Siempre nos quedará el oro

Pese a que muchas de las Bolsas mundiales están acusando un crac histórico, la onza no ha cesado de apreciarse

Siempre nos quedará el oro

En un periodo marcado por la incertidumbre, el oro ha vuelto a destacar como el valor refugio preferido por los inversores. A pesar de que muchas de las principales bolsas mundiales están soportando la mayor contracción económica desde el crack del 29, la onza de oro no ha hecho más que apreciarse, hasta superar los máximos históricos alcanzados en 2011. Tras superar los 1.921 dólares, entra en un terreno desconocido sin ninguna señal de debilidad, por lo que cuanto mas se prolongue la desaceleración económica, mas recorrido al alza tendrá.

El recorrido hacia los precios mas altos en su historia comenzaron a mediados de 2019, cuando la Reserva Federal anunció su disposición a reducir las tasas de interés, para mitigar el impacto de las tensiones comerciales entre los Estados Unidos y China. Este movimiento se aceleró, a principios de año, debido al brote de coronavirus, que afectó negativamente al crecimiento económico a nivel global, empujando a los gobiernos y bancos centrales a aprobar programas de estimulo sin precedentes y enviar los tipos de interés a un terreno negativo.

La respuesta de las autoridades durante esta crisis ha sido muy diferente a la de 2008, ya que, en esta última, quedó de manifiesto que, si los mercados se quedaban sin liquidez, el efecto en cadena que producía era fatal. Por este motivo, desde el principio de esta contracción económica, gobiernos y bancos centrales se han asegurado de mantener la liquidez para evitar un nuevo crash financiero. Los principales objetivos se han centrado en mantener bajos los tipos de interés, para ayudar a los países a financiar la crisis sanitaria al menor coste posible, y a inundar el mercado de dinero para evitar otra crisis de crédito.

Esta intervención sin precedentes ha incentivado la inversión en oro, ya que las inyecciones en el sistema financiero ha debilitado al dólar y han provocado que los rendimientos de los bonos soberanos no cubran los efectos de la inflación. Uno de los mayores temores es entrar en un periodo de estanflación, una combinación de creciente lento y una inflación creciente que erosiona el valor de las inversiones en renta fija. La demanda de oro ha superado todas las expectativas, y es que las participaciones en fondos de inversión respaldados por oro han superado, en tan solo siete meses, el máximo anual establecido en 2009.

Aunque si ajustamos los precios a la inflación, el lingote de oro todavía se encuentra mas bajo que su máximo de 2011, y muy por debajo del pico histórico de 1.980. Otra de las particularidades de esta crisis han sido los problemas logísticos que existieron en el segundo tramo del año, con las restricciones en el transporte y la mayor parte de las minas cerradas, crecieron las preocupaciones sobre la escasez de lingotes disponibles. Esta situación generó distorsiones entre los precios en dos de sus principales mercados, Londres y Nueva York.

La evolución de las perspectivas económicas ha jugado un papel crucial en la evolución del oro, los gobiernos se han visto obligados a adoptar medidas extremas para frenar la propagación del virus, lo que ha desencadenado en una recesión a nivel global. Desde el inicio de la crisis, los inversores han tratado de agarrarse a todo tipo de factores cortoplacistas, apostando por una rápida y solida recuperación durante el segundo semestre del año.

El descenso en los contagios, la posibilidad de una vacuna antes de final de año, los buenos resultados de las empresas tecnológicas, la reapertura de las economías y sobre todo los estímulos de gobiernos y bancos centrales, han ayudado a mantener los mercados en unos niveles muy por encima a lo que se podría esperar de una contracción tan fuerte. Sin embargo, seguimos conviviendo con numerosos focos de tensión que podrían amenazar la ansiada recuperación.

La principal preocupación se sigue centrando en la propagación del virus, ya que podría obligar a los gobiernos a volver a paralizar parcialmente la economía. La curva de fallecidos a nivel global todavía no se ha aplanado, y existe el temor a que se produzcan segundas olas de contagios en el último tramo del año. Esta situación ha motivado a los bancos centrales a anunciar, que los tipos de interés se mantendrán bajos más tiempo de lo previsto.

Los datos económicos durante las últimas semanas, no están mostrando la fortaleza que se esperaba de ellos, porque se está empezando a dudar sobre la velocidad de la recuperación. Las tensiones comerciales entre EEUU y China continuando creciendo, y aunque durante los últimos meses las amenazas son verbales, en cualquier momento se podrían retomar las políticas arancelarias.

Según las últimas encuestas, Trump parte con doce puntos de desventaja de cara a las próximas elecciones, y está empezando a basar parte de su campaña en culpar al gigante asiático de la desaceleración económica. Les acusa de mentir sobre el origen del coronavirus, de no avisar a tiempo y de incumplir el acuerdo fase 1, alcanzado el pasado mes de enero. A medida que se acerquen las elecciones podríamos ver un endurecimiento de las posturas, disparando así la volatilidad.

Joaquín Robles es Analista de XTB