Más ayudas durante más tiempo y con más consenso político

El tirón del gasto público y la renuncia a ingresos tributarios inmediatos deben continuar, aunque para 2021 deba apostarse ya por avanzar hacia la consolidación fiscal

Durante las dos últimas semanas los empresarios más significativos de cada sector productivo están utilizando la plataforma dispuesta por la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) para marcar a los responsables políticos la senda que devuelva al país a un crecimiento sostenido, minimizando las pérdidas de empleo y de riqueza. Ayer repitió el ejercicio desprovisto de la supuesta parcialidad atribuible al empresariado y desde la institución del Congreso de los Diputados el gobernador del Banco de España, con un relato que empieza a calar consistente en prolongar el esfuerzo fiscal para proteger la mayor cantidad posible de tejido productivo, sea con ayudas directas a las rentas a través de suspensiones de empleo más prolongadas, sea con exenciones fiscales a las empresas, o con la extensión de avales para atender sus necesidades de crédito más perentorias. España no ha entrado todavía en una fase sólida de recuperación y muchos sectores dependientes del exterior y de una normalización de la demanda siguen necesitando el asidero público para no colapsar.

Tras una pérdida de producción que superará el 20% en este segundo trimestre que está a punto de concluir, la economía no brota con la intensidad necesaria como para volver al punto de partida en solo unos meses. La intensidad de la actividad turística condiciona mucho la consecución de la velocidad de crucero, y dado que la campaña de este año está casi echada a perder en lo que a visitantes extranjeros se refiere, las empresas precisan de muletas durante más tiempo, seguramente hasta que arranque la del próximo ejercicio, si todo ha ido bien, se ha extirpado el Covid y España ha recuperado la imagen de seguridad que antes tenía.

Por tanto, el tirón del gasto público y la renuncia a ingresos fiscales inmediatos deben continuar, aunque para el año 2021 deban elaborarse ya unas cuentas públicas que apunten a una consolidación fiscal a medio plazo, para asentar en el ánimo de los financiadores externos la confianza en las posibilidades de España y en su solvencia. Tal cosa solo se logra con crecimiento económico, y este a su vez solo será sólido si viene precedido o acompañado de una serie de reformas estructurales que siguen en España pendientes desde el verano de 2015, cuando la parálisis política secó las posibilidades reformistas por falta de mayorías y consensos. Un consenso que debe volver como empresarios y Banco de España reiteran si se quiere un sistema educativo eficiente, una digitalización multiplicadora de la productividad y un crecimiento potencial elevado que permita sostener un Estado de bienestar inclusivo, aunque tengan que mediar para ello retoques importantes en las pensiones y la función pública.