Los actos hablan más alto que las palabras en la inversión responsable

Intentar cambiar la posición de las empresas con perfiles deficientes no está funcionando demasiado bien

Hielo fundido en el glaciar Helheim, de Tasiilaq (Groenlandia).
Hielo fundido en el glaciar Helheim, de Tasiilaq (Groenlandia).

Las limitaciones de la inversión sostenible están empezando a ser el centro de atención. Los grandes gestores de fondos indexados como BlackRock justifican la posesión de acciones de empresas con perfiles ambientales, sociales y de gobernanza deficientes alegando que quieren atraer a sus ejecutivos a un cambio de posición. Una nueva investigación señala que este método no está funcionando demasiado bien.

La encuesta del think tank británico InfluenceMap sobre las 15 gestoras de activos más grandes del mundo, que supervisan colectivamente 37 billones de dólares de sus clientes, evalúa a cada una de ellas según la eficacia de su relación con las empresas de su propiedad en temas como presionar a favor de acciones contra el cambio climático y su alineación con los objetivos contra el calentamiento global en el marco del Acuerdo de París. Los resultados socavan los argumentos de quienes sostienen que las gestoras de fondos europeas y sus homólogas estadounidenses estén en la misma sintonía.

Grandes gestoras europeas como Legal & General, UBS y Hermes Investment Management obtienen una calificación de A por su compromiso. BlackRock y Vanguard, por el contrario, solo logran una C. Fidelity Investments, con sede en Boston, suspende claramente con una D. Peor aún: casi todas las gestoras estadounidenses apoyan menos de la mitad de las resoluciones relevantes para el clima en las juntas anuales de las compañías. En cambio, todas las europeas apoyan más del 75% de estas iniciativas. Legal & General, con sede en Londres, ha votado por casi todas ellas.

Es un problema. El consejero delegado de BlackRock, Larry Fink, habla de compromiso para justificar, por ejemplo, su inversión en Arabia Saudí. Sin objetivos y criterios significativos, podría ser simplemente una tapadera para que todo siga como de costumbre. Afirmar que sus fondos son seguidores pasivos de índices no significa que no puedan pedir cuentas a las empresas.

En última instancia, la culpa es de los fondos de pensiones, que todavía no discriminan a quién otorgar sus mandatos de inversión. Pero los grandes gestores pasivos no deberían asumir que es algo permanente. El fondo de pensiones del Gobierno de Japón, de 1,5 billones de dólares (1,4 billones de euros), otorgó a principios de este año su mandato de inversión con criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) de 50.000 millones de dólares (46.000 millones de euros) a Legal & General, mientras que el mandato de inversión en BlackRock cayó de 46.000 millones de dólares a 24.000 millones (42.000 millones de euros a 22.000 millones).

A medida que más clientes hagan lo mismo, es seguro apostar a que los actos ganarán a las palabras, incluso en las más poderosas de las gestoras de activos.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías