Peio Belausteguigoitia, cuando mirar al pasado es ver el futuro

Con su designación como director de BBVA en España, el banco mira de nuevo a sus orígenes vascos y hacia reforzar su liderazgo digital

Peio Belausteguigoitia, director de BBVA en España.
Peio Belausteguigoitia, director de BBVA en España.

El estuario que forma la unión de los ríos Nervión e Ibaizábal, en el barrio bilbaíno de La Peña, en el País Vasco, no solo divide la zona del Gran Bilbao en dos en términos geográficos, sino que también lo hace con respecto a la renta. En la margen izquierda de la ría, localidades como Sestao y Barakaldo aún dejan notar su origen tradicionalmente obrero. A la derecha, enclaves residenciales como Getxo o Neguri exhiben aún, a través de sus grandes mansiones, el poder que alcanzó la burguesía de la región en mitad del auge de su industria. De esta última localidad eran precisamente los miembros de lo que dio en conocerse como clan de Neguri, los banqueros y empresarios que condujeron al Banco Bilbao Vizcaya a convertirse en una de las entidades más importantes del país. Lo lograron antes incluso de su unión, en los albores del nuevo milenio, con Argentaria, la banca pública puesta en marcha en los años de Felipe González. Estos días, en Bilbao muchos andan acordándose de nuevo de ellos. A esto ha contribuido, entre otras muchas cosas, el reciente nombramiento de Peio Belausteguigoitia (Bilbao, 1973) como director de BBVA en España, en sustitución de Cristina de Parias, que será consejera de la filial en México.

El movimiento es, en primer lugar, la consecuencia lógica a una trayectoria de ascenso meteórico, sin borrones, siempre con un ojo puesto en la innovación y otro en el cliente: “Las empresas, al igual que los particulares, demandan rapidez en la ejecución de sus procesos; disponer de herramientas que agilicen trámites que hasta ahora requerían presencia física, y por supuesto, tener todo en el móvil”, resumía hace un año el propio Belausteguigoitia en la web de BBVA acerca de su propia visión del nuevo panorama bancario.

Y eso que el bilbaíno, a priori, no encaja en la idea preconcebida que se puede tener de lo que debe ser un banquero de gran éxito: alguien agresivo, un tiburón de las finanzas con formación únicamente económica, nacido por y para los números y obsesionado con los balances de ingresos y gastos. Casado y con dos hijos, el nuevo responsable de BBVA España es, para empezar, un lector empedernido: de todo tipo de libros, de todo tipo de géneros. Además, lee periódicos en papel, lo que no es óbice para que vaya siempre pegado a la tableta.

A ello se añade su afición por la natación y por el Athletic Club de Bilbao, el club de fútbol romántico por antonomasia. Desde el entorno de la entidad, quienes han trabajado con él afirman además que se han encontrado a un trabajador incansable, pragmático, lleno de sentido común, pero también a un hombre de buen talante. Belausteguigoitia no es un lobo de Wall Street. No le ha hecho falta serlo.

Se licenció en Derecho y se diplomó en Económicas entre 1991 y 1996 en la Universidad de Deusto. Sus estudios en esta universidad vasca, que aún hoy figura en el cuarto lugar en el listado de universidades españolas más activas a la hora encontrar empleo para sus egresados, le abrieron importantes puertas. Eligió la del BBVA, donde ha desarrollado toda su carrera desde hace 22 años: un hombre de la casa.

Su trayectoria en el banco

En 1997 aprendió las bases del negocio en una unidad del Banco Hipotecario de la entidad, pero su figura comenzó a tomar relevancia a comienzos de la década de los 2000, cuando trabajó en el área de riesgos caminando siempre en el alambre. Le fue bien. Tanto, que en 2006 inició una etapa que ha resultado decisiva a la hora de ponderar a Belausteguigoitia como el candidato ideal para dirigir el destino nacional de la empresa: los territorios.

Hay pocos en BBVA que conozcan tan bien los procesos internos de la empresa como su nuevo director en España. Es la consecuencia de una odisea que arranca en 2009, cuando le nombran director de la red comercial de la dirección territorial noroeste, que engloba Galicia, Asturias y Castilla y León. Logró el control de estas comunidades, lo que le valió para ser, sucesivamente, director de la red de banca de empresas, corporaciones e instituciones (BEC) en el lugar y, finalmente, director territorial. El viaje, sin embargo, no terminó aquí. En 2014 pasa a controlar la dirección territorial este, con Comunidad Valenciana, Baleares y Murcia, y en 2015 se permite volver a casa momentáneamente para dirigir la territorial norte.

Pero fue a partir de 2017 que Belausteguigoitia logró el que ha sido sin duda su éxito más mediático. Como director de desarrollo de negocio, convirtió la app de BBVA en ganadora del premio Forrester, que reconoce a la mejor aplicación del mundo, durante tres años consecutivos. “Es fruto del trabajo constante de mucha gente y de una estrategia muy bien planificada y con un propósito muy definido”, decía al respecto en diciembre del año pasado.

El banco, como todos sus pares, se enfrenta a la inmensa dificultad de encontrar la rentabilidad en un entorno de tipos cero. BBVA también está atento a las posibilidades de fusiones de la industria, y al omnipresente proceso de digitalización, que está transformando para siempre la manera de trabajar de empresas y particulares. Muchos han subrayado este hito en la trayectoria de Belausteguigoitia como su principal baza.

Pero el nombramiento admite más lecturas. Tras unos años más que convulsos, con el nombre de BBVA vinculado al caso Tándem, al excomisario Villarejo, en prisión provisional, a los presuntos casos masivos de espionaje y a la imputación de todo un expresidente como Francisco González, se produce una vuelta a los orígenes vascos, al tiempo dorado de un clan de Neguri derrocado por el propio González merced a un caso de corrupción, los papeles de Jersey, unas cuentas opacas ubicadas en un paraíso fiscal de Reino Unido. Las pruebas en su contra, finalmente, tumbaron al expresidente Emilio Ybarra y a su directiva, y el eje del banco viró para mirar más a Madrid, a la capital. A Belausteguigoitia se le plantea un doble reto: superar el futuro y, también, el pasado.