Los tipos de interés y la digitalización someterán a presión a la banca

No ha sido 2019 el mejor de los años para la banca, y no son mucho mejores las expectativas para este ejercicio y siguientes

Los seis grandes bancos españoles ganaron en los doce meses de 2019 13.592 millones de euros, un 19% menos que en 2018. Lo cierto es que en condiciones normales, tomando en consideración el negocio puro, habrían superado las cifras de resultados agregados del ejercicio 2018 casi en un 4%; pero la necesidad de atender provisiones especiales por deterioros de activos en determinadas filiales o por el coste extraordinario de ajustes de plantillas han supuesto la citada merma de los beneficios. Solo las tres mayores entidades españolas, Santander, BBVA y Caixabank, han tenido que hacer provisiones especiales que han cercenado sus cuentas en casi 4.000 millones de euros. Santander se ha apuntado 1.490 millones por el deterioro del fondo de comercio de su filial británica; BBVA ha contabilizado 1.350 millones por el mismo concepto en su negocio de Estados Unidos; y Caixabank ha contabilizado 978 millones por los ajustes de plantilla del ejercicio.

No ha sido 2019 el mejor de los años para la banca, y no son mucho mejores las expectativas para este ejercicio y siguientes. Aunque empiezan a aparecer muy tímidas señales en un giro en la tendencia de los tipos de interés, ahora en el cero por ciento o negativos, que podrían acentuarse con la modificación de la estrategia monetaria que prepara el BCE, el escenario de tipos mantendrá la adversidad para los bancos, con unos márgenes de intermediación tan estrechos que solo un volumen creciente en la cartera de crédito hará sostenible el negocio bancario. Dando por hecho que el capítulo de provisiones especiales por deterioros está tocando a su fin, como en condiciones normales estará también en fase final la escalada regulatoria y de exigencias de capital y las sorpresas judiciales por prácticas bancarias del pasado que han costado millonadas de dinero y de reputación a la banca, el retorno para el capital seguirá siendo muy modesto.

Tras un larguísimo ciclo de crecimiento mundial, se entra en un tránsito de actividad moderada en el que la banca debe hacer frente a una acelerada transformación de su negocio por la aparición de fintech muy activas, y de una relación con la clientela distinta y distante que obliga a una digitalización integral de su actividad, y que llevará aparejados dos fenómenos ineludibles para sobrevivir: reducciones de capacidad instalada adicionales a las ya experimentadas, y concentración de entidades a nivel nacional y europeo. Afrontar todos estos procesos (digitalización, adelgazamiento y concentración) no es una opción, sino una obligación de supervivencia para el medio plazo, y quienes más aceleren en su consecución tendrán una ventaja competitiva sobre sus pares.