El despido del CEO da a Boeing estabilidad... al menos temporal

David Calhoun ofrece esperanzas de restablecer las tensas relaciones con los reguladores y los clientes

Dennis Muilenburg, despedido como CEO de Boeing.
Dennis Muilenburg, despedido como CEO de Boeing.

La expulsión de Dennis Muilenburg del asiento de piloto de Boeing aportará cierta estabilidad, al menos temporalmente, a la compañía de 190.000 millones de dólares (170.000 millones de euros).

La decisión del consejo de administración de reemplazarlo por el actual presidente David Calhoun ofrece al gigante de la aviación la oportunidad de restablecer las tensas relaciones con los reguladores y los clientes. Pero su nombramiento, solo dos días antes de Navidad, también indica que los problemas con el 737 Max o la cultura ética de la compañía pueden ser más severos de lo que se suponía hasta ahora.

La nueva dirección no cambia el hecho de que Boeing se enfrenta a una crisis financiera. La puesta a tierra del avión desde marzo ha creado una enorme tensión financiera. Aproximadamente dos tercios de los beneficios del año pasado provinieron de la venta de aviones comerciales y el 737 representó cerca del 70% de los aviones entregados.

También tiene costes reembolsar a los clientes por los retrasos, mantener a los trabajadores cualificados en plantilla y apoyar a proveedores vitales. La empresa funde el efectivo y ha elevado su deuda en casi un tercio en el último trimestre, a 24.700 millones de dólares (22.300 millones de euros), pero eso no puede seguir así siempre.

El daño a la reputación a largo plazo es peor. Muilenburg prometió en múltiples ocasiones que el avión estaría pronto en el aire y no cumplió. United Airlines acaba de decir que no espera que el avión vuelva a estar en sus planes hasta junio. El jefe de la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés), Steve Dickson, tuvo que publicar un memorando instando a los empleados a “resistir la presión” para que el avión vuelva a volar antes de tiempo.

Calhoun ofrece esperanzas de un nuevo comienzo. La franqueza acerca de cualquier asunto pendiente con el avión debe ser la máxima prioridad. La expulsión de Muilenburg y que el avión siga en tierra pueden indicar que los reguladores del país o del extranjero requieren revisiones adicionales del software, la formación de los pilotos o en el peor de los casos, cambios estructurales en el avión mismo. También puede haber amortizaciones si Boeing cree que venderá menos aviones.

Calhoun también debe reenfocar la compañía hacia sus raíces de ingeniería –en lugar de complacer a Wall Street con márgenes crecientes y distribuciones de capital– y diseñar aviones seguros y de vanguardia.

Su experiencia en el manejo del negocio de motores de General Electric y una década como consejero de Boeing ayudarán. Desafortunadamente, sus antecedentes como contable cualificado, agravados por el hecho de que estaba en el consejo de administración durante el desastre del 737 Max también pueden indicar que la compañía no ha vuelto realmente a la religión de antaño.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías