El juego de las sillas en las empresas estatales italianas empieza a cansar

Sus consejos se renuevan cada tres años, un plazo demasiado corto para la planificación a largo plazo

Francesco Starace, CEO de Enel.
Francesco Starace, CEO de Enel.

El juego de las sillas musicales de la Italia corporativa está empezando a cansar. Los consejos de administración de la petrolera Eni, de la eléctrica y gasista Enel y de otras empresas respaldadas por el Estado que representan más del 40% del principal índice bursátil de Milán están a punto de ser renovados, como cada tres años. Esta rotación trianual permite a los políticos un exceso de poder de intromisión e inhibe la planificación a largo plazo. Mandatos más largos servirían mejor a Italia, y a los inversores.

Roma comenzará dentro de poco a hacer públicas sus propuestas de listas de candidatos a consejeros de las empresas cotizadas en Bolsa sobre las que ejerce influencia; los de presidentes y consejeros delegados de Eni –que vale 46.000 millones de euros– y Enel –84.000 millones– son los puestos más solicitados. También entrarán en juego los puestos más importantes de la empresa de defensa Leonardo, de Banca Monte dei Paschi di Siena, del operador de la red eléctrica Terna y del grupo postal Poste Italiane.

El proceso de selección es terriblemente opaco, y raramente predecible. Los frecuentes cambios de Gobierno casi siempre garantizan que haya diferentes políticos al cargo en cada renovación. Esta vez, por ejemplo, el Movimiento 5 Estrellas, que llegó al poder en 2018, tiene algo que decir. Los miembros de su partido han expresado su preocupación por la reelección del jefe de Eni, Claudio Descalzi, que está siendo juzgado por presunta corrupción, para un tercer mandato. Con el jefe de Enel, Francesco Starace, como posible sustituto, un cambio en la cúpula de Eni provocaría una reorganización de otros puestos de responsabilidad.

La incertidumbre sobre la renovación de cargos puede desalentar a los ejecutivos de las empresas vinculadas con el Estado a participar en negocios difíciles, pero potencialmente valiosos, en el período previo a la renovación del consejo.

El operador mayorista de redes de comunicaciones Open Fiber, que es propiedad en un 50% de Enel, por ejemplo, todavía no ha llevado a cabo una difícil fusión con la red de fibra de Telecom Italia. Un plazo de tres años también es demasiado corto para que un consejero delegado ejecute planes de negocios a largo plazo, como la transición a fuentes de energía más limpias.

Puede ser demasiado esperar que el Estado renuncie a tener voz y voto en sus antiguos monopolios. Cambiar los consejos de forma escalonada, si bien está considerados como una mala práctica por muchos inversores mundiales, serviría en parte para subsanar las deficiencias del proceso de decisión de Roma. Las funciones de consejero delegado y presidente de las empresas estatales podrían renovarse en diferentes momentos para evitar los problemas de gestión cada tres años. Como mínimo, Roma debe estar más abierta en cuanto a su lista de preseleccionados para los puestos más altos.

Por ahora, el Gobierno del primer ministro Giuseppe Conte debería centrarse en contener la propagación del coronavirus, en lugar de gastar su menguante capital político en desalojar a jefes admirados y de larga trayectoria como Descalzi en Eni o Starace en Enel. Con todo y con eso, están pendientes algunos cambios en las reglas.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías