Una solución eficiente y sostenible para los residuos nucleares

El problema de la gestión de los residuos de las centrales es técnicamente compleja y políticamente ingrata, pero también ineludible

Tras un largo y accidentado proceso que ha durado más de una década y ha incluido el paso por los tribunales, el almacén temporal centralizado (ATC) de residuos nucleares que Enresa, la empresa pública que gestiona los residuos radiactivos, proyectaba construir en Villar de Cañas (Cuenca) muy probablemente no verá la luz. En el marco del nuevo Plan de Residuos Radiactivos, Enresa estudia dos posibles soluciones para sustituirlo: construir tres almacenes temporales distribuidos (ATD), que agruparían la gestión de los residuos de varias centrales –uno en Cataluña, otro en Almaraz (Cáceres) y otro en Garoña (Burgos)–, o mantener el modelo de los actuales almacenes temporales individuales (ATI), que tienen prácticamente todas las centrales, pero mejorados. De momento, y dado que ambos modelos tienen pros y contras no desdeñables, ni Enresa ni el Gobierno se han decantado por una solución, como tampoco han explicado oficialmente las razones que han llevado a desechar la construcción del ATC de Villar de Cañas y el coste real que tiene esa decisión. Como consecuencia de la paralización del proyecto, Enresa deberá devolver a las empresas constructoras de la obra civil principal del proyectado almacén los avales que presentaron en 2014 por valor de 26,8 millones de euros, además de reintegrarles el coste financiero que corresponda y que podría oscilar a priori entre 600.000 y 1,13 millones de euros.

El problema de la gestión de los residuos nucleares es técnicamente complejo y políticamente ingrato, una suerte de patata caliente que ningún Gobierno quiere asumir con gusto. Pero se trata también de una cuestión seria e ineludible, que urge resolver cuanto antes de la forma más eficiente posible y con costes razonables. De momento, la factura que ha consumido el proyecto del ATC de Villar de Cañas desde que fue aprobado en 2011 –y que no se limita al tiempo perdido, sino que incluye el coste económico que traerá consigo la cancelación y el resarcimiento de costes a las empresas– no solo debe ser explicada por el Gobierno, sino que debe servir para impulsar de una vez por todas una solución eficaz y sostenible al problema de los residuos nucleares. Pese a que la energía nuclear es una fuente en retroceso en una Europa que avanza hacia un horizonte de descarbonización y energías limpias, las centrales en activo seguirán generando y acumulando unos residuos altamente contaminantes que es necesario gestionar. Para ese objetivo, la transparencia, la eficiencia y la responsabilidad deben primar sobre los obstáculos y las reticencias políticas.