La tormenta del virus desafiará a la alta flotabilidad de los cruceros

El sector ha superado sin muchos problemas otras crisis, pero esta vez puede ser más difícil

El crucero 'Grand Princess', en Oakland (California, EE UU).
El crucero 'Grand Princess', en Oakland (California, EE UU).

Una borrasca con forma de virus amenaza con hacer zozobrar a Carnival, la mayor compañía de cruceros del mundo. Dos de sus barcos se han visto afectados por brotes de coronavirus en poco más de un mes. Si las crisis pasadas sirven de guía, el golpe a las ganancias será dañino pero temporal. Aun así, atraer a los pasajeros más veteranos de vuelta a bordo puede ser más difícil esta vez.

La crisis comenzó cuando el crucero Diamond Princess fue puesto en cuarentena en Japón en febrero. Casi 700 de sus pasajeros han contraído el Covid-19, según la Organización Mundial de la Salud. La semana pasada, el Grand Princess sufrió un brote en la costa de California (Estados Unidos).

A la compañía dirigida por Arnold Donald le está costando cuantificar el daño financiero. En febrero, estimó que las ganancias caerían en 450 millones de dólares –una reducción del 15% en comparación con el punto medio de las estimaciones de los analistas para 2020– si la epidemia de Covid-19 la obligare a suspender sus operaciones en Asia hasta finales de abril.

Los inversores están asumiendo algo mucho peor. Tras una caída del 20% en el precio de las acciones el lunes, Carnival había perdido unos 15.000 millones de dólares en acciones desde el brote del Diamond Princess. Eso es casi 5 veces los ingresos netos de la compañía el año pasado. Su rival Royal Caribbean Cruises ha visto caer su valor de mercado en casi un 60%.

Si las crisis pasadas sirven de guía, tal pesimismo es demasiado sombrío. El hundimiento del Costa Concordia en 2012, en el que murieron 32 pasajeros, solo hizo una modesta mella en los ingresos de Carnival ese año antes de que la demanda se recuperara. La compañía sufrió cinco brotes distintos de enfermedades gastrointestinales en sus barcos solo en 2019, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. Sin embargo, las ganancias subyacentes siguieron creciendo.

Dados sus altos costes fijos, las compañías de cruceros responderán a la menor demanda ofreciendo tarifas a precio reducido. Luego compensan a bordo la pérdida de ingresos por los billetes: casi un tercio de las ventas de Carnival se derivan de extras como cenas prémium o excursiones en tierra. Las cancelaciones de reservas han aumentado este año pero no son generalizadas, según una fuente cercana a la compañía.

Aun así, es probable que la vulnerabilidad de los navegantes de mayor edad haga que muchos se desanimen. El Departamento de Estado (equivalente al Ministerio de Exteriores) de Estados Unidos ha aconsejado a todos los viajeros, especialmente a aquellos con problemas de salud subyacentes, que eviten por completo los cruceros. Mientras, los reportajes sobre pasajeros confinados en sus camarotes en los barcos afectados difícilmente ayudarán a extender el atractivo de los cruceros a los viajeros más jóvenes.

El pavor de los inversores a la zozobra financiera puede tenerlo difícil dada la resistencia histórica de los cruceros. Pero la flotabilidad del Carnaval está lejos de estar asegurada.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías