Los supervisores chinos reciben un cisne negro de regalo de Año Nuevo

Si tratando de complacer a Pekín desafían fundamentales genuinamente bajistas, podrían perder credibilidad

Oficina de intermediación bursátil en Pekín (China).
Oficina de intermediación bursátil en Pekín (China).

El Año de la Rata ha dejado un cisne negro en la puerta del presidente Xi Jinping. El índice de referencia de China, el CSI300, llegó a caer un 9,1% este lunes, después de que los traders que volvían de la semana de vacaciones del Año Nuevo Lunar se deshicieran de acciones por temor al impacto del coronavirus que ha matado a más de 360 personas. La caída, que recuerda el brutal crac de 2015 que laminó unos 4,5 billones de euros de las Bolsas chinas, podría ser difícil de frenar.

La fuerte reacción se vio agravada por el hecho de que los inversores no habían podido operar desde el 23 de enero, pero el motor económico del continente de 14 billones de dólares corre el riesgo de estancarse.

Las cuarentenas y el miedo están reduciendo el consumo de casi todo –excepto anticíclicos como medicinas y reparto de comida a domicilio– sin un final claro a la vista.

Morgan Stanley estima que solo el 12% de los ingresos de las empresas que cotizan en China se obtienen de las exportaciones. Un colapso prolongado podría alimentar el incumplimiento de los bonos y los préstamos, perjudicando a los balances de los raquíticos bancos y los endeudados gobiernos locales.

Pekín inyectó el lunes unos 1,2 billones de yuanes (155.000 millones de euros) en el sistema bancario, y el jefe del banco central, Guo Shuqing, que ha estado suavizando juiciosamente la política monetaria, bajando los tipos, tiene margen para reducirlos aún más.

Pero las medidas monetarias son arpones contra las olas cuando la confianza se apaga tan drásticamente. En 2015, un intento de reunir una “selección nacional” de empresas estatales para comprar acciones no logró revivir los índices, como tampoco las medidas de flexibilización del banco central.

La suspensión de los derivados no ayudó, mientras que la tolerancia oficial a las generalizadas e indefinidas suspensiones de cotización de valores enfurecieron a influyentes compiladores de índices como MSCI.

China ha intentado vacunar a los mercados contra sorpresas desagradables desde la última caída. Un aparato centralizado, que controla a los supervisores de acciones, banca y seguros, ha reducido el desorden burocrático que agravó la caída anterior.

La incesante represión de Guo del sistema de crédito paralelo (en la sombra) ha agotado los fondos de capital especulativo que recalentaron las acciones en su momento: los datos de Refinitiv muestran que la cantidad de margin loans (préstamos respaldados por acciones) pendientes se ha reducido a la mitad desde 2015, por ejemplo.

Sin embargo, nada de eso impedirá que la gente común se muestre pesimista acerca de lo que hará esta crisis de salud pública con el rendimiento económico y las perspectivas de las empresas, y que decida reducir su exposición a las acciones.

Si los vigilantes del mercado, tratando de complacer a Xi Jinping, intentan apuntalar el mercado desafiando fundamentales genuinamente bajistas, podrían perder la credibilidad que han ganado desde la última quiebra.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías