Merkel quiere que Sánchez ponga las pilas a la distribución

¿Hay alguna correlación entre la ruina de los agricultores y las grandes fortunas de los dueños de Lidl, Alcampo y Mercadona?

Merkel quiere que Sánchez ponga las pilas a la distribución

El pasado lunes, la canciller alemana Angela Merkel llamó a capítulo a los jefes de las cuatro grandes cadenas de distribución de Alemania, Lidl, Aldi, Rewe y Edeka. Merkel se presentó en la reunión acompañada de la ministra de Agricultura, Julia Klöckner, y el ministro de Economía, Peter Altmaier, ambos miembros del partido de Merkel, la CDU, el equivalente a nuestro PP. El propósito del encuentro fue muy claro, que paguen un precio justo a los agricultores y ganaderos y dejen de practicar dumping.

Al día siguiente de este encuentro en Berlín, nuestro ministro de Agricultura, Luis Planas, anunciaba, tras el Consejo de Ministros del martes, que iba a convocar a las grandes cadenas de distribución españolas para la semana que viene. Pero se le hacen largos los días y el miércoles Pedro Sánchez, desde Bruselas, entró ya en materia y se sumó a la idea de Merkel de apuntar directamente a las grandes cadenas de supermercados como causantes de la ruina que viven los agricultores.

La complejidad de los precios de los productos agrícolas se puede abordar desde diferentes perspectivas, pero básicamente desde tres: agricultor, intermediario y vendedor. El papel del intermediario y el vendedor está cada vez más solapado, en la medida que grandes centrales de compras tienen su propia red de venta, como son las grandes cadenas de supermercados e hipermercados. Además podríamos añadir otras perspectivas como la de las empresas de logística y la del consumidor final.

Curiosamente, en este caso, el consumidor final y el productor están prácticamente juntos. Los agricultores han conseguido ganarse el apoyo de los consumidores, que empatizan con ellos fácilmente. Agricultores y ganaderos han sido capaces de mostrar con transparencia al consumidor que lo que él paga es habitualmente cinco y siete veces más de lo que perciben. El consumidor, en general, entiende que el precio que paga es razonable.

El problema está entre los dos extremos de la cadena, entre el productor y el consumidor, y tomar medidas implica poner coto a la fuerza que ejercen los compradores sobre los productores. Por eso, Angela Merkel ha visto muy claro con quién tiene que reunirse y, de paso, le muestra el camino a Pedro Sánchez, quien debería tomar el liderazgo de las conversaciones. A no ser que quiera que se lo gestione Pablo Iglesias, como el salario mínimo interprofesional (SMI).

Hay algunas preguntas que nos ayudan a entender por qué Merkel pone el foco en el súper, mientras que en España algunos despistados lo quieren poner en el SMI. ¿Por qué los más ricos de Alemania, España o Francia son los dueños de los supermercados? ¿Se está produciendo un desplazamiento patrimonial desde el productor a los propietarios de las grandes cadenas de supermercados? ¿Es posible que haya alguna correlación entre la despoblación y la lista de ricos? Angela Merkel está convencida de que sí, por eso ha convocado a los dueños de Lidl y Aldi, cuyos propietarios, las familias Schwarz y Albrecht, respectivamente, son las primeras fortunas de Alemania, por encima de los dueños de los fabricantes de coches. ¿Quién es la segunda o tercera fortuna de España? Juan Roig, dueño de Mercadona. En Francia, Gérard Mulliez, dueño de Alcampo, es la cuarta fortuna; por detrás de las familias ligadas al lujo y la cosmética.

En España, y seguramente en toda Europa, es imposible hacerse rico labrando la tierra o criando ganado, aunque seas terrateniente como los duques de Alba. Ahora la lista de milmillonarios está llena de tenderos, a los que hay que reconocer el enorme mérito de haber desarrollado esos exitosos modelos de negocio. Pero si quieren que su modelo de amasar fortuna sea sostenible tienen que dejar algo en el camino. No puede ser que la clave de su negocio sea comprar tan barato que arruine al proveedor. Todo se sintetiza en la campaña que está haciendo Lidl: “El preciobajismo. El precio elevado a arte”. Lidl se define como “bueno, inteligente y preciobajismo”. Son mucho más listos en Mercadona: poca publicidad y mucha propaganda.

Estos mensajes de Lidl apelan a los agricultores y ganaderos tanto como El grito, de Edvard Munch. Es el momento de actuar, las organizaciones que defienden los intereses del campo tienen que coger al Gobierno por el real decreto y que tome medidas. Se están riendo de ellos por televisión y en prime time. Llaman “arte” a una columna de botellas de aceite de oliva a 2,20 euros el litro.

Merkel se lo explicó a los dueños del preciobajismo, no quiere que el Estado imponga precios mínimos, no; nadie quiere Venezuela. Se trata de mantener “relaciones justas entre los distintos actores del mercado, se trata de vender buena comida y asegurar que los agricultores ganen su dinero adecuadamente”, así lo recogía la publicación alemana Focus.

Por tanto, es mejor que el sector ponga voluntariamente fin al abuso, que se creen mecanismos para vigilar la avaricia y renuncien a explicaciones indignantes, como culpar a la subida del SMI. Esta fue la ocurrencia del presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, para defenderse de la manifestación que los agricultores le montaron, el 30 de enero, cuando iba a inaugurar con el ministro de Agricultura la feria agraria de Don Benito. Es una pena que un dirigente socialista de la región con la renta per cápita más baja de España caiga en esa trampa. Si el problema fuera el que él dice, el empleado del campo y el empresario ya habrían buscado la manera de saltarse la norma y que el trabajador le retorne parte de lo pagado, que es tan bajo que está exento de IRPF. Señor Vara, hasta al FMI y a la agencia de calificación S&P, todos ellos muy rojos, les ha parecido bien la subida del SMI. Donde está el peligro es en la contrarreforma laboral.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información y profesor de la Universidad Complutense