Bonilla a la vista, las patatas fritas gallegas de Óscar

La escena de ‘Parásitos’ dispara las ventas de la marca, que despacha en Corea del Sur 40 toneladas de este producto

Imagen de la lata de patatas Bonilla a la Vista.
Imagen de la lata de patatas Bonilla a la Vista.

Lo que comenzó con el simple aviso de un conocido de la marca, que había visto que en una escena de la película coreana Parásitos, la gran triunfadora de los premios Óscar de este año, aparecía una lata de patatas fritas de Bonilla a la Vista, se ha convertido en una campaña de comunicación de gran éxito. El departamento de marketing de la firma gallega hizo el resto: recuperó la imagen, que lanzó a través de las redes sociales, y a partir de ahí se sucedieron las llamadas de los medios de comunicación, incluida la de The Guardian, que la pasada semana escribió sobre la marca.

Fundada en Ferrol en 1932 por Salvador Bonilla, padre del actual gestor, César Bonilla, de 87 años. Lo que comenzó como un negocio ambulante, de pueblo en pueblo vendiendo patatas fritas y churros en bicicleta, fue cogiendo forma al abrir la primera churrería en la citada ciudad gallega, para en 1949 abrir otro local en A Coruña. En los años cincuenta, la distribución de Bonilla a la Vista –el nombre se debe a que el fundador fue cabo de maniobra, y cuando volvía al barco gritaba “Bonilla a la vista” para anunciar que llegaba–, se moderniza a lomos de una moto Guzzi, con la que se venden las patatas, que ya iban envasadas en latas de un kilo.

Detalle de la fábrica de Arteixo.
Detalle de la fábrica de Arteixo.

A finales de la década aparece una fuerte crisis en la empresa, que deriva en tempestad, al no poder elaborar de forma artesanal los productos que comercializan, por lo que el fundador ordena parar la elaboración de patatas fritas y centrarse en los churros. Sin embargo, la idea no desaparece del todo y 30 años más tarde vuelven a freír patatas. Y esto es posible porque en 1988 cuentan con una fábrica de Bonilla a la Vista, ubicada en el polígono de Sabón, en Arteixo, la misma localidad en la que se encuentra Inditex.

En las siguientes décadas abren varias churrerías en A Coruña y comienzan a distribuir las patatas en el resto de España. En 2013 dan el salto al Reino Unido, llegando incluso al despacho del que era entonces alcalde de Londres, hoy primer ministro británico, Boris Johnson, al que parece ser que nunca le falta en su mesa una lata de Bonilla. En Francia también son bien recibidas: se venden en la selecta La Grande Épicerie de París e incluso firmas de moda, como Balmain, que utilizó la lata en la temporada primavera-verano de 2014, las lucen en sus campañas. A Corea del Sur llegaron en 2016, a través del distribuidor Farm Factory, país que se ha convertido en el segundo consumidor de la marca, con 40 toneladas de patatas de las 540 que producen al año. De estas, 60 toneladas se distribuyen en 20 países.

Las patatas no siempre son gallegas.
Las patatas no siempre son gallegas.

El secreto, afirma el responsable de marketing, Diego Armando García, se encuentra en la calidad de la patata, que no siempre es gallega, “compramos la mejor variedad allí donde la encontramos, y eso depende del clima y de la temporada”. El aceite que usan para freír es de oliva de la marca Abril, una empresa también gallega. La receta es aparentemente sencilla: “Se pela, se lamina, se sala y se fríe, se examina con una máquina que se llama ojo mágico, que selecciona las mejores, y se vuelve a hacer otra selección manual antes de envasarlas”. El siguiente paso es extraer el oxígeno de la lata, también se comercializa en bolsas, e inyectar gas inerte para que no se oxide el producto.

Escena de 'Parásitos', en la que aparece la lata de patatas.
Escena de 'Parásitos', en la que aparece la lata de patatas.

“El secreto es que no hay secreto”, señala el portavoz de la compañía, que ante este boom mediático han tenido que ampliar plantilla, que consta de 110 personas. “Nos ha crecido la demanda nacional, con los distribuidores nacionales y con otros nuevos interesados en comercializar nuestras patatas”, señala el director de marketing. Incluso la venta online, afirma, se ha multiplicado por 150. “Y no podemos dejar de servir a nuestros clientes, porque los dos contenedores mensuales que salen para Corea tienen que seguir saliendo”.

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