España debe negociar el fondo de la UE con un plan de reformas

Debe estar preparada para actuar como una economía seria, capaz de cumplir con sus compromisos y de administrar los fondos de ayuda con eficiencia y solidez

El encuentro que mantuvo ayer Pedro Sánchez con la canciller Angela Merkel ha sido el plato principal de la ronda de contactos emprendida por el presidente antes de acudir a la cumbre que se inicia este viernes en Bruselas, con el fin de debatir sobre el fondo de reconstrucción contra la crisis del Covid-19. Pese al interés de España por cerrar cuanto antes el acuerdo, Merkel ha dejado claro que se trata de un tema complejo en el que existen serios puntos de divergencia, lo que hace improbable una aprobación esta misma semana.

España llega a la reunión tras la publicación de varios análisis macro que dibujan un panorama para la economía del país más oscuro de lo previsto. El último en este sentido ha sido el de los economistas del servicio de estudios de BBVA, quienes han empeorado sus estimaciones iniciales y esperan ahora una contracción del 11,5% del PIB en 2020 seguida de un rebote del 7% en 2021. Los datos de la entidad cifran en un caída del 22% del PIB el impacto de la crisis durante el primer semestre de este año, aunque prevén que el repunte desde el fondo de esa profunda sima se produzca ya en el tercer trimestre y alcance el 10%.

No hay duda de que España se juega mucho en la negociación sobre el fondo anticrisis, una iniciativa histórica en su magnitud con la que Europa se propone movilizar 750.000 millones de euros con un máximo de transferencias directas de 500.000 millones. Pese a ello, el Gobierno acude políticamente debilitado a Bruselas, tras el frustrado intento de situar a Nadia Calviño como presidenta del Eurogrupo, y sin credenciales económicas suficientes para demostrar una actitud proactiva frente a la crisis. A día de hoy, Sánchez todavía no ha puesto sobre la mesa los mimbres de un plan de choque integral para reconstruir la economía, más allá de la aprobación de paquetes de medidas aisladas para algunos sectores, planteados en algunos casos con acierto, pero sin que conformen un programa sólido de política económica capaz de afrontar una tormenta como la que vive Europa.

España tiene que acudir a Bruselas dispuesta a convencer a sus socios, especialmente a los más reticentes y más alineados con la austeridad, de que esta crisis exige ambición, generosidad y contundencia por parte de la UE. Pero también debe estar preparada para actuar como una economía seria, capaz de cumplir con sus compromisos y de administrar los fondos de ayuda con eficiencia y solidez. Ello implica diseñar cuanto antes un plan de reconstrucción que incluya reformas estructurales de calado y prepare la economía española para recuperarse lo antes posible y hacerlo de un modo equilibrado y sostenible.