Los austeros presionan para rebajar el fondo y fiscalizar las reformas y el sur se une contra los vetos

La primera tanda de negociaciones mantiene la fuerte división entre los socios para sacar adelante el presupuesto y el fondo de reconstrucción

El tamaño del fondo de reconstrucción y del presupuesto europeo al que va asociado, así como la condicionalidad y gobernanza de las ayudas, están siendo los grandes puntos de discordia de una tensa cumbre en la que también se debaten las rebajas que quieren algunos socios en su contribución al marco financiero, la proporción de transferencias directas y créditos a devolver, y los criterios de reparto.

De las cantidades que finalmente se acuerden dependerá la potencia del fondo de recuperación poscoronavirus, pero también otras partidas como la Política Agrícola Común (PAC) o la cohesión, dos puntos, sobre todo el que atañe a la agricultura, cruciales para España.

La condicionalidad y gobernanza de las ayudas, por su parte, hacen referencia al tipo de reformas que las capitales tendrán que diseñar para poder optar a los fondos, y a la manera en la que estas reformas se acuerdan y supervisan, otro punto primordial para España (e Italia y Francia), que acepta que la mayoría cualificada del Consejo valide las reformas de carácter verde y digital que se presenten, pero que se niega a que los Veintisiete les den luz verde a través del consenso, un término que en la práctica da a los países capacidad de veto y un control máximo sobre sus vecinos.

En la cumbre, la alianza de los cuatro frugales (Países Bajos, Austria, Dinamarca y Suecia) se está haciendo notar, si bien los austeros nunca escondieron cuáles eran sus prioridades. Según explican fuentes comunitarias, Dinamarca está centrada en intentar rebajar las partidas del presupueto plurianual (propuesto en 1,074 billones de euros) y del fondo de recuperación (750.000 millones), así como la proporción de transferencias y préstamos (500.000 millones en subvenciones y 250.0000 millones en créditos).

Países Bajos y Suecia, por su parte, están volcados en la gobernanza de las ayudas y en el control y fiscalización de las reformas, señalan estas fuentes. El propio primer ministro neerlandés, Mark Rutte, lo ha explicado antes del inicio de la cumbre: "Si el sur necesita nuestra ayuda es razonable que pidamos claros compromisos en reformas. Si los créditos se convierten en subvenciones, las reformas son más cruciales". Países Bajos, además, tiene entre sus prioridades que estas reformas se decidan por consenso, y defiende a capa y espada la capacidad de veto.

Otro de los halcones, Austria, tampoco esconde su postura. Antes del inicio de las negociaciones, su primer ministro, Sebastian Kurz, ha explicado su alianza con los otros tres frugales para evitar que la UE se convierta en una "unión de transferencias permanente". Las mismas fuentes comunitarias explican que la postura austriaca tras las primeras conversaciones sigue siendo la misma.

El sur, representado por los ejecutivos de España e Italia, junto a Francia y Portugal, han formado un frente común durante la cumbre de líderes europeos para evitar que el desembolso del dinero del fondo requiera de la unanimidad de los Estados miembros, detalla Efe, y apuestan por la menor implicación posible de los gobiernos en este trámite. Así, lass delegaciones española e italiana están defendiendo que los países tengan un papel más técnico y, en todo caso, sin derecho a veto a la hora de evaluar los planes que tendrán que presentar los Estados para recibir la financiación.

En la propuesta del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, se apuesta por que los países tengan que aprobarlos por mayoría cualificada (el voto favorable del 55% de los Estados miembros que representen al menos el 65% de la población de la UE). Este planteamiento, que España, Italia y Francia no ven con malos ojos, implica de facto que los paíse austeros (más pequeños y con menos población) no puedan formar un bloque que llegue a ser vinculante.

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