Una reconversión del sector turístico para afrontar los retos del futuro

En un mundo en el que el ocio ocupa un espacio cada vez mayor, España debe pelear por conservar y aumentar su liderazgo

La industria turística española lleva tiempo advirtiendo de las consecuencias que la desaceleración y el nuevo mapa global de riesgos económicos pueden tener sobre el sector. Esos avisos se han convertido ya en previsiones, como demuestran las cifras que manejan las patronales hoteleras para el cierre de este año, que anticipan la primera caída de visitantes extranjeros desde 2009. Los empresarios turísticos prevén así que el ejercicio termine con un número inferior al récord de 82,6 millones de turistas foráneos que España recibió el año pasado.

Las razones que explican estos cálculos a la baja son varias y heterogéneas. Por un lado, el enfriamiento de la economía europea, que algunos países, como Alemania, acusan especialmente, y que se ha traducido en una caída del 10% en las reservas por parte de visitantes alemanes para el próximo invierno. Por otro, la recuperación y cruda competencia de los destinos turísticos del norte de África, cuya decadencia durante los años de la denominada Primavera Árabe fue el motor que hizo crecer de forma exponencial el flujo de visitantes extranjeros a España y cuyo renacer se está haciendo notar ahora de forma evidente. A ambos factores hay que unir el torpedo en la línea de flotación de la industria que ha supuesto la caída del gigante británico Thomas Cook, una quiebra cuya factura en términos de visitantes está todavía por determinar y que se ha tratado de mitigar en parte gracias a la contratación adicional de Jet2 y TUI. También hay que sumar a todo ello los efectos que pueden tener sobre la imagen de España los violentos disturbios provocados por los independentistas en Cataluña.

La industria turística teme, con razón, un horizonte tormentoso. Los empresarios han reclamado ya al futuro Gobierno la adopción de medidas estructurales capaces de dinamizar el sector y rehabilitar los destinos maduros, así como una política fiscal que no perjudique la actividad. Esta suerte de reconversión constituye una asignatura pendiente que ha sido reconocida una y otra vez por la industria, pero que hasta ahora nadie se ha dispuesto a abordar en profundidad. La necesidad de un plan estratégico integral para el turismo va más allá de la coyuntura de desaceleración que vive Europa y se extiende a los retos que el mercado turístico global planteará de aquí a los próximos años. La industria turística, como primera del país, constituye un pilar fundamental para el crecimiento económico y debe jugar un papel clave en la transformación del modelo productivo español. Por eso, en un mundo en el que el ocio ocupa un espacio cada vez mayor, España debe pelear por conservar y aumentar su liderazgo.