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Portugal, el Gobierno de izquierdas que se ganó el favor de los inversores

El ejecutivo de Costa con apoyo de los comunistas ha recortado la deuda e impulsado el crecimiento

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Cuando en noviembre de 2015 el socialista António Costa se convirtió en primer ministro de Portugal, la prima de riesgo estaba sobre los 200 puntos y el rating soberano del país al nivel de bono basura. Portugal había recibido un rescate en 2011 por 78.000 millones de euros de la UE y el FMI y la promesa de Costa al llegar al poder de pasar página a la austeridad provocó gran inquietud entre los inversores. Más aún la elección de sus socios de gobierno.

Sin ser el más votado, Costa se apoyó en el resto de partidos de izquierda –Bloque de Esquerda, Partido Comunista y Verdes–, con los que firmó acuerdos de legislatura que lograron dar estabilidad a su gobierno, durante el que Portugal –y contra pronóstico– se ha reinventado como alumno aventajado de Bruselas y se ha ganado el favor de los inversores, hasta el punto de que se financia en mejores condiciones que España.

Por primera vez desde 2009, el rendimiento del bono portugués a una década comenzó a ser inferior al español a primeros de octubre, coincidiendo con las elecciones generales de Portugal. Ahora cotiza en el 0,37% frente al 0,44% español.

Tras consumir la legislatura, Costa ganó los comicios de octubre, sin que la perspectiva de su renovación en el poder haya sembrado inquietud alguna en el mercado. “El gobierno en minoría del Partido Socialista dirigido por Costa y apoyado por los partidos de izquierda ha demostrado ser más estable de lo inicialmente esperado”, reconocía en septiembre Standard & Poor’s cuando mejoró a positiva su perspectiva para el rating soberano del país, en BBB. La agencia destacaba entonces la prudencia fiscal desarrollada por el gobierno portugués, en combinación con las reformas implementadas durante los años de ajuste y supervisión de la troika. Y confiaba en la continuidad de estas políticas con un nuevo mandato de Costa.

Con un gobierno en minoría, Costa subió el salario mínimo pero también aprobó una reforma laboral rechazada por sus socios

Moody’s, que también mejoró en verano la perspectiva del rating –en Baa3–, destacó cómo Portugal había logrado reducir su deuda más rápido de lo previsto –devolvió en 2018 todo el préstamo del FMI– y mejorar la situación de su sistema financiero. La agencia además destacaba como uno de los puntos fuertes del país su fortaleza institucional, que considera superior a la italiana o la española.

“Portugal ha hecho una gestión equilibrada de las cuentas públicas y se han logrado mejoras sociales que fueron recortadas con la troika”, reconoce el portugués Francisco Chamble, director de deuda de Unicredit en España, que opina que el partido socialista luso ha sido muy pragmático y se ha visto beneficiado del hecho de haber gobernado en solitario, y no en coalición, lo que le ha dejado margen de maniobra.

Así, por un lado elevó el salario mínimo en su anterior mandato el 20% pero también aprobó una reforma laboral que no anulaba las medidas de la troika y para lo que, ante la oposición de sus apoyos de izquierda, no dudó en buscar el respaldo de la derecha.

En esta segunda legislatura Costa ha salido reforzado. Ha sido el partido más votado aunque no ha logrado su propósito de alcanzar la mayoría absoluta. Y a diferencia de lo sucedido en 2015, no reeditará los acuerdos de legislatura con las fuerzas de izquierda y gobernará en minoría en solitario. Entre sus promesas electorales están la rebaja de impuestos a la clase media, la actualización de las pensiones con la inflación y más inversión en hospitales e infraestructuras. Una de las primeras medidas de su nuevo mandato ha sido el aumento del salario mínimo de 600 a 635 euros.

Frente a la rebaja de previsiones para la economía española en 2019, Bruselas revisó al alza su estimación de alza de PIB para Portugal este año, del 1,7% anterior al 2%. La economía portuguesa tiene por delante en cualquier caso el desafío de recortar su elevada deuda pública, del 121,5% sobre el PIB a cierre de 2018. La tasa de paro es de apenas el 6,1%.

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