Una declaración de intenciones para un Gobierno de coalición

El hecho de que Calviño vaya a ser vicepresidenta económica y que se apueste por el equilibrio presupuestario es tranquilizador

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Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firmaron ayer un pacto para formar un Gobierno de coalición si logran el apoyo del Congreso para la investidura. La rapidez del acuerdo contrasta con la dinámica de la fallida anterior legislatura y muestra que Sánchez y sus asesores hicieron un cálculo erróneo sobre la conveniencia de repetir las elecciones. Las declaraciones de Sánchez sobre que no dormiría tranquilo con ministros de Podemos se vuelven en su contra ahora y el líder socialista debe explicar las razones de este giro tan radical.

Aún está por ver que esta coalición sea viable, pues necesitaría o bien el apoyo de Ciudadanos (que ya lo ha rechazado) o bien la abstención de alguna fuerza independentista. Sánchez e Iglesias han sido rápidos y han dado el primer paso para la construcción de una mayoría para la investidura, pero habrá que ver si eso allana el camino o conduce a un callejón sin salida.

La declaración que cristaliza el preacuerdo es más un catálogo de intenciones que un programa de gobierno. Nada se puede objetar a la mayoría de propósitos, tales como “consolidar el crecimiento y la creación de empleo”, “asegurar la sostenibilidad de las pensiones”, “luchar contra la corrupción”, “proteger los servicios públicos”, “impulsar la reindustrialización”, “fortalecer a las pymes”, “fomentar el deporte”, apoyar a la España vaciada o luchar contra la violencia machista. En muchos casos, la cuestión es cómo se logra eso y no hay por ahora demasiadas pistas al respecto.

La opción que preferían empresarios e inversores, la del acuerdo PSOE-Ciudadanos tras las elecciones del 28A, había desaparecido barrida por las urnas. Y la mayoría son conscientes de que una gran coalición PSOE-PP era, al menos en primera instancia, más una ensoñación que otra cosa y que, por otra parte, hubiera situado a Vox como líder de la oposición con consecuencias imprevisibles a medio plazo. Probablemente preferirían también un Gobierno socialista en solitario, pero los números no dan para ello, desde luego no sin tender antes puentes al PP.

El pacto para la coalición con Podemos fue ayer mal recibido en los mercados financieros, peor incluso que el bloqueo que se vislumbraba el lunes. El hecho de que la ortodoxa Nadia Calviño vaya a ser vicepresidenta económica y que el acuerdo recoja el equilibrio presupuestario como meta resultan los aspectos más tranquilizadores, pero para ganarse la confianza de los agentes económicos cabe pedir al Gobierno de coalición, si finalmente se forma, moderación y responsabilidad.