La inversión con la anestesia permanente de los bancos centrales

Las inyecciones del BCE sín limite son el escudo de protección contra el acoso de los mercados a los países y tesoros más endeudados y débiles de Europa

La economía mundial está en manos de los bancos centrales. En Japón, en EE UU y en Europa, y más pronto que tarde en China, las políticas monetarias son el ancla que estabiliza las finanzas mundiales y condiciona la mayoría de las decisiones de inversión. La globalización en el movimiento de capitales y en la actividad comercial ha activado la producción con estándares similares en todo el planeta y ha expandido las tendencias deflacionistas desde los países emergentes hasta los más desarrollados, hasta el punto de que el primer mandamiento de las autoridades monetarias es el combate a la deflación, más destructiva que su reverso, la inflación, contra la que habían luchado desde los setenta. Esta nueva misión, que Japón practica desde hace más de treinta años y Europa y EEUU desde la crisis financiera de 2008, obliga a mantener los tipos de interés en el cero nominal y practicar una expansión cuantitativa (creación de inmensas cantidades de dinero) para recomprar una parte importante de la montaña de deuda de las economías maduras.

En Europa esta práctica se ha generalizado y redoblado con volúmenes desconocidos tras el shock del Covid-19, que ha obligado a los Gobiernos a inyectar recursos presupuestarios, hasta el punto de poner en niveles de riesgo el endeudamiento público. Las inyecciones del BCE sín limite son el escudo de protección contra el acoso de los mercados a los países y tesoros más endeudados y débiles de Europa, entre los que podemos catalogar a España, y con el que trata de mantener la unidad de la política monetaria en toda la zona euro. Esta doble obligación de la autoridad de Fráncfort, el control de la inflación/deflación y la sobrevenida defensa de las finanzas públicas de los socios de la Unión Monetaria, se mantendrá una temporada muy larga, porque recomponer el crecimiento costará mucho esfuerzo fiscal y condiciones de crédito desconocidamente laxas.

Y este será también el escenario para los inversores, que se encuentran con la protección de estados y empresas por parte del BCE, en el que es complicado saber qué desempleño tendrían los bonos y las acciones sin la anestesia monetaria, pero donde parece evidente que habría muchos zombis deambulando con respiración asistida. Se trata ya de una situación estructural con la que hay que convivir y a la que hay que acoplar las decisiones; solo EEUU fue capaz de zafarse del oxígeno monetario por un tiempo limitado, pero la pandemia le ha obligado a volver a la protección de los activos y a los tipos en el cero nominal y real. El ahorro tradicional no está de moda con estas condiciones, como no lo está la deuda soberana emitida a coste cero. Solo el equity de empresas sanas parece una opción que combine rentabilidad y seguridad.