Las circunstancias aconsejan calma para las deciciones de inversión

El caso de España, además, tiene hechos diferenciales agravantes, lo que convierte su vuelta a la normalidad económica en un trecho más largo, más caro y más problemático

La evolución de la crisis sanitaria no es todo lo satisfactoria que las autoridades vaticinaban cuando estalló en febrero. Tras cinco meses completos y un azote muy virulento en el hemisferio norte, la pandemia sigue cobrándose cada día miles de infectados y de fallecidos en todo el mundo, con una incidencia todavía creciente en las latitudes donde arranca ahora el invierno, que desgraciadamente son las economías menos preparadas para enfrentar la crisis sanitaria, pese a que hayan observado estos meses qué se ha hecho bien y qué se ha hecho mal en el norte del planeta. Por ello, la economía mundial, como la salud, sigue amenazada, como constatan las ultimísimas previsiones del Fondo Monetario Internacional, y aunque en casi todos los países se haya admitido que hay que tratar de compatibilizar, con precisión, el combate al virus y el mantenimiento de la actividad productiva.

El caso de España, además, tiene hechos diferenciales agravantes, lo que convierte su vuelta a la normalidad económica en un trecho más largo, más caro y más problemático. Las propias estimaciones del FMI o las del Banco de España conocidas esta semana alertan de que, además de haber sometido al país a un confinamiento más estricto y más prolongado, las características de su actividad económica, muy ligada a la movilidad personal, al ocio y a la relación entre colectivos, provocan que registre las caídas más abultadas del PIB, y, lo que es peor, el mayor tiempo necesario para una recuperación que lleve la riqueza y el empleo al punto de partida. Si durante años y años el turismo ha proporcionado un plus de actividad y demanda, ahora hay que admitir que durante una temporada, lo escamoteará.

Por ello las empresas turísticas, cotizadas o no, han asumido ya un deterioro de sus cuentas para este y al menos el próximo año, a la espera de que una vacuna o un tratamiento eficaz someta al Covid-19, que lo someterá con relativa celeridad a juzgar por el esfuerzo que están haciendo farmacéuticas y laboratorios de todo el mundo. Entre tanto, las decisiones de inversión en torno a tales empresas, sean hoteleras, aerolíneas o gestoras de aeropuertos, deben ceñirse al largo plazo. Si es cierto que España se recuperará más lentamente, también lo es que la mayoría de las grandes cotizadas españolas tienen un muy elevado grado de internacionalización, lo que les aporta equilibrio en la actividad y en sus cuentas. Por tanto, manteniendo la cautela en las decisiones, compañías con anclaje geográfico diversificado, poca deuda, generación de caja y dividendos recurrentes y buenos equipos de gestión, siempre irán más rápido que la economía española, y sus títulos o sus bonos constituyen atractivos depósitos de confianza.