Todas las armas y toda la munición para defender la economía mundial

Tal armamento y su disposición en tan escaso tiempo es un signo claro del triunfo de la globalización

Con la gran recesión de 2008-2009 y la réplica que tuvo en Europa hasta finales de 2012 por la crisis de deuda, se observaron movimientos de las autoridades gubernamentales y monetarias que nunca se habían ensayado, y se apostó a que sería realmente complicado que tuvieran que volver a repetirse. Cosas de la historia: apenas un decenio después se están viendo sobrepasadas tales maniobras de artillería pesada para aplacar a las fuerzas destructivas de la riqueza en todo el mundo, con armas de las que escasamente se había oído hablar en unos casos, y con algunas que la sempiterna ortodoxia prohibía disparar. La Reserva Federal de Estados Unidos compramdo deuda pública y privada sin límite de cantidad ni de tiempo; Alemania saltándose el mandato constitucional escrito de respetar el déficit cero; incluso admitiendo en Europa la posibilidad, que llegará aunque ahora no toca, de mutualizar el riesgo soberano con emisiones comunitarias de eurobonos; Europa descerrajando el candado que mantenía bien atado el control del déficit fiscal; expansión cuantitativa sin límites; etc. Tal ha sido la concienciación y tan rápida de la situación de emergencia sanitaria, económica y social a nivel global, que ahora todo vale. Los anatemas de ayer son preceptos divinos ahora.

Los gobiernos de las principales economías del planeta, los bancos centrales y las instituciones internacionales han movilizado nada menos que diez billones de euros en la última semana para frenar los efectos disolventes de la pandemia del coronavirus sobre la economía. Seis billones entre avales para créditos, gasto sanitario, ayudas directas a empresas o particulares, y compromisos de intervención directa con compras de deuda y acciones en el mercado, y hasta cuatro billones más contabilizando las inyecciones de liquidez a la banca y la liberación de capital y provisiones sobre los que se construía la solvencia de las instituciones financieras.

Tal armamento y su disposición en la primera línea de combate en tan escaso lapso de tiempo es un signo claro del triunfo de la globalización y de un vigoroso resurgimiento del multilateralismo que nunca debió abandonarse, pero que se había puesto en cuarentena por iniciativas nacionalistas y proteccionistas en los últimos años. El verdadero riesgo de tal operación es que los agentes económicos y financieros se acomoden a este nuevo ejercicio de salvamento y que se mantenga por demasiado tiempo. Sería poco edificante volver a anestesiar a los mercados, a eliminar las ventajas competitivas de los buenos gestores y a permitir la competencia desleal de agentes, empresariales y soberanos, que con evidentes signos de insolvencia deambularán como zombies entre los sanos.