António Simões, un portugués con instinto precoz para la banca

El próximo jefe regional de Europa de Santander llegó a socio de McKinsey con 30 años y aspiró a dirigir HSBC

Antonio Simões, próximo responsable regional de Europa de Santander
Antonio Simões, próximo responsable regional de Europa de Santander

Una figura precoz de la banca europea aterriza en Santander para dirigir su negocio en el continente. António Pedro dos Santos Simões (Lisboa, 1975), que incluso aspiró a dirigir HSBC, se considera un portugués de pura cepa, pese a haber vivido en otros países durante toda su carrera.

Asumirá el cargo de responsable regional de Europa en septiembre, en sustitución de Gerry Byrne, que ha decidido jubilarse tras 50 años en banca. Simões tendrá responsabilidad en la gestión y supervisión de los negocios del grupo en Europa y le reportarán los jefes de país de España, Reino Unido, Portugal y Polonia. Además, formará parte del comité de dirección del grupo y reportará al CEO, José Antonio Álvarez.

Sus padres trabajaban en seguros, y él se graduó con honores en Económicas por la Universidade Nova de Lisboa. Pensó en hacer el doctorado en Harvard, pero decidió que era más interesante trabajar, y en 1997 fichó por McKinsey como analista de negocios en su oficina de la Península Ibérica.

La consultora le animó, como suele hacer con los analistas, a hacer un MBA, y él eligió un programa de la Universidad de Columbia (Nueva York), que incluyó un semestre en la Universidad Bocconi de Milán. Gracias a la potente formación en matemáticas de la Universidade Nova, afirma, pudo ser profesor ayudante de prácticas de Estadística y Microeconomía mientras hacía el máster.

Lo había intentado también con Stanford, pero le dijeron que era demasiado joven. Muchos portugueses, explica en el portal Time24, hacen el MBA en Insead, en Fontainebleau (Francia), porque es solo un año y está más cerca de casa, pero él “era bastante joven y quería estar en una gran ciudad como San Francisco, Londres o Nueva York. Lisboa es una ciudad muy pequeña en la que el 99% de la gente es muy homogénea y hay muy poca diversidad.”

Después de la metrópoli estadounidense le tocó el turno a la británica. En 2000, empezó a trabajar como asociado para Goldman Sachs en Londres, dando servicio a instituciones financieras de banca de inversión. Regresó a McKinsey, y con solo 30 años le nombraron socio, algo de lo que se siente especialmente orgulloso, incluso más que de sus cargos posteriores en HSBC, que también alcanzó muy joven. En McKinsey trabajó en varias geografías, atendiendo principalmente a clientes de servicios financieros, entre ellos Santander. Su trabajo se enfocó, entre otros temas, a la estrategia y la gestión de riesgos, con contribuciones a la revista de la consultora y otras publicaciones.

En HSBC

Fichó por HSBC en 2007 para dirigir las actividades de estrategia del grupo y M&A. En 2009 asumió también responsabilidades de planificación, y se trasladó a Hong Kong durante dos años. En 2011, recuerda, tomó hasta 58 vuelos de larga distancia. Ese año fue nombrado uno de los directores generales de grupo, y jefe de gabinete del CEO, Stuart Gulliver. Por entonces decidió visitar cada día una oficina del banco (centros de llamadas, etc.), para estar cerca de los empleados.

Regresó a Londres como jefe europeo de banca minorista y gestión de patrimonio, incluyendo la responsabilidad de gestión de activos y seguros. Poco después añadió el cargo de CEO para Reino Unido y CEO adjunto de HSBC Bank (servicios bancarios y financieros), la principal filial del grupo en Gran Bretaña y Europa continental. Con 37 años, tenía a su cargo 50.000 empleados y el 25% de los ingresos de la multinacional. En 2015, ascendió a CEO de HSBC Bank y CEO para Europa, y entró en el consejo del grupo y en el comité ejecutivo.

Tres años después le designaron consejero delegado de banca privada global, con efecto en 2019. Se habló de él para sustituir incluso a Gulliver, o para dirigir banca comercial, pero finalmente, a principios de este año, dejó la entidad en el marco de la gran reestructuración de HSBC, que iba a implicar 35.000 recortes de empleo y que ahora se ha puesto en pausa por el coronavirus.

Vida personal

Simões es uno de los ejecutivos homosexuales más conocidos del mundo, y él habla abiertamente de ello; tiene como referentes al CEO de Apple, Tim Cook, o Lord John Browne, exjefe de BP. Está casado desde 2007 con Tomás, un canario al que conoció en 2002, en la fiesta de cumpleaños de un amigo común, y que tiene su propia empresa del sector de los hedge funds. Viven con sus dos hijos en la capital inglesa, una ciudad que considera verdaderamente cosmopolita. “En Nueva York, aunque es más abierta que el resto de EE UU, todo el mundo intenta convertirse en neoyorquino, con una visión del mundo americana”. También gana en oferta cultural respecto a Hong Kong, destaca.

Adora la playa de Aljezur, en el Algarve, y los perros. En una entrevista publicada en Time24 en 2015, señalaba que su forma de ver el mundo tiene que ver con el carácter portugués: cierta sencillez de vida y humildad, que permite adaptarse bien al extranjero. Pero en su caso, añadía, se suman también ambición y confianza en sí mismo, “algo que falta” en su país.

No suele leer libros de negocios, aunque alguno cae. Practica yoga, y sin ser un fanático del fútbol, es aficionado del Sporting de Portugal, y del Chelsea, que entrenó José Mourinho, con quien suele coincidir en el Consejo de la Diáspora Portuguesa del Reino Unido, que reúne a lusos expatriados. El exentrenador del Real Madrid es, a su juicio, “el símbolo perfecto de la meritocracia”.

El reto para Simões al frente del negocio europeo de Santander es ahorrar 1.000 millones en costes a medio plazo y seguir simplificando el negocio y digitalizando los productos y servicios, en un entorno complicado e incierto por el Covid-19.

En la academia

António Simões cursó un programa de Dirección Global y Políticas Públicas de la Escuela Harvard Kennedy y el Foro Económico Mundial para Jóvenes Líderes Globales. Es un habitual de Davos.

De su etapa como profesor en el MBA de Columbia, recuerda con más agrado el contacto con los alumnos que la investigación, que le estimula menos en una ciencia no exacta como la economía.