Jaén, ciudad de paso, puerta de Andalucía

La fortaleza árabe sobre el cerro de Santa Catalina domina el paisaje

Jaén
Vista de la ciudad de Jaén, con la torre de la catedral a la derecha.

La capital de la provincia con mayor número de espacios protegidos y de castillos y fortalezas de España se encuentra en un excepcional paraje rodeado de olivares. Jaén ha sido tradicionalmente un lugar de paso. También de frontera. Su relevancia estratégica como plaza fuerte en la frontera castellano-musulmana y su dedicación a la producción de aceite de oliva la convierten en una ciudad para visitar por su pasado histórico y por su presente como capital mundial del oro verde.

La parte más antigua de Jaén está dominada por la fortaleza árabe que se levanta sobre el cerro de Santa Catalina, desde donde se contempla una de las mejores vistas de la urbe y del valle del Guadalquivir; su figura domina el horizonte y da la bienvenida a los visitantes. El castillo de Santa Catalina alberga un interesante centro de interpretación de su historia. En esta privilegiada ubicación, el Parador también corona la ciudad.

Fue plaza fuerte en la frontera castellano-musulmana

A los pies del cerro, en torno a las iglesias de la Magdalena, San Juan y San Ildefonso, se extienden los barrios más antiguos de esta urbe andaluza. Pero, sin duda, el eje principal del casco histórico jiennen­se es la catedral, un monumental edificio renacentista del siglo XVI, que contrasta con el blanco de las modestas casas que lo rodean. En su interior, la sala capitular, la capilla mayor, el coro y la sacristía son excelentes muestras del arte de la época.

Las calles adyacentes al templo son las mejores para adentrarse en la gastronomía de la zona. El aceite de oliva, que se puede adquirir en cualquiera de las tres almazaras de la capital, acompaña la mesa jiennense. Recuperadas las fuerzas, el recorrido por la ciudad nos acerca a la arquitectura civil de Jaén, donde abundan las fachadas platerescas y los patios y escaleras renacentistas, con joyas como el palacio de San Francisco –hoy, Diputación Provincial– o el de Villardompardo, en cuyos sótanos se encuentran los baños árabes. Construidos en el siglo XI, conservan techos con ventanas estrelladas, arcos de herradura y delicados capiteles. Tienen una extensión de 450 metros cuadrados, lo que los convierte en los más grandes de cuantos se pueden visitar en España.

Cambio de uso

Entre los siglos XIV y XV, cuando dejaron de utilizarse como baños, sus salas se transformaron en tenerías y, posteriormente, a finales del siglo XVI, don Fernando de Torres y Portugal, conde de Villardompardo y virrey del Perú, edificó su palacio sobre los baños. A principios del siglo XX, junto con varias casas adyacentes, formaron parte del Hospicio de Mujeres, hasta que en 1913 fue descubierta una pequeña parte y, unos años después, los baños árabes fueron declarados Monumento Nacional.

Hoy, tras la restauración llevada a cabo, que mereció el Premio Europa Nostra, comparten escenario con el Centro Cultural Baños Árabes, que acoge el Museo de Arte y Costumbres Populares y el de Arte Naíf, con una variada programación de exposiciones, conciertos y conferencias.

El castillo de Santa Catalina.
El castillo de Santa Catalina.

La parte más moderna de la ciudad tiene como puntos centrales las plazas de San Francisco, de la Constitución y de Las Batallas. Amplias avenidas conducen al parque de la Victoria y al Museo Íbero de Jaén, cuyos fondos conservan una de las más completas colecciones de arte íbero conocidas.

En el lugar que ocupaba la cárcel provincial de Jaén, donde se registraron terribles episodios durante la represión franquista, se ha construido un edificio moderno, después de 19 años de proyecto y una inversión de 27 millones de euros aportados por la Junta de Andalucía y la Unión Europea.

El Museo Íbero es la mayor referencia mundial sobre este pueblo

Este museo único, inau­gurado en 2017, alberga 3.500 piezas recopiladas en esta comunidad, donde se encuentra el principal yacimiento de España de esta cultura. Este legado convierte al museo de Jaén en la mayor referencia mundial sobre este pueblo, y demuestran que la región ha sido desde la antigüedad un cruce de caminos.

Para completar esta escapada, una buena opción es descubrir los encantos de los parques naturales y las reservas de las sierras de Cazorla y Segura. Los campos de olivos y el río Guadalquivir, que atraviesa estas tierras, añaden un atractivo especial.

Guía del viajero

Tapear. Ir de bares en Jaén, cuya vinculación al mundo rural está muy presente en sus platos, es toda una experiencia; probablemente es el lugar que ofrece las tapas gratis más generosas del país, incluidas siempre en cada consumición. El Abuelo (Las Bernardas, 23); El Gorrión, la tasca más antigua de la ciudad (Arco del Consuelo, 7), y Panaceite, con un jamón extraordinario (Bernabé Soriano, 1), son solo tres de los muchos locales que pueblan la ciudad para hacer una reconfortante parada.

Dormir. El Parador es la mejor opción. Tras unos meses cerrado para su puesta a punto, acaba de reabrir este establecimiento emblemático que ofrece algunas de las mejores vistas de Jaén. Desde 115 euros.

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