El voluntariado llega donde la economía no puede

La regulación de esta actividad social es muy completa y extensa

E n esta última parte del año comienza puntualmente una campaña de recogida de alimentos para distribuir entre las familias menos favorecidas. Acuden al reparto cientos, miles de voluntarios que con un gran sentido social apoyan este proyecto. La regulación del voluntariado es muy completa y extensa. Recientemente se ha publicado en el BOE la Ley del Voluntariado de Extremadura, una normativa muy completa para aplicar en esta comunidad que establece una serie de normas regulatorias en las que se desarrollan los aspectos más importantes de la actividad voluntaria. Contiene la forma de aplicación de este valioso apoyo social y como señala su preámbulo, nace del diálogo social para acoger las expectativas de la ciudadanía.

Todos conocemos a cientos, miles de personas entregadas al bienestar de los demás. Dedican su tiempo y actividad a trabajos no remunerados que ayudan a los más necesitados, unos por sus creencias religiosas y otros por su inclinación a dedicarse a los menos favorecidos, bien sean los que van a misiones en lejanos países para prestar atención a niños, ancianos y asistencia sanitaria a poblaciones, como los que sin desplazarse, tanto particulares como entidades públicas, tienen la decisión de ser útiles al colectivo social. Muchas personas mayores que disponen de tiempo libre se ofrecen a visitar a enfermos y acompañar a los que viven solos y necesitan atenciones que alivien su soledad. También hay que resaltar a profesionales médicos que aportan su trabajo gratuitamente. Es igualmente excelsa la colaboración que realizan los llamados bancos de alimentos y de ropa, que dirigen personas, muchas de ellas muy jóvenes, que con total entrega reparten a diario enseres y comida a aquellos que no tienen medios para comprar lo más elemental.

Recientemente se ha publicado un estudio extraordinario sobre la acción voluntaria. Sus autores son Demetrio Casado y Fernando Fantova, sociólogos muy involucrados en el desarrollo de las prácticas sociales que vertebran la solidaridad y participación ciudadana tanto de carácter individual como público. El ensayo es un análisis histórico de gran valor.

Se relaciona en esta obra la importancia de fundaciones como la de Teresa de Calcuta, así como la de Cáritas, con extensión internacional y ocupándose especialmente de los problemas de los enfermos, con actividades variadas y encuentros a las que convocan a personas para aliviar su soledad, muchos de edad avanzada y que se van quedando aislados por el olvido de amigos y familiares. Cada participante aporta lo que cree oportuno. Con esta forma de colaboración las personas de edad pueden dar y a la vez recibir. La gerontología actual aboga por la participación activa y aconseja a la gente mayor que no se quede esperando lo que pueden hacerles los demás. Disfrutar de la familia, del merecido descanso todo lo que se pueda, de viajes interesantes, pero sin olvidar actividades que sirvan de estímulo y eleven la protección de aquellos que requieren apoyo físico o psicológico y que en muchas ocasiones se encuentran con dificultades importantes. Solo hay que mirar alrededor. Las leyes del voluntariado suplen el vacío de una economía a la que no es posible llegar de forma oficial.

Guadalupe Muñoz Álvarez es Académica correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación