Bailey es una opción segura para el Banco de Inglaterra..., pero no del todo

Su historial refleja renuencia a reaccionar a las intromisiones del Gobierno

Andrew Bailey, CEO de la FCA del Reino Unido y nombrado gobernador del Banco de Inglaterra.
Andrew Bailey, CEO de la FCA del Reino Unido y nombrado gobernador del Banco de Inglaterra.

El Banco de Inglaterra va a sustituir a alguien que parece una estrella de cine por alguien que parece, bueno, un director de banco. Cuando el gobernador titular, el canadiense Mark Carney, se vaya en marzo, su reemplazo será Andrew Bailey, anunció el viernes el Banco de Inglaterra. Aunque el candidato elegido parece el más cualificado de los que se presentaron, no es la opción más segura en todos los sentidos.

Como señalamos en abril, Bailey siempre fue el favorito. En comparación con otros candidatos, merecía las mejores notas tanto por su alto nivel de conocimientos sobre banca central como por su experiencia macroprudencial.

Eso es así en parte por su actual papel como consejero delegado de la Autoridad de Conducta Financiera (FCA, por sus siglas en inglés), centrada en el consumidor, y en parte por puestos anteriores como un eficiente mandato al frente de la Autoridad de Regulación Prudencial que elevó los niveles de capital de los bancos del Reino Unido después de 2008. Eso lo convierte en una apuesta más segura que los actuales vicegobernadores Ben Broadbent y Jon Cunliffe, y la exvicegobernadora Minouche Shafik.

Bailey también es posiblemente un candidato más adecuado para el Reino Unido de 2019. Cuando se nombró a Carney, en 2012, el Reino Unido estaba gobernado por un Gobierno de coalición comprometido con el internacionalismo liberal, y estirarse el bolsillo para garantizarse los servicios de un candidato estrella global encajaba con el estatus del Banco de Inglaterra como integrante de la élite de los bancos centrales. Desde que Gran Bretaña votó por abandonar la Unión Europea, en 2016, Carney ha sido blanco de las críticas por su supuesto sesgo anti-Brexit. La posición hasta ahora relativamente neutral de Bailey sobre la salida de la UE significa que hay posibilidades de que las relaciones gubernamentales sean más armoniosas.

Sin embargo, incluso Bailey puede tener dificultades para evitar la confrontación. El propio análisis del Banco de Inglaterra sugiere que el proceso del Brexit será perjudicial en lo económico, especialmente si el primer ministro, Boris Johnson, amenaza con cortar abruptamente los lazos con Europa el año próximo. Bailey estará dividido entre enfadar a su empleador y socavar la integridad de su propio personal.

Mientras tanto, el historial de Bailey en la Autoridad de Conducta Financiera es variado. Podría decirse que estuvo lento en tomar medidas enérgicas contra los fideicomisos de duración indefinida y el controvertido gestor de fondos Neil Woodford. También propuso diluir las reglas de cotización del Reino Unido para acomodar una posible emisión de Saudi Aramco en Londres.

Esto último sugiere una renuencia a reaccionar cuando choquen los intereses regulatorios y del Gobierno central. Si el Gobierno de Johnson trata de cargarse las regulaciones para convertir Londres en el Singapur del Támesis, o quiere que el Banco de Inglaterra ayude a permitir grandes planes de gasto, Bailey se encontrará en una situación difícil.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías