Riviera Nayarit: ‘road trip’ por la costa oeste mexicana

El tesoro del Pacífico se esconde entre la selva y la espuma

Nayarit
Ruta en barcaza por La Tovara, una jungla de manglares y canales en San Blas con gran biodiversidad.

El suave picor del sol antes del atardecer, el olor del salitre y de la parafina de nuestra tabla preparada para las poderosas olas que bombardean el litoral nayarita. En la arena dorada aparece el aroma del pescado zarandeado en una palapa entre palmeras que se mecen con el viento. Y en el asfalto, una ruta, la 200, que discurre en paralelo a esta costa salvaje de México.

Aquí encontraremos pueblos de pescadores y hasta uno mágico entre 307 kilómetros de playas vírgenes, manglares y selvas que se propagan desde la serranía interior hasta el Pacífico como ese espíritu de libertad y de buena vibra que nunca termina. Hablamos de uno de esos road trip playeros que hay que hacer una vez en la vida, y no tiene por qué ser en California. Ándele pues a Riviera Nayarit.

La carretera 200

En el estado de Nayarit, entre Sinaloa y Jalisco, se creó hace poco más de diez años esta marca turística para competir con los gigantes del todo incluido, con bastiones como Punta Mita y Nuevo Vallarta. Sin embargo, hoy cambiamos el green por la ola y vamos en busca de la esencia huichol (prehispánica), del santuario del jaguar y del estilo boho-chic. El tesoro del Pacífico mexicano, como se conoce a la zona, recibió 2.683.000 turistas en 2018 a una temperatura media de 25 grados.

Nuevo Vallarta, pegado a Puerto Vallarta, es la principal puerta de entrada junto a Tepic, la capital estatal. La carretera federal 200 bordea la bahía de Banderas hasta Punta de Mita, donde la tradición convive con el glamur hotelero.

Islas vírgenes, playas surferas y cultura huichol en el destino de moda

Desde el embarcadero de El Anclote, partimos en un recorrido en lancha de tres horas (90 euros) para explorar el Parque Nacional Islas Marietas. Los volcanes submarinos confeccionaron este conjunto de 19 islitas donde se avistan ballenas jorobadas y donde anida el pájaro bobo de patas azules en esta Reserva de la Biosfera. Sus aguas transparentes y arrecifes de coral son ideales para el buceo, y parajes paradisiacos como Playa Escondida siguen siendo paradisiacos porque solo pueden entrar 15 personas a la vez y 116 al día cruzando a nado el túnel de la Isla Redonda.

Mágico y surfero

Surfistas en Sayulita.
Surfistas en Sayulita.

Entre el verde de los cerros selváticos y el azul del Pacífico, volvemos a la carretera. En media hora nos descubre otro tesoro: Sayulita. Esta pequeña localidad, condecorada como Pueblo Mágico y como icono de la cultura surf de México, recibe al viajero con sus calles de adoquín, sus fachadas de colores y techos de palma, además de ese espíritu de paz y amor sesentero. En su playa se congregan surfistas de toda Norteamérica, dispuestos a cabalgar sus olas tubulares, y en torno a su plaza, bares, galerías, tiendas y cafés con esa estética boho-chic tan característica.

Deguste la inmensa variedad de mezcales, tequilas y raicillas en Sayulita Wine Shop; descubra la artesanía huichol en Zapotec; pruebe el café en Chocobanana o el atún del Don Pedro’s, a pie de playa. Justo al lado se localiza San Francisco, más tranquilo, más cultural y más conocido como San Pancho. Pasee por su enorme playa de fuerte oleaje o por su avenida principal, entre restaurantes como Las Palmas y en galerías de arte. Alójese en el coqueto hotel Cielo Rojo y descubra el espíritu de comunidad de Entre Amigos, donde tienen lugar talleres educativos y labores de reciclaje.

Cocodrilos en San Blas

El viaje por esta carretera de suaves curvas y túneles de árboles continúa por enclaves como Lo de Marcos o el Rincón de Guayabitos y con paradas estratégicas en palapas (chiringuitos) y puestecitos para probar el coco, la piña o la yaka.

Parque Nacional Islas Marietas.
Parque Nacional Islas Marietas.

Rumbo a San Blas por la carretera 16 y sin perder de vista el Pacífico, nos detendremos en la bahía de Matanchén para explorar las entrañas de los manglares de La Tovara. Don Chencho nos guía en su barcaza por esta jungla de mangle y la laguna de Camalota, donde habitan 199 especies de aves y donde siempre aparece algún cocodrilo. Es más raro ver jaguares, aunque haberlos, haylos. Como mosquitos.

San Blas es un pueblo tradicional de pescadores que se fundó en el siglo XVIII entre la selva del Cerro San Juan, el estero El Pozo y el río San Cristóbal como el más importante astillero del Pacífico. De su pasado colonial se conserva la Contaduría, la iglesia de Nuestra Señora del Rosario y la de Fátima.

Guía de viaje

Riviera Nayarit: ‘road trip’ por la costa oeste mexicana

Dónde comer. Este es el hogar del tlaxtihuille, del pescado zarandeado, del tamal de camarón, del atún y pez vela ahumados, de los ostiones y los camarones. La chef Betty Vázquez es la mejor embajadora de la tradición culinaria nayarita, que defiende en su restaurante Delfín del hotel Garza Canela en San Blas. Para una dorada o un pargo zarandeado en plena playa y bajo una palapa, apueste por las Islitas en Bahía de Matanchén.

Dónde dormir. El Garza Canela es un complejo en San Blas con 50 habitaciones y suites, piscinas y jardines ideales para familias con niños. Para parejas, en San Pancho se encuentra el hotel boutique Cielo Rojo, de diseño excéntrico, personal joven y agradable y una cocina creativa que descubrirá en sus desayunos.

Dónde surfear. Las playas de Sayulita y San Pancho son las más populares para ir a la caza de las olas. Sin embargo, San Blas cuenta con la más larga del mundo. Alquile su tabla o reciba un curso en Stoners Surf Camp, en Playa del Borrego.

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