Las empresas se preparan para la desaceleración económica

El descenso de los beneficios se debe a los resultados y saneamientos extraordinarios realizados por un grupo de grandes empresas

Las principales compañías cotizadas españolas van camino de cerrar un año con caídas de los beneficios. De enero a septiembre, las ganancias de las empresas que forman parte del Ibex 35 (a falta de los resultados de tres de ellas) han retrocedido en torno a un 20% con respecto a los primeros nueve meses de 2018. El retroceso, sin embargo, se debe más a partidas extraordinarias que a la evolución subyacente del negocio, que parece gozar de mejor salud.

El descenso de las ganancias se debe particularmente a los resultados y saneamientos extraordinarios realizados por un grupo de grandes empresas. Santander ha reconocido un deterioro de valor de su filial británica como consecuencia de un entorno regulatorio adverso, el impacto de la presión competitiva y el impacto de la incertidumbre generada por el Brexit y además ha contabilizado su ERE en España. CaixaBank también se ve lastrado por los costes de su propio ERE. En su camino hacia la transición energética, Endesa ha provisionado el cierre de sus centrales de carbón, que han dejado de ser competitivas. Telefónica se ha apuntado los costes de reestructuración derivados, básicamente, de su plan de bajas laborales. Ferrovial ha cubierto posibles pérdidas futuras en diversos proyectos de Estados Unidos. Y a eso se suma la distorsión por los resultados extraordinarios del pasado año, principalmente de Sabadell, Repsol y Naturgy.

Cuando se atiende a la evolución subyacente de los negocios, la situación es algo mejor. Las empresas siguen creciendo en facturación de forma agregada y diversificando geográficamente el reparto de su cifra de negocio, aunque la difícil situación de varios países latinoamericanos, otrora granero de resultados para las multinacionales españolas, también está lastrando la rentabilidad. Quizá el sector que convive con un entorno más adverso es el bancario, pues el impacto de la digitalización se suma a la caída de márgenes como consecuencia de unos tipos de interés oficiales negativos. Las entidades están acometiendo ajustes y preparándose para sufrir largo tiempo unas circunstancias difíciles.

En otros sectores, esos extraordinarios implican también un saneamiento de los balances y anticiparse a problemas que están por venir. En ese sentido, el mero hecho de poder acometer esos ajustes muestra una fortaleza de fondo mayor que la que cabría deducir a primera vista de las cifras. Eso, junto a la reducción de deuda de los últimos años, permite pensar que las compañías están preparadas para hacer frente a la desaceleración económica.