Diez megatendencias en la economía mundial de la nueva década

Una globalización que tocará techo, una posible recesión y el desengaño sobre las políticas monetarias expansivas son algunas de ellas

Diez megatendencias en la economía mundial de la nueva década

Si el primer decenio del sigo XXI quedó marcado por la burbuja de las puntocom, durante los diez años que acabamos de dejar atrás, la crisis financiera mundial y sus consecuencias han sido los grandes protagonistas, dando forma a la situación económica actual.

Comenzamos este tercer decenio con un crecimiento económico global bastante modesto, presiones deflacionarias, tipos de interés en mínimos históricos, una población que envejece rápidamente, un planeta que está calentando –con las consecuencias económicas que esto puede tener– y unos niveles de deuda históricamente elevados, por nombrar algunos de los rasgos más destacados de la economía actual.

Según el Banco Mundial, en los últimos 50 años, la deuda global ha pasado de representar el 47% del Producto Interior Bruto global, hasta alrededor del 170% actual. La deuda soberana se ha duplicado, mientras que la deuda privada se ha multiplicado por seis.

Partiendo de este entorno, un reciente informe de Bank of América Merrill Lynch Global Research estima que en los próximos diez años habrá una serie de tendencias que alcanzarán un punto de inflexión. Apuntan a 10 megatendencias que posiblemente den forma a la economía global en la década que comenzamos: la globalización tocará techo, posible recesión, desengaño respecto a la efectividad de la prolongada expansión monetaria cuantitativa de los principales bancos centrales, demografía, cambio climático, robots y automatización, fragmentación de Internet, capitalismo moral, control inteligente generalizado de aparatos y mecanismos, acelerado con la implantación de las redes 5G, y expansión al espacio

Una de estas megatendencias es la probabilidad de una recesión global, teniendo en cuenta que la actual expansión de una década muestra signos de desaceleración. La última encuesta de gestores de fondos del BoAML revelaba que el número de encuestados que creían que la economía global está ahora en las últimas etapas de su ciclo alcanzaba niveles récord. Al mismo tiempo, la burbuja del mercado de bonos que ha llevado a los tipos de interés a mínimos históricos podría comenzar a desinflarse. Y, puesto que la política monetaria ha alcanzado su límite de efectividad, puede esperarse que la política fiscal tome el relevo para proporcionar la mayor parte del estímulo. Una situación que, desde el punto de vista del inversor, haría de inflación activos reales e infraestructuras los grandes ganadores del próximo decenio, con crecimiento, crédito y deflación en el lado opuesto.

El cambio climático es otra importante tendencia. Con una población mundial que el banco estima que aumente en 1.000 millones hasta el final de la década, no solamente podrían comenzar a escasear los recursos disponibles para sostenerla, sino que se podría agotar el presupuesto de carbono, acelerando el ritmo del calentamiento global y presionando la temperatura más allá de un punto de inflexión, con importantes consecuencias económicas, sociales y políticas. Hacia 2030, afirma el informe, “el cambio climático podría empujar a más de 100 millones de personas de los países en desarrollo más allá del umbral de pobreza”.

Una megatendencia que tendría un impacto enorme en la economía global, concretamente en el empleo, es la de robots y automatización. Un informe de 2018 del Foro Económico Mundial estimaba que, para 2022 sólo un 59% de las tareas realizadas en 12 industrias diferentes serán realizadas por seres humanos. Un porcentaje que se reducirá hasta sólo un 50% hacia 2035. La inteligencia artificial (IA) se espera que avance también notablemente, hasta tal punto que podría incluso competir con la de los seres humanos hacia 2029. Desde el punto de vista inversor, por tanto, automatización, fabricación local, big data (necesario para alimentar la IA) y la misma inteligencia artificial, serían los grandes ganadores, mientras que los perdedores serían los empleos y las cadenas de suministros globales.

También importante será la tendencia hacia un capitalismo moral, según el cual el principal objetivo de las compañías de maximizar su valor para sus accionistas dejaría de estar de moda. Las empresas se verán obligadas a considerar otras partes interesadas, como empleados, comunidades locales, proveedores y medio ambiente, tomando sus decisiones en base a los criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) para así conseguir atraer estrategias de inversión que ganan popularidad. Se estima que las estrategias ASG lleguen a sumar 20 billones de dólares de activos bajo gestión en los próximos veinte años. Por otra parte, parece bastante probable que la creciente desigualdad presione a la baja las abultadas bonificaciones de los consejeros delegados de las compañías, en favor de una mayor redistribución y de una renta básica universal.

El control inteligente generalizado de aparatos y mecanismos (internet de las cosas) es otra megatendencia, estimándose que 3.000 millones de personas se conectarán a un total de 500.000 millones de dispositivos hacia 2030. La interacción entre personas a través de dispositivos conectados a Internet, que actualmente sucede cada 6,5 minutos de media, pasará a suceder cada 18 segundos de media, lo que significa una interacción media con un dispositivo de 4.800 veces cada día. Con este volumen de tráfico, hacia el final de la década la 5G podría llegar a alcanzar su límite, haciendo que fuera necesario implantar una nueva tecnología 6G. Una de las consecuencias de este salto en conectividad sería el aumento de la ciberdelincuencia con el consecuente aumento de inversión en ciberseguridad para protegerse de ella, que se estima que podría alcanzar un coste del 7% del Producto Interior Bruto mundial hacia 2021.

Las otras cinco tendencias — la globalización tocará techo, desengaño respecto a la efectividad de la prolongada expansión monetaria cuantitativa de los principales bancos centrales, fragmentación de Internet y expansión al espacio– tendrán también un impacto significativo en la próxima década. Los responsables políticos habrán de enfrentarse a innumerables desafíos, al mismo tiempo que inversores y empresarios habrán de afrontar nuevos riesgos a medida que un nuevo mundo va tomando forma, con sus grandes retos, pero también con grandes oportunidades.

Paula Mercado es Directora de Análisis de VDOS Stochastics