Bayer paga cara su fe ciega en la ciencia

Evaluó torpemente los riesgos de jugársela con los jurados de EE UU

Botes del herbicida Roundup, de Monsanto (Bayer).
Botes del herbicida Roundup, de Monsanto (Bayer). REUTERS

Bayer acaba de aprender una lección de 11.000 millones de dólares sobre el poder de las emociones humanas sobre la ciencia. Dedicar hasta esa cantidad para acabar con los procesos sobre si su herbicida causa cáncer es irritante, dado que el producto sigue siendo legalmente seguro. Y sin embargo, deja a los accionistas el legado tóxico de evaluar torpemente los riesgos de jugársela con los jurados de EE UU.

Pagará entre 8.800 y 9.600 millones en acuerdos extrajudiciales, y reserva otros 1.300 para otro proceso. Para los inversores, el único alivio es que esta saga envenenada, que Bayer absorbió con su adquisición del fabricante de Roundup, Monsanto, en 2016, está en su mayor parte a punto de terminar. Las sentencias a favor de los demandantes que sostenían que el producto les causó un linfoma no Hodgkin contribuyeron a laminar más de 30.000 millones de euros del valor de mercado de Bayer. La empresa, que ahora vale 68.000 millones, apeló los veredictos, señalando estudios que exoneraban a Roundup. Pero con miles de nuevos litigantes cada mes, Bayer se enfrentó a una batalla legal casi insuperable.

Perversamente, puede decirse que Bayer no ha salido mal parada. Dice que el coste a largo plazo de luchar en múltiples casos, así como el daño de reputación asociado, podría haber superado los 10.900 millones de dólares que ha reservado. Y per cápita, los pagos están lejos de ser generosos. El acuerdo asciende a unos 87.000 dólares por cabeza para hasta 125.000 litigantes, menos de la mitad de lo que pagó MSD en 2005 por su antiinflamatorio Vioxx.

Sin embargo, el momento del acuerdo, que se produce poco después de que un juez federal anulara el intento del Gobierno de California de poner advertencias sobre el cáncer en Roundup, podría atormentar a Bayer. Si los tres casos que siguen en los tribunales terminan a su favor, se enfrentará a acusaciones de haber despilfarrado el dinero de los accionistas para nada. Ello agravaría los dos pecados originales de comprar Monsanto: pagar demasiado y no comprender el riesgo de que los jurados se pongan de parte de los litigantes enfermos ante una gran empresa.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías