A los viajes les falta un largo trayecto para recuperar el ritmo

Los países con sistemas de salud mejor desarrollados, como Suiza y Nueva Zelanda, serán más atractivos

Playa de la Barceloneta (Barcelona), el viernes.
Playa de la Barceloneta (Barcelona), el viernes. GTRES

Nunca ha sido más cierto que el viaje es el destino. Los viajes han demostrado resistencia tras crisis anteriores, lo que sugiere que una vez se encuentre una vacuna, un tratamiento u otra solución para el Covid-19, los trotamundos inquietos volverán a empacar sus Samsonites con casi pleno vigor. Es probable que se produzcan cambios notables en los controles sanitarios y en los folletos.

Los efectos sin duda perdurarán. Ahí está Warren Buffett, cuyo horizonte de inversión es más largo que el de la mayoría, entre los preocupados por que perduren algunos cambios en los hábitos de viaje. Su holding, Berkshire Hathaway, ha abandonado sus grandes posiciones en cuatro aerolíneas de EE UU.

Hay razones para preocuparse. Hicieron falta casi dos años para que se recuperara la demanda de vuelos en América del Norte después de los ataques del 11S, según Morgan Stanley. Se espera que las pernoctaciones en el extranjero caigan este año un 20%-30% respecto a 2019, según la OMT, lo que supondría pérdidas de hasta 450.000 millones de dólares en ingresos. Tras la crisis de 2009, el descenso comparable fue de apenas un 4%.

Es probable que los viajeros se queden más cerca de casa al principio. Las vacaciones en coche dentro del país, por ejemplo, tienen más sentido en muchos lugares con los vuelos en tierra y las fronteras cerradas. Antes de planificar unas vacaciones de mayores dimensiones, tendrán que volver a abrirse los destinos más populares. Al no estar disponibles la mayoría de los parques temáticos de Disney y otras atracciones importantes, hay menos incentivos para embarcarse en un viaje a corto plazo. Pero, con el tiempo, aerolíneas, hoteleros y portales de reservas online deberían de poder empezar a atraer a los consumidores confinados con tentadores descuentos.

Con todo, los costes acabarán subiendo. Las aerolíneas pueden esperar cambios duraderos en sus estructuras de gastos. Así como una sola amenaza de bomba obligó a los pasajeros a quitarse los zapatos antes de embarcar, es probable que el virus marque el comienzo de una era en cuanto al uso de mascarillas. Controles de temperatura, una limpieza más profunda de los aviones y nuevos protocolos de embarque: todo ello consumirá más tiempo y dinero. Además, está la cuestión de los asientos intermedios vacíos.

Alrededor del 77% de los puestos deben llenarse para que las aerolíneas alcancen la rentabilidad, según la patronal Asociación Internacional de Transporte Aéreo.

Puede que algunos destinos tengan mejores tarifas que otros. Los países con sistemas de salud mejor desarrollados, como Suiza y Nueva Zelanda, serán más atractivos; ello supone un incentivo aún mayor para canalizar los fondos de estímulo del Gobierno a mejorarlos. Al menos algunos turistas ya están pensando en su próximo itinerario. El operador de cruceros Carnival dice que casi la mitad de sus pasajeros han optado por vales en lugar de reembolsos por los viajes cancelados, y planea reiniciar algunos trayectos en agosto.

Hay otros hechos algo alentadores, aunque Expedia y otros han retirado sus previsiones financieras y Delta Air Lines espera que la recuperación lleve de dos a tres años. Las reservas nacionales en la mayor agencia de viajes online de China, Trip.com, crecen rápidamente. Los viajeros adolescentes y veinteañeros están impulsando este mes la primera etapa de un rebote de la empresa (que tiene un valor de mercado de 15.000 millones de dólares), lo que indica que las generaciones menos reacias a correr riesgos ayudarán a encabezar la era pospandémica del turismo. Puede que ciertas operadoras, como Ryanair, con estructuras de costes más flexibles, estén mejor preparadas para afrontar la crisis. Podría ser necesaria (y permitirse) una mayor concentración empresarial.

Pero será más difícil moverse. Los países cautelosos ante un futuro contagio podrían endurecer sus fronteras y ampliar el alcance de lo que constituye un viaje no esencial. Los viajes de ocio también pueden volverse onerosos. Los documentos de inmunidad sanitaria podrían llegar a ser tan vitales como los pasaportes. Mientras, se espera que el tráfico aéreo mundial se reduzca a una tasa de crecimiento anual compuesta del 4,6% hasta 2028, desde un 5,1% estimado antes de la crisis, según UBS.

Los viajes de negocios parecen especialmente vulnerables. Se preveía que este tipo de gasto alcanzara los 1,7 billones de dólares en todo el mundo en 2022, según las estimaciones de la industria. Sin embargo, hay motivos para la preocupación, como la reciente retirada de dos inversores, la firma de capital privado Carlyle y el fondo soberano de Singapur GIC, de la compra de una participación en la compañía de reservas de hotel y pasajes aéreos corporativos American Express Global Business Travel, propiedad al 50% de American Express, y valorada en 5.000 millones de dólares.

Además, cuando la pandemia se apague, las empresas se habrán acostumbrado a trabajar a distancia y estarán dispuestas a mantener bajos los costes utilizando la videoconferencia para reunirse con los clientes frente al despilfarro de los billetes de primera clase y los congresos. Incluso un modesto golpe a largo plazo del 5% a este segmento del mercado haría que se derrumbaran muchas estrategias de negocio. En el golpeado sector de los viajes, esta área sufrirá las cicatrices más duraderas.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías