Casado y el Gobierno de coalición, grandes perdedores

Feijóo triunfa desoyendo la estrategia de Casado, que ha sido un desastre en el País Vasco. Mientras, Podemos se deshace y el PSOE no recoge sus escaños

Las urnas han corroborado lo que habían detectado las encuestas: los ciudadanos quieren que les gobierne gente moderada, no políticos que les crispen y enfrenten, y por eso salen reforzados Alberto Núñez Feijóo e Íñigo Urkullu, dos líderes que son firmes en su discurso, pero tienen una cintura enorme para negociar y dan la sensación de que están siempre buscando soluciones para sus conciudadanos, no creándoles problemas.

Sin embargo, las encuestas no han sido capaces de detectar el desastre sin paliativos de Podemos. La formación de Pablo Iglesias y su confluencia En Marea se han quedado fuera del parlamento gallego y en el País Vasco han perdido prácticamente la mitad de sus diputados, pasando de 11 a 6, lo que les coloca en posición igual de irrelevante que la del PP. El batacazo en Galicia deja en discusión el presunto éxito de gestión de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, quien se ha empleado con fuerza en la campaña electoral y ya vemos con qué éxito.

Este desastre en el mundo Podemos tendrá consecuencias en el gobierno central, en la coalición de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, por dos razones. La primera porque va a generar inseguridad en Iglesias, lo que puede llevar a una sobreactuación en los próximos meses. La segunda, porque el PSOE apenas se beneficia de la caída de su socio.

Esta es la otra gran sorpresa de la noche, tampoco detectada por las encuestas, prácticamente todo lo que pierde Podemos se va a los partidos más radicales del ámbito nacialiasta-independentista, que alcanzan cotas históricas.

EH-Bildu, que todo el mundo sabe que es un partido de izquierda radical e independentista, alcanza 22 diputados, con lo que supera el récord de 21 que registró en las elecciones de 2012, justo después de la legislatura de 2009-2012 en la que no pudieron presentarse a las elecciones y que gobernó Patxi López con el apoyo del PP.

El Bloque Nacionalista Galego, que en su cuerpo alberga una doble alma nacionalista e independentista, según las corrientes, también supera el techo de 18 escaños que había logrado en 1997, en el momento álgido de Xosé Manuel Beiras. Los 19 diputados del BNG le convierten en líder de la oposición a Alberto Núñez Feijóo en detrimento del PSOE.

Pero por el lado de la derecha también las urnas han arrojado un panorama muy interesante, que permite concluir que ha habido poca alegría en las sedes de los partidos en Madrid. Ya hemos visto que ni el PSOE ni Podemos tenían nada que celebrar en sus sedes centrales, y en las de PP, Ciudadanos y Vox. El secretario general del PP, Pablo Casado, estará contento en público con la victoria de Feijóo, puesto que le permite utilizar un lenguaje triunfalista sin mentir. Sin embargo, todo el mundo sabe que el gallego ha ganado aplicando justo la medicina contraria que ha propugnado Pablo Casado.

En las elecciones de ayer se enfrentaban las dos estrategias diferentes que hay en el PP para afrontar la división del voto de la derecha. La que propugna Feijóo, que desde la moderación no quiere negociar nada con Ciudadanos y de Vox no quiere ni oír hablar. En cambio, Casado ha defendido a muerte una coalición con Ciudadanos y se ha rodeado en Madrid de algunos de los más radicales, como Cayetana Álvarez de Toledo (portavoz del Grupo Parlamentario del PP) y Teodoro García Egea, número dos del partido.

El resultado ya sabemos cuál ha sido. Núñez Feijóo ha sacado su cuarta mayoría absoluta consecutiva, con más apoyo que en las anteriores, y Ciudadanos y Vox siguen siendo partidos extraparlamentarios. En cambio, en el País Vasco, donde se ha aplicado la receta de Pablo Casado, el PP pasa de 9 a 5 diputados y los cuatro que pierde, tres van directamente al PNV y el otro a Vox. Es más, en realidad ha sacado cuatro, ya que uno de los cinco es de Ciudadanos. Hay que remontarse a 1986, a Alianza Popular para encontrar un resultado del PP tan malo en el País Vasco.

Los otros dos grandes partidos de derechas nacionales tampoco están para presumir con su diputado por Álava. Seguir extramuros en Galicia es durísimo para los dos y para Santiago Abascal tiene que ser insoportable que se le resista su tierra y el norte en general, ya que en las elecciones al parlamento nacional de noviembre pasado, cuando consiguió 52 diputados, tampoco logró representación ni en Galicia, País Vasco, Navarra, La Rioja, ni en tres provincias castellanas (Burgos, Palencia y Soria). En Ciudadanos estarán algo más satisfechos, ya que sus expectativas debían ser el diputado por Álava, que fue un gol que Inés Arrimadas coló a Pablo Casado.

A corto plazo, todo apunta que los resultados de este domingo 12 de julio traerán nervios al Gobierno y palabras mayores en el Partido Popular. Pablo Casado sacrificó a gente importante en el PP vasco, como Alfonso Alonso y Borja Sémper, que ayer estaban muy cabreados, ya que llevando razón, no podían alegrarse por la derrota de su partido. Rescatar a Carlos Iturgaiz ha sido una de las mayores torpezas que ha cometido la actual dirección del PP.

A nadie sorprenderá si en las próximas semanas, o quizás a la vuelta del verano, con el comienzo del nuevo curso, hay importantes cambios en la dirección del PP, de manera que Egea y Álvarez de Toledo pasen al baúl de los recuerdos. Lo bueno para el PP es que la victoria de Galicia deja claro el camino y el recambio en la dirección del partido para una nueva etapa en la que la bronca no sea la seña de identidad.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información y profesor de la Universidad Complutense