plazo de un par de meses. El índice S&P500 tuvo su mejor trimestre desde el cuarto de 1998, con una ganancia del 20%.

Así, la dicotomía entre la realidad económica y el mercado bursátil no ha disminuido, ciertamente, aunque se podría señalar la mejora de las cifras del Índice de Gestores de Compra (PMI), los mejores datos sobre las ventas retail en Alemania o las alentadoras cifras de desempleo en Estados Unidos.

Queremos advertir de que no se deben extrapolar estas cifras para los próximos meses/trimestres y, por lo tanto, asumir una recuperación completa en forma de V como escenario base. Las cifras mensuales, como los PMI o los datos de empleo, pierden relevancia, ya que estos se dan a conocer después del Gran Confinamiento, con actividad casi nula en muchos sectores.

Las sólidas cifras mensuales sucesivas de desempleo en EE UU son ciertamente alentadoras, pero hay que ponerlas en la perspectiva correcta: de los 22 millones de empleos perdidos desde el mes de marzo, solo se han recuperado 7,5 millones. Con el reciente aumento de los contagios en varios estados del sur de EE UU y el consiguiente cierre parcial de algunos sectores de gran demanda de mano de obra, como el ocio o la hostelería, las nuevas cifras de desempleo serán menos estelares.

Creo que la razón más importante de la resiliencia de los mercados se debe a que los participantes del mercado se han dado cuenta, paulatinamente, de que ningún Gobierno de los mercados desarrollados recurrirá jamás a cerrar toda su economía, incluso si una segunda ola de contagios de coronavirus mucho más grande llega a nuestras costas.

Pero por el momento, en países como EE UU, la primera ola de contagios del Covid-19 no está todavía bajo control, lo cual impide una reapertura total de la economía. Por lo tanto, algunos subsectores (por ejemplo, los que dependen de las multitudes) seguirán sufriendo y tendrán que adaptarse a esta realidad de recuperación del 90% hasta que se disponga de una vacuna de forma generalizada, que limita los gastos de capital y de funcionamiento.

Esperamos que más empresas reviertan los despidos de personal (siempre que sea posible teniendo en cuenta los aspectos legales de los programas Kurzarbeit en la UE o los programas de protección de nómina en EE UU). Por lo tanto, deberíamos ser cautelosos al asumir que las sólidas cifras de venta al público retail que hemos visto en algunos países se mantendrán más allá de un corto período en el que se satisfizo la demanda acumulada.

El comienzo de la segunda mitad de 2020 también ha coincidido con la llegada de Alemania a la presidencia rotativa de la UE. Normalmente no nos preocuparíamos sobre qué país de la UE asumiera la presidencia y sus potenciales ramificaciones políticas o fiscales. Pero esta vez es diferente, y ya se ha puesto en marcha el plan de la UE Next Generation, de 750.000 millones de euros. La canciller alemana, Angela Merkel, con su vigor político, estará ansiosa por dejar una huella definitiva en la escena política europea antes de retirarse en septiembre de 2021.

Los fondos del plan Nueva Generación se dedicarán a descarbonizar y digitalizar la economía. Esta será también la dirección en la que se moverá el plan de recuperación de la Unión Europea: hacer todo lo posible para que nuestras economías sean más ecológicas y, por lo tanto, las empresas innovadoras que aborden el reto del cambio climático deberían estar en el centro de cualquier cartera orientada al largo plazo.

Además de la digitalización, el fortalecimiento de las cadenas de suministro locales o la inversión en innovación y educación para mejorar el capital intelectual de la UE, los líderes políticos también deberían replantearse el marco regulador de la competencia, ya que pone a las empresas de la UE de una amplia variedad de sectores con una gran desventaja frente a sus pares de EE UU o China.

En resumen, los mercados de valores ya han descontado un poco de normalización, aunque en algunos mercados emergentes o en Estados Unidos las autoridades no han podido desviarse de la curva de personas infectadas diariamente por el Covid-19. Es de esperar que el flujo de noticias sobre el número de casos empeore en algunos países, lo que podría causar algunos nuevos episodios de volatilidad del mercado.

Solo se puede considerar una reapertura total de la economía con una vacuna efectiva ampliamente disponible. Mientras tanto, los progresos en el fondo de recuperación de la UE podrían ser esperanzadores para Europa.

Alexander Roose es responsable de Renta Variable Internacional en DPAM