Bonos

Los fondos oportunistas desembarcan en los bonos de alto riesgo

Telepizza, Tendam, Cirsa o Codere, en el objetivo. Destacan Dryden, Baillie Gifford y otros ‘hedge funds’

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Los buitres ya han desembarcado en España. Un nutrido grupo de fondos oportunistas han afilado las garras sobre aquellas empresas que ven más débiles. Se trata de aquellas con rating de bono basura, hundido por las agencias de rating en los últimos meses, y que parecen verse abocadas a una refinanciación de su pasivo, como Telepizza, Cirsa, Codere, Haya Real Estate, Edreams o Tendam. Un momento en el que estos fondos quieren tener algo que decir.

Todo comenzó en marzo, con la explosión del coronavirus en Europa y el confinamiento de casi toda la población para tratar de controlar el virus. La economía se dio la vuelta y el mercado high yield –los bonos de empresas sin grado de inversión– se tensionó. Esta deuda experimentó una fuerte caída en su precio, lo que supuso una buena oportunidad de entrada para muchos fondos que buscan exprimir las oportunidades de las crisis.

No obstante, la estrategia de estos fondos suele ser siempre la misma. Se hacen fuertes en la deuda de una compañía para después forzar una negociación. Y, en ese caso, sus alternativas suelen pasar, bien por pedir un canje por nueva deuda que pague un interés mucho más alto, bien forzar una conversión de sus bonos en acciones y quedarse así con el control de la compañía.

En este panorama, un hedge fund ha puesto a las empresas españolas en el disparadero. Se trata de Dryden, que ha tomado deuda de Telepizza, así como de Codere y Cirsa. Otro nombre repetido es GLG, en Codere o Haya Real Estate, pero también Cordatus, Goldentree o Tikehau. El capital riesgo Montagu está también en los bonos de OHL, que se encuentra actualmente en plena entrada de los Amodio y negocia al tiempo con sus bonistas.

Otros fondos que han desembarcado en bonos de empresas españolas eran unos viejos conocidos del mercado español. En algunos casos, su apuesta se había centrado en tomar acciones para entrar en el capital de determinadas compañías, pero en este caso han optado por explorar la vía de los bonos. Un caso es el de Ameriprise –presente en la deuda de Cirsa, entre otras–, que estuvo presente en el accionariado de Telepizza. Ballie Gifford, que fue accionista de Dia durante la opa del inversor ruso Mijail Fridman, ha adquirido recientemente bonos de este grupo dedicado al negocio del juego y de Gestamp.

Empresas

Un caso paradigmático es el de Telepizza. Una decena de grandes fondos oportunistas han desembarcado en los dos últimos meses, tal y como publicó este diario. Son Halcyon, Babson, Aurium, Oak Hill, Golden Tree, Mackay, Cathay y Helaba. Se suman a otros hedge funds –que han estado presentes en restructuraciones de Lecta, Deoleo o Codere– que ya habían tomado bonos de Telepizza como Barings, Carlyle y Oaktree. Todos ellos se han organizado en dos grupos, que representan Houlihan Lockey y Rothschild, y negocian con la empresa una reestructuración para alcanzar hasta 115 millones.

La otra situación más compleja que afronta el mercado español es la de Codere. El grupo de juego retrasó un mes el pago del cupón de sus bonos y la semana pasada sufrió una rebaja de rating por S&P, que habla abiertamente de un impago. La firma ha encomendado a Credit Suisse y Bank of America la búsqueda de más de 100 millones en forma de un crédito. Paralelamente, han aflorado en sus bonos un nutrido grupo de hedge funds. Ya en 2014 los bonistas de esta compañía consiguieron arrebatarle la gestión y el control a la familia Martínez Sampedro.

La situación parece más tranquila para su competidor Cirsa. En manos de Blackstone desde 2018, el mercado confía en un fuerte espaldarazo de su accionista. De momento, la banca ya le ha confiado liquidez para pasar lo más delicado de la crisis. Esto no ha sido óbice para que se haya convertido en carne de presa para un nutrido grupo de hedge funds. Entre ellos, Fish Asset Management, Bankinvest, Ameriprise, Cadogan Square, Aurium, Willow Park, Dryden y Baillie Gifford, además de Prudential (un fondo que tuvo acciones de Telepizza antes de la opa de KKR y comprometió hasta tal punto la operación, exigiendo un alza del precio, que estuvo cerca de hacerla descarrilar) y el brazo de deuda de Carlyle, el gigante del capital riesgo con participaciones en Cepsa o Embutidos Palacios.

En WiZink, penalizado por la sentencia desfavorable del Supremo, Värde confía en que los blindajes al sector financiero mantengan a raya a los buitres. Otras situaciones están más enquistadas. Cerberus lleva negociando en torno a un año con el fondo Centricus para desprenderse del gestor inmobiliario Haya Real Estate. Otros vehículos han optado por posicionarse en los bonos que emitió en 2017 –como han hecho los hedge funds GLG, Cordatus, St James, Marlyle Park y Crosswaithe–, a la espera de que la operación salte por los aires.

Los vehículos con los que gestionan CLO

Productos apalancados. Muchos de estos fondos ostentan la participación en la deuda de las compañías citadas a través vehículos que gestionan CLO. Estos son productos en los que se paquetizan préstamos y bonos corporativos que después se venden a terceros. Así, una gran parte de los hedge funds han creado vehículos ad hoc para sacar partido de los CLO que también emplean para comprar deuda de alto riesgo. Los CLO se han puesto en el disparadero desde el inicio del Gran Confinamiento, por tener como subyacente deuda de comprometida calidad crediticia y que ha sufrido de una avalancha de bajadas de rating en los últimos meses.

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