Marc Puig da la bienvenida a un nuevo miembro en la familia

Incorpora Charlotte Tilbury, y debuta como presidente del Instituto de la Empresa Familiar

Marc Puig, presidente ejecutivo de Puig.
Marc Puig, presidente ejecutivo de Puig.

La saga de los Puig continúa, ahora con la entrada en el grupo de Charlotte Tilbury, la marca de maquillaje de las famosas. Marc Puig (Barcelona, 1962), cabeza visible y presidente ejecutivo de la marca con más de un siglo de historia, quiere recuperar la pujanza de su catálogo, que cuenta con enseñas como Paco Rabanne, Nina Ricci y Carolina Herrera. Además, acaba de ser nombrado presidente del Instituto de Empresa Familiar.

El 4 de junio anunció que ha comprado una participación mayoritaria en la británica Charlotte Tilbury, aunque no concretó el importe de la transacción, que el mercado valora en torno a los 900 millones de euros. La artista fundadora, que da nombre a la firma, mantendrá una participación significativa y permanecerá como presidenta y responsable creativa. La empresa española ha salido triunfante en una puja en la que también competían L’Oréal, Estée Lauder y la japonesa Shiseido.

Casado y con dos hijos, a Marc Puig le encanta el deporte, especialmente la vela. Su tío Enrique (hijo de Antonio, el fundador) fue presidente del Salón Náutico y del Real Club Náutico de Barcelona, y la compañía fue la patrocinadora principal de la Copa del Rey de vela durante más de dos décadas, hasta 2006.

Enrique Puig era amigo de Juan Carlos I, y Marc lo es de los reyes Felipe y Letizia. Desde 2008, en colaboración con el Club Náutico, la firma de belleza impulsa y patrocina la regata Puig Vela Clásica, que se celebra en julio en Barcelona. Al directivo le gustan también el esquí acuático y de nieve, el tenis y la bici, y colecciona de arte. La familia pasa los veranos en el Ampurdán (Costa Brava).

Miembro de la tercera generación empresaria de los Puig, Marc es el cuarto de los cinco hijos de Mariano, presidente del holding familiar, Exea Empresarial, y María Guasch Julià, perteneciente a una estirpe del textil catalán; ambos son mecenas de la Fundación Albéniz, de música clásica.

Marc se tituló como ingeniero industrial por la Universidad Politécnica de Cataluña, consiguió una beca Fulbright (de La Caixa) y se fue a estudiar un MBA a Harvard. Al terminar, fichó por una empresa líder en estrategia, pero los Puig tenían otros planes para él y le llamaron de vuelta. Trabajó cinco años como adjunto al director general de Antonio Puig SA (el nombre original de la firma) y como director de I+D y nuevos productos.

En 1995, le enviaron otra vez a EE UU, a Nueva York, a dirigir los negocios del grupo en Norteamérica: distribución y marketing de los productos de perfumería de Carolina Herrera, Nina Ricci y Paco Rabanne, al tiempo que lideraba Carolina Herrera en todo el mundo. En 2001 regresó a Barcelona para asumir la presidencia de la división de moda y supervisar las marcas. Asimismo, ocupó el cargo de vicepresidente sénior de desarrollo corporativo.

Lo más alto

En el marco de un detallado plan de sucesión, en 2004 los primos Marc Puig Guasch y Manuel Puig Rocha (se llevan unos meses y estudiaron juntos la carrera) fueron nombrados consejeros delegados. Tres años más tarde, el primero era designado presidente ejecutivo de Puig Beauty & Fashion (su nombre desde 1999; luego pasaría a ser Puig, a secas) y el segundo, vicepresidente.

La nueva dirección apostó por las fragancias de la cantante Shakira e incorporó la firma de moda Valentino (que en 2018 pasaría a manos de L’Oréal) y Jean Paul Gaultier, de la que Puig se hizo además accionista mayoritario. También siguió comprando marcas nicho. En 2013, la empresa, que tiene su sede repartida entre París y Barcelona, trasladó la de Francia de las afueras de la capital a los Campos Elíseos, y en 2014 inauguró la Torre Puig, en Hospitalet de Llobregat, diseñada por Rafael Moneo.

Hace unos días se oficializó el nombramiento de Marc Puig como presidente del Instituto de la Empresa Familiar (lo vicepresidía desde 2014), en sustitución de Francisco Riberas. Uno de los fundadores del organismo fue precisamente su padre, Mariano Puig. Cuando estudiaba en Harvard, le sorprendió que en el máster no hubiera ningún curso dedicado a este tipo de sociedades, así que con otra veintena de alumnos puso en marcha el Harvard School Family Business Club, donde recibían clases gratis de un consultor. En 2015, recibió el Kellogg Family Business Leadership Award, concedido por la North­western University, de Illinois (EE UU).

Es habitual de las charlas en escuelas de negocios; es miembro del Harvard Business School European Advisory Board y del IESE International Advisory Board. Aparecer en los medios le gusta menos, como es habitual entre los Puig. En 2017 entró en el neoyorquino Salón de la Fama de la Fragrance Foundation of Americaa.

La operación

Puig vende sus productos en 150 países y tiene presencia directa en 26 de ellos. Su nueva marca, Char­lotte Tilbury, ha crecido rápidamente desde su lanzamiento en 2013; en 2018 obtuvo 162 millones de euros de ingresos, cuatro veces más que en 2015. Según Dasha Afanasieva, analista de Reuters, Puig ha comprado barato, quizás por el efecto de la pandemia.

El grupo español deberá mejorar la rentabilidad de su nueva enseña, reduciendo costes y cuadros altos. Tilbury, que creció en Ibiza, se hizo un nombre trabajando con supermodelos como Kate Moss y actrices como Penélope Cruz. Para seguir explotando la posición de vanguardia de la marca y captar especialmente al público joven, Marc Puig tendrá que conseguir mantenerla a bordo... haciendo que se sienta una más de la familia.

La empresa

Puig obtuvo un beneficio neto de 242 millones de euros en 2018, un 6% más que el año anterior, y unas ventas de 1.933 millones.

El 86% de los ingresos los consiguió fuera de España: el 45% en el resto de mercados europeos y Estados Unidos, y el 41% en mercados emergentes.