La crisis sanitaria trae la explosión de la casa rural de lujo

Su amplitud y privacidad convierte a las villas más exclusivas en el refugio perfecto para este verano

Patio interior de la casa rural Villa Cornelius, en Las Herencias (Toledo).
Patio interior de la casa rural Villa Cornelius, en Las Herencias (Toledo).

Por más que revisa sus cuentas y sus reservas, María Alacuart, gerente de Villa Cornelius, una exclusiva casa rural de estilo toscano ubicada en Las Herencias (Toledo) y construida en 1799, no sale de su asombro. “Nunca nos había pasado esto. Tenemos ya reservada la casa para todo el mes de agosto. Y por una sola familia. La gente suele venir en fines de semana sueltos, pero nunca habían pensado en nosotros como un lugar para pasar todas las vacaciones”, explica Alacuart, que, al igual que el resto de hoteleros en España, se tiene que ir a principios de marzo para indicar las fechas de estancia de sus últimos huéspedes.

Después, el coronavirus destruyó una prometedora temporada de primavera y amenazó con hacer lo propio en verano. Mientras no haya rebrote, sin embargo, cada vez más casas rurales de lujo están dando a sus dueños la grata sorpresa de quedarse sin reservas disponibles mucho antes de lo que preveían. Es el caso de la Villa Cornelius, un establecimiento con seis habitaciones, piscina y amplios jardines, que ha sido alquilada por algo más de 300 euros la noche, unos 9.000 euros para todo el mes de agosto. El precio de sus habitaciones más caras en estancias más cortas supera los 600 euros.

El motivo lo apunta Rubén Pérez, jefe de distribución de Rusticae, un portal especializado en seleccionar lugares más o menos exclusivos en mitad de enclaves rurales y que ahora mismo trabaja con unos 200 negocios: “Los locales rurales que van a salir más reforzados de esta crisis son los de cierto nivel. En un hotel low cost la gente puede preguntarse cómo es posible que el establecimiento ofrezca más seguridad a cambio del mismo precio. Los más exclusivos solo tienen que hacer lo que ya hacían”. En esta carrera, explica, por primera vez, las casas rurales de lujo, más acostumbradas a alojar a miembros de una misma familia, parten con ventaja con respecto a los mejores hoteles rurales.

“Siempre nos hemos sentido un poco hermanos pequeños de los hoteles rurales, pero ahora podemos ofrecer a los clientes exactamente lo que quieren, que es exclusividad junto con la seguridad de que no van a entrar en contacto con extraños”, explica Alacuart. Este creciente interés se ve ya reflejado en cifras. En Rusticae, por ejemplo, afirman recibir entre 25 y 30 llamadas diarias preguntando por casas rurales cuando, precisamente, en el portal no disponen de más que de una treintena de ellas. El motivo es que la casa rural de alta calidad es un tipo de alojamiento que incorporaron hace apenas tres años, cuando, tras más de dos décadas trabajando el hotel rural, vieron que ciertas tendencias estaban cambiando entre sus clientes. “A principios de 2020 predijimos que este sería el año de la casa rural porque nos dimos cuenta de que las mismas parejas que iban a los hoteles rurales luego querían alquilar una casa con amigos. Pero nadie esperaba esto. Ha sido una explosión”, comenta Pérez. Concuerda Rafael Ausejo, consejero delegado de Ruralka, otro portal experto en turismo rural: “A muchos dueños de locales ahora les interesa más dar la llave a familias o grupos de amigos y olvidarse”. Su web, que suele gestionar entre 400 y 500 reservas semanales, notó un pico de actividad en las consultas por encima de un 50% a principios de esta semana, y han recibido un 30% más de llamadas. Los clientes se mueven ya en busca de planear sus estancias para el verano.

Este hecho está llevando a algunos hoteles rurales de alta gama a cambiar su enfoque. Es el caso de la Finca El Pao, un exclusivo hotel rural ubicado en el municipio de Jijona, en Alicante, que cuenta con seis habitaciones con terraza propia, cuatro hectáreas de terreno, piscina de 14 metros de largo por siete de ancho, spa, jacuzzi y sauna. Su precio por habitación oscila entre los 200 y los 300 euros por noche, y esto sin contar la habitación burbuja, su joya de la corona, una suite con las paredes y el techo transparentes que permite dormir mirando las estrellas: su precio por tres noches se va por encima de los 600 euros. Su primera decisión ha sido multiplicar el gasto en limpieza. Si antes en una habitación invertían una hora y media y unos 18 euros, ahora emplean tres horas, lo que se traduce en una inversión en cada estancia de cerca de 40 euros al día solo en desinfección e higiene.

Lo siguiente ha sido acercar el hotel al concepto de casa rural. “Hemos pedido que se ofrezca a los clientes la posibilidad de alquilar todos nuestros espacios para una sola familia o grupo de amigos. Es una opción que antes solo permitíamos en fechas especiales como Navidad”, relata Joris Hennecart, quien regenta el hotel y tiene buenas sensaciones con respecto a este verano: “Tengo fe en que será un año especial para nosotros. La gente que viene aquí lo hace sin miedo a un posible contagio”.

Pero para que el lujo rural consiga su objetivo de relanzarse antes que nadie, destaca Blanca Moreno, directora y propietaria del Molino de Alcuneza, en Sigüenza (Guadalajara), todos los establecimientos de este tipo tendrán que enfrentarse al reto de mantener un servicio del más alto nivel mientras se sostienen todas las medidas higiénicas, es decir, mantener a la vez cercanía y lejanía. Su hotel, que se asienta sobre un molino con 500 años de historia y cuenta con 17 habitaciones y su propio restaurante con estrella Michelin, no abrirá hasta el próximo 4 de julio. “Esperamos estancias algo más largas y vemos ya algo de interés, la gente está volviendo a pensar en el ocio. Pero este año reduciremos la clientela a menos de la mitad de nuestra capacidad. Creemos que este verano el turismo de lujo tendrá que ser más personal que nunca”, resume Moreno.

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